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Acompañando

Escuelas libres: ¿cómo logran acompañar a los niños hacia la felicidad?

Un lugar en el que se respetan los ritmos, las inquietudes y las necesidades particulares. Que dice no a las tallas únicas. Así son las escuelas libres, en las que el juego, la motivación, el cuidado de las emociones y la responsabilidad son los cimientos de una educación centrada en cada persona.

Diana de Horna

...Una escuela libre que dice no a las tallas únicas. Así son las escuelas libres, en las que el juego, la motivación, el cuidado de las emociones y la responsabilidad son los cimientos de una educación centrada en cada persona.

Esta es la historia de un viaje en busca de las características esenciales de las escuelas que pueden transformar el mundo.

"Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”, escribió Antoine de Saint-Exupéry. Pero la memoria no se desvanece, solo se acalla. Podemos volver a recordar.

La experiencia de ser madres y padres es una de esas situaciones vitales capaces de despertarnos y brindarnos otras coordenadas. Porque al mirar a nuestros hijos e hijas nos vemos, nos recordamos a nosotros mismos. Y desde ese recuerdo empapado de emociones empezamos a imaginar, para esa niña o ese niño que nos devuelve la mirada, algo diferente de lo que vivimos en nuestra infancia.

Una crianza más libre y natural

Así fue como, en nuestro caso, empezó todo: la búsqueda de una crianza que nos devolviera la sensibilidad, la cercanía con esa criatura de voluntad inquebrantable y curiosidad sedienta que acababa de nacer. La inquietud por alimentar su afán de descubrir y de plantearse cada día nuevas preguntas. El convencimiento de que, en lo referente a su educación, no se trataba de tirar de nuestra hija sino de caminar a su lado. Por eso, entre otras cosas, quisimos volver a soñar.

Cuando nuestra hija cumplió dos años, soñamos con hacer un viaje. Un viaje juntos, los tres, en bicicleta. Un viaje que nos diera la oportunidad de encontrarnos con personas que estuvieran también buscando respuestas y haciendo su propio camino para encontrar una forma más humana de educar, de acompañar en las escuelas libres.

Un viaje que nos llevara a conocer escuelas imposibles pero que existían de verdad, y en las que las niñas y los niños nos contaran eso que realmente era importante para ellos. Eso que les ayudara a ser más felices, más libres. Porque, aunque durante mucho tiempo nos hayamos empeñado en ignorarlo, la felicidad y la libertad tienen mucho, muchísimo que ver con el aprendizaje. Y así, subidos a las bicis, nos lanzamos a una aventura que se ha convertido en la experiencia más enriquecedora y transformadora de nuestras vidas.

El aprendizaje de la felicidad

Desde el principio la felicidad y la libertad fueron también –como ocurre en el aprendizaje– los motores que nos impulsaron durante ocho meses a recorrer a pedales cinco países (Holanda, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y España) y cerca de treinta escuelas: waldkindergartens o escuelas en el bosque, escuelas democráticas, escuelas activas (públicas y privadas)...

Escuelas donde el juego, la motivación, el cuidado de las emociones y la responsabilidad fueran los cimientos de una educación centrada en cada persona; una educación en la que el énfasis estuviera en el respeto a los ritmos, inquietudes y necesidades particulares de cada cual frente a la talla única que tantas veces el sistema educativo impone a estudiantes y docentes.

Llevábamos en la mochila, además de muchos kilos de material de filmación, toneladas de preguntas... ¿Son los exámenes y las evaluaciones la mejor forma de estimular el deseo de aprender? ¿Qué antídotos tenemos contra el aburrimiento endémico que sufren los estudiantes en clase?

¿Cómo lograr que las chicas y los chicos se sientan partícipes de su educación en lugar de limitarse a ser loros de repetición a los que se premia con la golosina de una buena nota?

