Escuela libre

Educación libre

Escuelas donde aprender jugando, a su ritmo

¿Qué necesitan los niños de verdad? Un lugar donde jugar, donde ser ellos mismos, donde aprender a su ritmo. Escuelas a la medida de los niños, no de nuestro sistema social

Cristina Romero

¿Y si no son los niños los que necesitan ir a la escuela? ¿Y si es este sistema socio-económico el que necesita de la escuela para seguir con su funcionamiento, sin que nada cambie? ¿Y si es el sistema el que necesita que los niños aprendan a ser adultos que cumplan órdenes, que desatiendan lo que de veras les importa?

Las escuelas crean niños pasivos

Niños alejados de sí mismos, capaces de pasarse horas sentados, desconectados de su cuerpo, de sus sentimientos, de sus ideas, niños que se convertirán en adultos como nosotros.

Adultos capaces de renunciar a su tiempo a cambio de dinero, o a cambio de promesas de un futuro mejor. ¿Y si el mundo que hemos creado necesitara de la escuela para adaptar a los niños a un sistema contrario a su naturaleza? Pero también la necesita para que sus madres y sus padres sigan produciendo (y consumiendo) y se incorporen pronto a la gran rueda giratoria que ha diseñado.

Por esta razón el horario de las escuelas convencionales está hecho en función de las necesidades del mundo laboral. Los niños cumplen un horario amplio que permite a sus padres trabajar.

Los niños necesitan crecer rodeados de otros niños y de adultos que les quieran

Y es real que los niños tienen unas necesidades de aprendizaje y de encuentro con otros niños y adultos. Pero ¿y si lo que necesitan es poder crecer entre una comunidad de adultos y niños de diversas edades, que los quieran y tengan en cuenta sus necesidades? No ir a la escuela como la que conocemos... En las escuelas tradicionales, con toda la buena intención, ocupamos el día a día de los niños para que aprendan mucho, para que tengan "una buena educación".

Desconocemos que al no dejarles tiempo libre les estamos distrayendo y alejando de su propio programa interno de aprendizaje. Y que les estamos acostumbrando a ser seres pasivos que esperan a que les entretengan, ocupen y dirijan desde afuera, en lugar de mantener la conexión con su escucha interna.

Seguir el impuso de la propia pasión

Cada uno dispone de un programa de aprendizaje propio, interno, valioso, único, vivo, legítimo, que necesita ser protegido y sobre todo acompañado. ¿Y si estamos tan ocupados y preocupados con nuestros propios objetivos y proyectos para los niños, como para permitir y concebir que existan los suyos? ¿O que sus propios deseos o inquietudes sean más adecuados que los que podamos proponerles nosotros...?

Andamos tan ocupados con nuestros objetivos para los niños, que olvidamos los suyos

Cuando, atendiendo a su propia voz interior, un niño necesita saber algo, se acerca a esa experiencia con todo su ser. Y no nos preocupemos si llega más o menos lejos en su investigación sobre cualquier tema. Llegado el momento, con el fuego de la motivación interna, absorbe lo necesario de esa experiencia hasta saciarse.

Y las conexiones neuronales que realice desde su propia motivación serán más ricas, duraderas y accesibles en el futuro, a diferencia de las conexiones exentas de pasión que pretendemos que se produzcan forzadamente en nuestros alumnos, cansados, aburridos y desmotivados.

La libertad está muy vinculada a la escucha del propio corazón. Su ausencia, a desatenderlo

Un niño que siempre es guiado en lo que “le conviene” aprender, pospone su propio programa interno de aprendizaje, y delega el desarrollo de su potencial, su propio plan de ruta, en manos de los adultos. Los adultos se convierten para él en “quienes saben” y tienen la responsabilidad sobre el propio aprendizaje. Un niño que desde siempre ha sido respetado en su libertad de aprendizaje, es capaz de escuchar los dictados de su corazón. Pero cuando un niño ha sido dirigido desde afuera, aprende a acallar su corazón y a esperar indicaciones ajenas.

El miedo de los adultos a perder el tiempo

Esta dura realidad, tan común, proviene de la desconfianza de los adultos, según los cuales los niños pierden su tiempo jugando. Como si jugar no fuera un sofisticado mecanismo evolutivo, desarrollado durante largo tiempo por nuestra especie, que permite elaborar y comprender el mundo de una manera sencilla y fascinante para los niños.

¡Cuántas de nuestras intervenciones educativas están basadas en la desconfianza o el miedo! Hacia los niños, hacia nosotros, hacia la vida. El sistema educativo que conocemos es un modelo que en su esencia desconfía de la humanidad y de su capacidad de aprendizaje. Es un sistema que limita, modela, dirige, estira y recorta a los niños.

Les decimos qué hacer, qué aprender, por una gran falta de respeto y de confianza, en ellos, en la humanidad, en la vida. Desvalorizamos todo el gran potencial que llevan dentro para construirse a sí mismos.

Cada niño tiene, si así lo permitimos, un gran potencial para construirse a sí mismo

Las escuelas libres nacieron con esa intención: devolverles a los niños la libertad perdida. En ellas se tienen en cuenta las necesidades reales de cada niño en tiempo presente, y no se destina el tiempo en prepararles como futuros adultos.

