Pareja

El vacío que llena el amor

Nacemos frágiles y con carencias, y la búsqueda de ese algo o alguien que llene nuestro vacío original marca nuestro destino amoroso.

Juan Pundik

llenar vacio amor

¿Qué es amar? Se ha intentado responder a esta pregunta de muchas maneras, pero tal vez la verdad se esconde en un enigmático postulado del psicoanálisis que dice que “amar es dar lo que no se tiene a quien no es”.

Durante años busqué el significado de esta enigmática frase, cuya primera parte (“amar es dar lo que no se tiene”) pertenece a El Banquete, uno de los diálogos socráticos de Platón, y la segunda (“a quien no es”) la añadió el psicoanalista francés Jacques Lacan durante un seminario dedicado a “la transferencia”. Pero no hallé interpretación alguna.

¿Qué es amar?

Decidí entonces elaborar una explicación a partir de los textos de Lacan que me valiera para transmitirla de manera comprensible a quienes no están familiarizados con la terminología psicoanalítica, ya que considero esta frase un concepto esencial. Seguramente también lo era para Jacques Lacan, quien se atrevió a afirmar:

“Lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor”.

Cualquiera puede entender que “amar es dar”. Pero ¿dar lo que no se tiene? La explicación podríamos intentar hallarla en la prematuridad con la que nacemos. Los animales superiores nacen acabados, autónomos, todo lo que les queda es crecer. Sin embargo, los humanos nacemos incompletos y dependientes y no podemos subsistir sin la presencia de un yo auxiliar que se haga cargo de la función materna.

Cuando el bebé pierde el instinto

Los cachorros de perra, yegua o mona de treinta días son seres despiertos, activos, independientes, mientras que a esa edad los bebés humanos viven en un estado de somnolencia, pasividad e impotencia que les obliga a demandar permanentemente mediante el llanto. Un llanto que puede significar diferentes malestares y demanda de amor, de compañía y de contacto físico.

Cuando el bebé recibe la respuesta adecuada bajo la forma de amor, alimento y palabras, el llanto se va transformando primero en gritos, luego en gorgojeos y posteriormente en un intento de repetición monosilábica de las palabras de quien ejerce la función materna.

Los monosílabos se van organizando en palabras hasta que el niño, correctamente estimulado, se adueña del lenguaje simbólico y consigue hacerse entender claramente.

Si a los tres años el niño no habla y se hace entender, corre el riesgo de mantenerse en el estado autista en el que todos nacemos. Como dice premonitoriamente el protagonista de Esperando a Godot, la brillante obra de Samuel Beckett:

“Todos nacemos locos, algunos lo siguen siendo toda la vida”

Con el lenguaje simbólico de su entorno, el bebé pierde el instinto y las características de la naturaleza y adquiere las de la cultura. Se acentúa su condición de ser en falta, provocada por ese nacimiento prematuro que, al cortar el cordón umbical, para el bebé constituye la mutilación y pérdida de una parte de su propio organismo, unido hasta ese momento al de su madre.

Pérdida que retroactivamente inaugura su situación de ser en falta.

Llenar el vacío, la falta: el trauma de nacimiento

La traumática pérdida del placentero estado placentario en el útero materno provoca el inelaborable trauma del nacimiento.

El ser humano siente permanentemente, a partir de ese momento, una sensación de falta que determina su condición de ser deseante

El deseo de lo que le falta —el deseo inalcanzable al que Jacques Lacan denominó objeto “a”— va a ser el motor de su vida, y la proyección de ese objeto es lo que le va a permitir adquirir conocimientos, objetos, aficiones, destrezas, y lo que le va a conducir finalmente a la búsqueda de pareja.

Platón dice, en boca de Sócrates, que “el amor es la atracción que sienten la una hacia la otra, dos partes que después de haber estado antes unidas sufren una separación”.

Y es aquí cuando adquiere toda su dimensión el agregado de Lacan: “a quien no es”. Porque no puede ser con la madre. Su madre le está prohibida. Tiene que ser con otra que no sea su madre. Hay momentos de plenitud en la vida del ser humano en los que puede sentir que el sentimiento de falta disminuye.

Uno de ellos solo es asequible a la mujer: el embarazo para aquellas que consiguen llevarlo bien.

El otro es el orgasmo en el coito, durante el cual el hombre vuelve al sitio del cual salió para nacer, pero en quien no es, es decir, por persona interpuesta. Si la mujer además se identifica con el hombre que la penetra, consigue el mismo objetivo.

Hay asimismo una cantidad de actividades sublimatorias, como la música, la poesía, la danza y otras equivalentes, en las cuales pueden alcanzarse estos estados. Hasta que finalmente nuestro destino final se cumple. Volvemos a la madre… tierra.

Amar es dar ese vacío

¿Qué le doy al ser que amo? Le doy mi falta. Me haces falta. Cuando tú no estás, me haces falta; cuando tú estás, nada me falta.

Amar es dar lo que no se tiene, es dar esa falta, ese vacío en el cual el otro pueda acurrucarse, sentirse pleno y hacerle sentir pleno a uno

Es un espejismo, es el éxtasis de la pasión amorosa. Un hermoso estado de enajenación, de locura, lamentablemente transitorio

Aunque, como escribió Jorge Luis Borges, “el amor es eterno… mientras dura”.

Artículos relacionados

suscribete Octubre 2017