Autodescubrimiento

Y tú, ¿qué tesoro escondes?

Un día lo encuentras y descubres lo mejor de ti, lo que te hace único. Ese punto exacto en el que se juntan tus pasiones y tus virtudes. Y entonces, todo fluye

Eduardo Jáuregui

tesoro interior

¿Qué es lo mejor de ti? Eso que te hace único y valioso ¿Qué te hace disfrutar de la vida? Hay quien siempre conoció su vocación, su sueño, su leyenda. Y esta gente da envidia. El compañero de clase que ya en parvulitos sabía que quería ser médico. La violinista que descubrió su pasión por la música a los seis años...

Conócete a ti mismo

Para los demás, la cosa no está tan clara. “¿Qué tengo yo que ofrecer al mundo?”, preguntas. Y nadie responde. La verdad es que cuando nos miramos en el espejo, resulta más fácil ver la parte negativa: los defectos, los problemas, lo mejorable. De hecho, hay experimentos que demuestran que cuando una persona piensa en sí misma, su estado anímico tiende a decaer, presumiblemente porque se fija más en lo malo que en lo bueno.

Esta tendencia ha llegado incluso a afectar a las investigaciones de la psicología académica: a los psicólogos se nos ha dado siempre mejor indagar en la miseria de la mente humana que estudiar sus reservas de oro y piedras preciosas.

Se publica mucho más, por ejemplo, sobre la depresión y el estrés que sobre la felicidad o las virtudes humanas. Sin embargo, esto no significa que lo bueno del hombre se trate de un tesoro mítico, de un inexistente “El Dorado”. De hecho, en los últimos años, hemos vivido la explosión de este movimiento llamado “psicología positiva” que está investigando, con métodos científicos, los yacimientos, conocidos desde la antigüedad, de la riqueza interior de la persona, del ser humano con mayúsculas.

Todos tenemos tipos de riqueza

Por un lado están los talentos, esas habilidades y características físicas o mentales que suelen heredarse a través del patrimonio genético: el sentido artístico o musical, las habilidades manuales, la agilidad del cuerpo o el intelecto.

Y, por otro lado, se encuentran las virtudes. Aquellas fortalezas del espíritu que tienen un carácter más bien moral y que se conquistan mediante la experiencia y el propio esfuerzo.

El impulsor de la psicología positiva y autor de La auténtica felicidad, Martin Seligman, ha desarrollado junto con Chris Peterson una lista de las 24 fortalezas valoradas por la mayoría de las culturas. Según Seligman, cada persona tiene ciertos talentos y virtudes en los que destaca.

Las agrupan en seis categorías:

  1. la sabiduría
  2. la humanidad
  3. la justicia
  4. la moderación
  5. el coraje
  6. la trascendencia.

La señal de que poseemos uno de estos tesoros internos es sencilla de reconocer y no es más que la satisfacción que nos proporciona

Si disfrutas poniendo a prueba tu valentía, tocando la guitarra o usando tu sentido del humor, es que estas habilidades son talentos o fortalezas tuyas.

"No he trabajado ni un día en toda mi vida. Todo fue diversión" Thomas Edison

Fluir es amar

No importa el nivel objetivo y externo de desarrollo al que hayas llegado, lo importante es el potencial que ese disfrute te proporciona en ese preciso momento. Y esa “satisfacción” o “disfrute” puede concretarse más gracias a los estudios de investigadores como Mihalyi Czikszentmihalyi, autor de Aprender a fluir (Ed. Kairós).

Según este psicólogo, se trata de un estado de conciencia en el que “fluyes”, perdiendo la noción del tiempo y sintiéndote en armonía con la actividad que desarrollas.

La clave de la felicidad para el padre de la “teoría del fluir” es precisamente emplear estos talentos y virtudes diariamente, integrándolos en tus ritmos laborales, familiares y sociales, especialmente en beneficio de los demás.

En otras palabras, dando al mundo lo mejor de ti mismo. O en una palabra sola: amar.

En El arte de amar, de Erich Fromm, se describe el amor no como algo que te sucede o que recibes, sino como un arte que debe cultivarse con práctica y esfuerzo, el arte de dar a los demás la expresión de tu verdadero ser.

"Sé con toda seguridad que no poseo ningún talento especial. La curiosidad, la obsesión y una perseverancia tenaz, combinados con la autocrítica, me han llevado a mis ideas". Albert Einstein

Al expresarte a través de tus talentos y fortalezas, sacas afuera lo que más vivo está en ti. Y se trata de un tesoro verdaderamente mágico, porque cuanto más das, más tienes para ti y para volver a dar. El acto de expresarse requiere un esfuerzo y con ese esfuerzo se desarrolla el talento o la fortaleza a la manera en que lo hace un músculo.

La sensación de “fluir” que experimentas en ese momento es la señal de que estás floreciendo al compás de la música del universo, enriqueciéndote tú mismo y enriqueciendo al mundo entero con tu contribución única. Y es que la naturaleza y el objetivo del ser humano se pueden resumir en esta capacidad creativa que todos tenemos.

La aventura de descubrir tu tesoro

El primer paso es descubrir estos tesoros, y para ello debemos observarnos e identificar qué actividades y situaciones nos proporcionan la sensación de fluir. A lo mejor, ya dentro de nuestra rutina diaria integramos algunas de ellas.

Otras veces es preciso intentar hacer cosas nuevas que nos pongan a prueba, para sorprendernos con una fuerza interna o aptitud que no conocíamos. Sin duda, los momentos difíciles de la vida son otra gran fuente de conocimiento que pueden sacar a relucir lo mejor que llevamos dentro.

No hay duda de que los seres humanos tenemos una gran capacidad para afrontar y superar los retos más duros que la vida nos depara.

"Cuando todo se oscurece lo suficiente, brillan las estrellas". Charles Beard, historiador EE.UU

A menudo, es en los momentos difíciles cuando nos vemos obligados a emplear todos nuestros recursos, creciendo más que nunca. La mayoría de las personas sufren traumas en su vida y se recuperan.

Pero se hace necesaria una cierta paz interna para poder observarse. Cuando las prisas y las rutinas nos desbordan, no nos dejan el tiempo ni el sosiego que requiere la escucha del corazón. En estos casos la prioridad es escapar, literalmente, de nosotros mismos.

Hay que fugarse del complejo entramado de relojes, ataduras, reglas y responsabilidades que nos impiden ver lo esencial. Podemos escapar al mar, al monte, al extranjero, al arte, a la psicoterapia o a la meditación. No importa.

Lo esencial es encontrar un refugio desde el cual obtener una óptica más clara, esa “isla del tesoro” que no aparece en ningún mapa.

Adelante, pues. La aventura está servida. Parte en busca de tu riqueza interior y, cuando la encuentres, no olvides compartirla. De esta forma, te transformarás, por la alquimia más natural, en un Midas que todo lo convierte en oro.

suscribete Octubre 2017