Chantaje emocional

Tú no tienes la culpa

No permitas que nadie te haga sentir culpable. El chantaje emocional es el arma invisible que transforma la vida en un campo de batalla sembrado de minas.

Roy Galán

sentirse culpable

Tú no tienes la culpa.

Ni la has tenido nunca.

Si te enamoraste de otra persona y dejaste a tu pareja es porque este planeta está poblado por 7.000 millones de nucas esperando ser besadas.

Tu amor no tiene absolutamente nada que ver con su sufrimiento.

Si te contagiaste es porque estás vivo y en este planeta existen ballenas azules y virus.

No se puede evitar la muerte.

Si engordaste es porque hay mucha comida y demasiados anuncios y por muy poco tienes el doble de cantidad con el triple de azúcar.

Te sientes bien comiendo porque otros quieren seguir ganando dinero contigo.

Si quisiste que te pagaran por mantener sexo es porque en este planeta otros
estaban dispuestos a pagarte.

Tú no inventaste el maldito parné.

Si acabaste con una jeringuilla en el brazo es porque a veces el planeta es muy jodido y hay soluciones que parecen inmediatas.

Tú, como todos, solo buscabas la evasión.

Es que la vida a veces es tan dura.

Si tu hijo causa dolor a otros es porque él ha decidido hacerlo.

Tú no eres tu hijo.

Si suspendiste es porque no sabías aquello que te preguntaban.

No eres mejor por conocer las respuestas.

No permitas que nadie te haga sentir
culpable.

Si lo intentan hacer es porque tienen miedo a quedarse solos.

Físicamente o en su pensamiento.

Es porque quieren retenerte en la cárcel mental del "eso no está bien".

El chantaje emocional es el arma invisible que transforma la vida en un campo de batalla sembrado de minas.

Pisaste.

Volviste a pisarla.

Otra vez, fíjate bien.

Solo nosotros somos los únicos responsables de hacer sentir culpables al resto.

De convertirles en antipersonas llenas de ruido y remordimientos.

Como si todos, absolutamente todos, no hubiéramos sido una vez esos hermosos niños y niñas que pedían "un ratito más despiertos".

Y a los que ahora llamamos cabrones,
sidosos, gordas, putas, yonkis, malas
madres o inútiles.

A esos mismos niños y niñas que han
crecido en este caos que es el mundo.

Tú decides qué hacerle al resto.

Tú decides cada uno de los gestos que le dedicas a los demás, cada una de tus
palabras llenas de lo que tú quieras que estén llenas.

Decide bien.

Decide quitar el dolor de las cabezas
de alfileres que a veces se forman en los estómagos ajenos.

Decide comprender las razones del otro.

Decide ponerte en su lugar.

Decide afecto.

Abre la boca y dilo.

No te preocupes. Tú no tienes la culpa.

De pronto, un abrazo fuerte.

Y todo se calma.

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