La escuela de los niños felices

Así se les devuelve una infancia que les pertenece. Su objetivo son niños felices, aquí y ahora, sabiendo que eso está estrechamente vinculado también con adultos que seguirán permanentemente en contacto con ellos mismos y con lo que de veras les dé la felicidad.

Lugares que protegen y cuidan de la infancia como una etapa valiosa, en la que tiene todo el sentido invertir el tiempo jugando, moviéndose libremente, andando descalzo, confiando en sus capacidades, dedicándose a conquistar progresivamente, a su ritmo, nuevos retos con su cuerpo o con su mente, construyendo, inventando, creando sin modelos que copiar o seguir.

No se les separa por edades, y se unen a otros por tus intereses. El ser humano, como todo mamífero, es un ser social que aprende por la imitación, la observación y su relación con los otros y no solo gracias al adulto.

En las escuelas libres se crea un ambiente cultural vivo, un hábitat rico en experiencias, materiales y propuestas, de libre participación, con adultos dispuestos a acompañar a cada niño en su viaje, en cada descubrimiento de sí mismo y de su relación con el mundo que le rodea.

Lugares donde su palabra es bienvenida, donde se tiene prevista su participación y escucha, activas. Donde puede participar en la toma de decisiones que le afectan a través de espacios de comunicación, como las asambleas. Lugares donde todos los niños puedan poner en cuestionamiento la autoridad arbitraria y sin sentido, tan propia de este mundo de gran tensión en el que vivimos.

Las 6 claves de una escuela diferente

1. Favorece el movimiento libre

Y la conexión con el cuerpo. Permite a cada niño sentirse y sentir al otro desde lo corporal y no solo desde lo mental. Las aulas permanecen abiertas para que los niños puedan entrar y salir. Se respeta el juego libre. La libertad de mo- vimiento facilita la conexión entre ambos hemisferios, la creatividad, la memoria y la concentración; también el aprendizaje y el bienestar de los niños.

2. En entornos naturales

Sabiamente, el exterior es el aula más solicitada porque permite el reequilibrio físico y energético. Con construcciones de estructuras horizontales, con libre acceso al entorno con vegetación, árboles que invitan a subirlos, arenero con agua, tierra viva (donde sigue la vida), un huerto...

3. El cuidado de lo afectivo

El lugar del maestro está vinculado a lo emocional. Cuidamos el vínculo seguro, incondicional, alejado de juicios,, tengan la edad que tengan. Tratamos de no interrumpir su juego, ni la escucha ni la conexión con sus necesidades. Respetamos lo que hacen y eligen. Mantenemos viva la curiosidad y el deseo innato de aprender, poniendo el acento en que es él el que aprende y no el adulto el que enseña. Respetamos los ritmos y las necesidades particulares. Acompañamos, situándonos al lado del niño, no por delante, sin robarle aprendizajes. Nos ponemos a su altura, le miramos a los ojos, ofrecemos nuestro cuerpo, nuestro regazo.

4. Los materiales están a su altura

Se pueden manipular y están pensados para que faciliten el aprendizaje autónomo. Se pueden usar de diversos modos (sin estropearlos, claro) y no de una manera prefijada. Promueven la imaginación y la creatividad, no las experiencias enlatadas, precocinadas, previstas. Los materiales son reales, como una sierra, si lo que necesitan es cortar de verdad.

5. La autoevaluación no se basa en una prueba.

Exámenes y evaluaciones no se consideran la mejor forma de acompañar el aprendizaje; un aprendizaje no basado en los castigos, ni en los premios ni los chantajes ni el miedo ni el deseo de ser aceptado. En las escuelas libres no se separa el aprendizaje de la vida ni de la alegría. Y se sabeque está muy vinculado al estado anímico de cada niño.

6. La familia está presente

Y la puerta abierta para que pueda entrar y salir. Es bienvenida para acompañar a su hijo y la escuela cuida y favorece ese vínculo. Por las mañanas, la acogida es lo más relajada posible. En lugar de potenciar la puntualidad estricta, ofrece distensión, calidez. Las familias se encuentran en territorio amigo y no hostil como suele ocurrir muchas veces.

Algunas de las escuelas más respetuosas

Cada vez hay más escuelas libres y os hemos seleccionado algunos ejemplos:

Escola Liberi (Barcelona)

Escuela libre privada de Educación Primaria y próximamente de Secundaria. El protagonista es el niño, acompañado de educadores respetuosos, y abierta a la familia. La aventura del aprendizaje es un viaje apasionante.

Ojo de Agua (Alicante)

Ambiente educativo para niños y jóvenes de entre 3 y 18 años con el propósito de crear un entorno relajado y libre de presiones externas en el que los niños y jóvenes tengan oportunidades para conocerse a sí mismos y sus motivaciones vitales.

Colegio Peñas Blancas (Cartagena)

Escuela privada de Infantil y Primaria, formada por una cooperativa de familias. Ofrece un acompañamiento respetuoso, basado en la confianza en la capacidad de cada niño y en el respeto de su autonomía e iniciativa propia.

Escuela Alavida (Madrid)

Acompañan a familias con niñas y niños de entre 3 y 12 años. Permiten el desarrollo particular de cada niño, proporcionándole las posibilidades externas que den respuesta a sus necesidades internas sin querer controlar este proceso.