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Decisiones

¿El dinero nos hace más felices? La ciencia ha hablado

Tomar buenas decisiones financieras depende en gran medida de nuestro estado mental.

Margarita Tarragona

Tener una buena relación con las propias finanzas es uno de los pilares del bienestar. No se trata de tener mucho dinero ni de que el dinero por sí solo baste para ser feliz. Pero mantener el equilibrio entre ingresos y necesidades nos proporciona una base estable para que los demás aspectos de nuestra vida puedan florecer.

Todos hemos oído o hemos dicho alguna vez eso de que “el dinero no compra la felicidad”. Nos gusta creer que es así. De hecho, si no estuviéramos de acuerdo con esta afirmación, se nos podría acusar de materialistas o superficiales. Sin embargo, investigaciones científicas recientes en el campo de la psicología positiva señalan que la relación entre el dinero y el bienestar no es tan sencilla: nuestros ingresos no definen nuestra felicidad, pero sí contribuyen significativamente a esta. (Y tal vez ahora muchos de vosotros os estéis diciendo: “¡Obviamente!”).

La psicología del dinero

Las investigaciones sobre la satisfacción con la vida y el bienestar psicológico reflejan que los habitantes de los países económicamente más desarrollados tienden a estar más satisfechos con su vida y a experimentar mayor bienestar subjetivo, mientras que las personas más infelices suelen vivir en los países más pobres.

Aun así, la relación entre el desarrollo económico y el bienestar personal no es directa; por ejemplo, los países latinoamericanos, en general, presentan índices de satisfacción y felicidad más altos de lo que se esperaría con relación a su producto interior bruto. Evidentemente, en todas partes podemos encontrar casos de personas felices e infelices. Hay muchos factores que contribuyen al bienestar individual, como la calidad de las redes sociales, las relaciones interpersonales, los intereses personales, las actitudes con las que cada persona afronta la vida o las actividades que uno realiza… Y sí, el dinero es también otro de los ingredientes que aportan felicidad.

Felicidad y solvencia financiera: ¿están relacionadas?

El doctor en psicología Ed Diener, conocido como “el padre del estudio de la felicidad”, se ha dedicado a investigar, junto con un grupo de destacados psicólogos y economistas, de qué manera el dinero influye en el bienestar psicológico. Y concluye que los ingresos son muy importantes cuando se tiene poco dinero; es decir, existe una gran diferencia entre no tener casi nada y disponer de lo indispensable para vivir. Por ejemplo, una persona sin ingresos que encuentra un trabajo en el que recibe el salario mínimo experimenta un gran incremento en su nivel de satisfacción vital. Pero la satisfacción de un millonario probablemente solo aumentará ligeramente cuando pasa de tener cinco millones de euros a seis. A esto se le llama “utilidad marginal decreciente”.

Otro hallazgo importante del doctor Diener es que, aunque es importante tener suficiente dinero para cubrir nuestras necesidades, tener una actitud materialista actúa en contra de nuestra satisfacción y bienestar psicológico. Por eso recomienda no sacrificar otros componentes de la felicidad, como las relaciones, en aras del dinero.

¿En qué gastamos en dinero?

Otras investigaciones indican que, además de la cantidad de dinero que tengamos, la forma en que lo gastamos es importante para nuestro bienestar. Michael Norton, Lara Aknin y Elizabeth Dunn, investigadores de la Universidad de Harvard (EE. UU.), han realizado un estudio que muestra que, generalmente, gastar dinero en nosotros mismos no aumenta nuestra felicidad. Sin embargo, la investigación, publicada en la revista Science, revela que gastarlo en otras personas o donarlo a organizaciones de caridad sí eleva nuestro estado de ánimo y satisfacción.

A veces, cuando nos sentimos tristes o ansiosos, pensamos que nos sentiremos mejor si compramos algo para nosotros. Hay quienes consideran que ir de compras es una especie de terapia cuando nos sentimos “medio deprimidos”. Pero ir de tiendas puede resultar contraproducente: hay evidencias de que, si una persona está triste, es probable que gaste más de lo que normalmente haría. No es conveniente, por tanto, tomar decisiones financieras cuando uno está de mal humor.

Comprar objetos o experiencias

El investigador Tom Rath, experto en prácticas de desarrollo basadas en las fortalezas personales, señala que las investigaciones muestran diferencias interesantes entre comprar cosas y comprar experiencias como una buena cena, un concierto o unas vacaciones… Nuestra satisfacción con los objetos materiales va desapareciendo con el tiempo; pregúntate, por ejemplo, si tienes la misma ilusión cuando subes a tu coche que el día que lo compraste. En cambio, los recuerdos de las buenas experiencias pueden durar años y nos permiten “revivirlas”: ¿recuerdas aún aquel viaje con tus amigos de la escuela o tu luna de miel?

Los investigadores de la empresa de encuestas Gallup también han encontrado que la percepción de nuestros ingresos no es “objetiva” sino que depende de diferentes factores. Así, en un grupo de trabajadores con el mismo salario y las mismas responsabilidades en el trabajo, mientras que algunos sentían que su remuneración era adecuada, otros, no. La diferencia estaba en cuán involucrados estaban en su trabajo: quienes se concentraban en sus tareas y las encontraban satisfactorias tendían también a estar satisfechos con su retribución. Lo mismo sucedía con las personas con buenas relaciones interpersonales: solían estar más satisfechas con su salario.

Irracionalidad y decisiones poco inteligentes

Tom Rath y su compañero Jim Harter describen asimismo otro fenómeno relacionado con la subjetividad en nuestras percepciones sobre el dinero: los economistas conductuales han observado que muchas veces somos irracionales cuando tomamos decisiones económicas. Por ejemplo, preferimos no perder antes que ganar; es decir, evitaremos el dolor de perder diez euros que ya teníamos antes que experimentar la alegría de ganar diez euros que todavía no son nuestros.

El uso de las tarjetas de crédito también es, en cierto modo, irracional: “sabemos” que tenemos que pagar lo que firmamos, pero como el momento de la compra está disociado del momento del pago, gastamos más fácilmente. Estos investigadores hablan también de que, dado que no siempre nos comportamos de forma racional, es importante establecer sistemas automáticos para manejar bien nuestro dinero. Una buena idea puede ser depositar directamente cada mes parte de nuestro sueldo en una cuenta bancaria a largo plazo de la que sea difícil sacar el dinero o participar en los programas de ahorro automático para la jubilación. Para las finanzas personales, se aplica, además, aquello de que “ojos que no ven, corazón que no siente”, y es mejor ni ver el dinero que vamos a ahorrar mensualmente para no sentir que podemos contar con él.

Uno de los cinco elementos del bienestar

El bienestar financiero es uno de los cinco elementos del bienestar que describen Tom Rath y Jim Harter en su libro Wellbeing. The Five Essential Elements (“Los cinco elementos esenciales del bienestar”, editado por Gallup Press). Según los autores, no se trata solo de los ingresos netos o de la deuda que tenga una persona: es poder sentirse seguro en lo económico, sin demasiadas preocupaciones, porque se tiene lo suficiente para hacer lo que se quiere hacer.

Casi todas las personas con niveles altos de bienes­tar financiero viven con menos de lo que ganan y ahorran. Toman decisiones que les permiten no estar preocupadas por el dinero, y esto tiene un gran impacto positivo en el bienestar. Las personas con bienestar financiero se sienten satisfechas con su nivel de vida y tienen confianza en su futuro económico.

Si una compra grande como un coche o una casa nos endeudará de manera incómoda y estresante, probablemente no vale la pena. Por ello, Tom Rath y Jim Harter nos dan algunos consejos para disfrutar de bienestar financiero:

  • Comprar experiencias en lugar de cosas.
  • Gastar en los demás y hacer donativos de acuerdo con nuestras posibilidades.
  • Tener sistemas automatizados de ahorro que nos permitan vivir sin preocuparnos demasiado por el dinero.

Si seguimos estas recomendaciones, es posible que podamos construir una base económica estable que nos dé la suficiente tranquilidad para disfrutar plenamente de los otros aspectos que nos hacen felices.