El ser humano es, ante todo, un ser social y curioso que aprende, como todos los mamíferos, a través del juego y de la observación

¿Cómo podemos entonces concebir una escuela en la que no haya tiempo de jugar más allá del recreo, donde se espera que los estudiantes aprendan sin poder manipular, explorar y descubrir por sí mismos, sino solamente regurgitando datos y explicaciones precocinadas?

Nos preguntábamos, ¿pueden las niñas y los niños aprender por iniciativa propia, a través de su curiosidad innata y su fuerza de voluntad?, ¿sin estar sometidos a un programa, unas lecciones y una férrea tutela adulta? ¿Es posible? Y si es así, ¿cómo?

Nuestro lugar de partida fue la confianza y el deseo de compartir con otros todo lo que fuéramos descubriendo.

Confiábamos en que podríamos sacudirnos de encima los miedos y llevar esta experiencia a buen puerto, y así fue.

Confiábamos en que encontraríamos a personas que nos ayudarían en el camino, ofreciéndonos su casa o abriéndonos las puertas de sus escuelas, y así fue.

Confiábamos en que lo que estábamos haciendo no era solo nuestro, sino que era una ilusión y una necesidad que otras familias y educadores también sentían.

Y así ha sido: más de 400 personas nos han brindado ya su apoyo para cofinanciar el documental independiente que estamos produciendo, Corriendo por las olas, y que estrenaremos a finales de este año. En ese documental, igual que venimos haciendo en nuestra web (estonoesunaescuela.org) desde el principio de este viaje, queremos plasmar todo eso que ha ensanchado nuestras miras y trastocado nuestra forma de entender la educación y la infancia.

Escuelas libres: ¿cómo funcionan?

Mostrar cómo, por ejemplo, cuando los niños y las niñas pasan cada día en una escuela en el bosque, se vuelven más colaborativos, confían más en sí mismos, y no necesitan más juguetes que las hojas, las piedras y el barro.

Cómo los chicos y las chicas, cuando se confía en ellos lo suficiente para dejar en sus manos una herramienta potencialmente peligrosa como una sierra eléctrica o una radial, demuestran su capacidad para ser autónomos y desarrollar su iniciativa.

Que hay escuelas donde no hay pupitres y donde no se exige a los niños y las niñas estar sentados, porque se entiende que aprendemos con todos nuestros sentidos y que la libertad de movimiento facilita la concentración, la memoria y la creatividad.

O cómo los estudiantes a los que se les da la oportunidad de participar en la comunidad educativa, tomando decisiones en un plano de igualdad con los adultos, se responsabilizan de la buena marcha de la escuela y se sienten verdaderamente parte de ella.

Salimos de viaje persiguiendo el sueño de una escuela diferente de la que habíamos conocido, y con ganas de aportar algo positivo a un cambio en la educación. No nos imaginábamos que a cada pedalada íbamos a ser nosotros quienes cambiaríamos.

Porque recuperar el valor del juego y la curiosidad, de los afectos, de la imaginación, del entusiasmo, de la calma y la conversación, de la pertenencia, de la iniciativa y la capacidad de decidir sobre nuestra vida tienen la capacidad de cambiar la educación pero también, sobre todo, de transformarnos a nosotros mismos y de devolvernos la confianza en que podemos cambiar también lo que nos rodea.

En palabras del pedagogo Francesco Tonucci:

“Ese niño tan lejano de nosotros y tan necesitado de nuestra ayuda y de nuestro afecto, difícil de escuchar y de aprender, tiene en sí una fuerza revolucionaria: si estamos dispuestos a ponernos a su altura y a darle la palabra, será capaz de ayudarnos a comprender el mundo y nos dará la fuerza para cambiarlo”.

5 puntos fuertes de este tipo de escuelas

Cuando me preguntan a qué escuela llevaría a mi hija, me resulta difícil contestar. Pero hay unos aspectos esenciales a tener en cuenta para que nuestros hijos se sientan acogidos y puedan desplegar su creatividad.

1. