Orgasmo

Tu cuerpo es perfecto para el placer

La insatisfacción con nuestro cuerpo y el juicio constante a nuestra belleza son el principio de una carrera de obstáculos para experimentar el placer.

Mireia Darder

Danza

8 de cada 10 españolas de 18 años han seguido en alguna ocasión una dieta para adelgazar, y el 60% de ellas lo ha hecho desde los 13 años.

Augusto Cury, psiquiatra y autor de La dictadura de la belleza y la revolución de las mujeres (Ed. Zenith, 2012), afirma que solo un 3% de las mujeres occidentales se sienten a gusto con su cuerpo.

En busca del orgasmo

Ante este panorama, ¿cómo empezar a querernos y aceptarnos tal como somos? Reconectando con nuestras sensaciones y aprendiendo a sentir más.

Comenzar por el clítoris

El clítoris está diseñado para recibir estímulos sexuales que lleven a la mujer a experimentar el clímax tantas veces como desee. Además, parece que incluso los mejores orgasmos masculinos no pueden compararse a la duración y calidad de uno femenino.

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Y es que el clítoris posee más de 8.000 terminaciones nerviosas mientras que el pene posee la mitad. Eso lo convierte en un lugar del cuerpo extremadamente sensible.

Reconectar con el cuerpo

Para reconectar con el cuerpo, también es básico el trabajo corporal que facilita el desbloqueo del cuerpo, permite moverlo, sentirlo… Los trabajos de conciencia corporal y de movimiento nos permiten habitar nuevamente el cuerpo inerte, escuchar sus mensajes, descifrarlos.

Es muy importante combinar la fuerza del movimiento expansivo con los estiramientos y la relajación muscular. Se trata de ganar fuerza y a la vez de ser capaz de soltar tensión y relajar. Tanto la fuerza como la relajación son necesarias para alcanzar el orgasmo.

Conectar con nuestro instinto

Bailar, jugar, experimentar entregándose a la experiencia sin pensar, sin juzgarse confiando en nuestro instinto son las maneras de conectarse con el placer.

También necesitamos una cualidad para la cual no conozco mejor nombre que "confianza organísmica": “confianza en nuestros impulsos, confianza en la sabiduría de nuestra espontaneidad y confianza en el placer como brújula de nuestro yo instintivo. Sin abrirse al yo instintivo es difícil que podamos llegar a la felicidad o a una sociedad sana”, escribe Claudio Naranjo.

El ejemplo de las mujeres Na

Si nos fijamos en sociedades en las que predomina más el instinto y la sexualidad, podemos deducir cómo sería también para nosotros. En estas sociedades, las mujeres poseen el don de ejercer su libertad sexual con tanto entusiasmo y deseo como los hombres y además existen de forma natural la pluralidad de relaciones.

Con toda probabilidad gozaríamos de un mayor grado de satisfacción. Las mujeres Na, un pueblo mongol del norte de China, no se casan, gozan de una libertad sexual plena y es la mujer quien invita a su amante o amantes a pasar la noche en su casa cuando le apetece.

Ellas tienen el poder de decidir, un factor fundamental para alimentar el deseo. Y la fidelidad, tan importante aún en nuestras sociedades, no es algo que se valore en muchas de estas culturas porque se da por supuesto que el deseo es libre y voluble.

En este tipo de sociedades, mujeres y hombres tienen un estatus más o menos igualitario dado que la forma en que estas ejercen el poder no es la misma que la de ellos, en el sentido de que no es una relación de dominador-dominado.

suscribete Octubre 2017