dormir bien recordar mejor

Descanso reparador

Dormir bien es esencial para recordar mejor

¿Quieres potenciar tu memoria y recordar todos los datos? La ciencia nos enseña que un buen descanso es fundamental.

Ignacio Morgado Bernal

Un descanso de al menos ocho horas, a poder ser sin interrupciones, es fundamental para mejorar tanto nuestra capacidad de aprendizaje como la memoria.

Dormir resulta beneficioso para la memoria tanto antes como después de aprender. Mediante técnicas de neuroimagen, se ha comprobado que, en el hipocampo –la región del cerebro relacionada con la memoria–, algunas secuencias de la actividad neuronal que tienen lugar cuando aprendemos durante el día se repiten por la noche.

Eso explica que la memoria pueda mejorar incluso cuando no la ejercitamos conscientemente, pues a menudo practicamos también mientras dormimos. La repetición de la actividad de las neuronas durante el sueño estabiliza la memoria y la protege de interferencias.

Dormir bien, recordar mejor

Un experimento reciente constató que la capacidad de aprender disminuía considerablemente en las personas que habían permanecido despiertas durante todo el día. Sin embargo, las que pudieron dormir al menos dos horas, mostraron un aumento notable de su habilidad para realizar una tarea numérica.

Echarse una siesta puede ser suficiente para recordar mejor lo aprendido, aunque siempre es más beneficioso una noche entera, es decir, unas ocho horas de sueño. Tampoco son buenas las interrupciones, pues pueden detener y desbaratar las reactivaciones neuronales del aprendizaje que ocurren mientras dormimos.

Con los años tendemos a dormir peor, y por eso las personas mayores suelen perder buena parte del efecto potenciador del sueño sobre la memoria.

En otro experimento, los participantes tenían que asociar objetos a localizaciones concretas en la pantalla de un ordenador. En cada una de ellas se indicaba el dinero que obtendrían si más tarde la recordaban en una prueba.

Quienes durmieron una hora y media tras el aprendizaje recordaron mucho mejor las localizaciones mejor pagadas que las de bajo valor. Parece, pues, que el premio durante el aprendizaje puede funcionar como una etiqueta que señala aquello que el sueño ha de potenciar.

También explica que las memorias ligadas a situaciones emocionales tengan preferencia sobre las relacionadas con situaciones más neutras.

Aprender y memorizar en sueños

Pese a que todos sabemos que poner un libro bajo la almohada no garantiza que amanezcamos sabiendo derecho o matemáticas, algunas evidencias indican que también es posible aprender mientras dormimos.

Se ha comprobado que las personas inspiramos instintivamente con más intensidad ante la presencia de un olor placentero que ante uno desagradable, tanto despiertos como dormidos.

En el estudio que lo demostró, los investigadores hicieron sonar diferentes tonos mientras los participantes dormían, al mismo tiempo que dispersaban a su alrededor una sustancia olorosa agradable o una desagradable. Después, hicieron sonar de nuevo los tonos, esta vez sin los olores, y midieron la intensidad de las inspiraciones que hacía cada persona.

El resultado mostró que, efectivamente, los participantes habían aprendido durante el sueño, pues inspiraban aire más intensamente ante los tonos que habían sido asociados a un olor agradable que ante los vinculados a uno desagradable.

Lo más sorprendente fue que al día siguiente, despiertos, seguían inspirando de igual modo ante los mismos tonos, es decir, el aprendizaje persistía sin que fueran conscientes de lo que habían aprendido.

Pensamientos en orden

El sueño sirve también para integrar los contenidos de las nuevas memorias en las ya existentes, generar nuevas asociaciones y extraer características y reglas ocultas del conjunto de la información recibida.

Todo ello facilita deducciones y nuevas visiones de las cosas. Y eso no es todo, el sueño promueve, además, la transformación del conocimiento implícito, es decir, inconsciente, en explícito o consciente. Por tanto, mientras dormimos es posible “crear” nuevos conocimientos.

Las personas jóvenes, por tener un sueño generalmente prolongado y de calidad, se benefician más que las mayores de las ventajas del sueño. Por ello, todo lo que facilite un buen descanso, a cualquier edad, será beneficioso para el mantenimiento de las capacidades mentales.

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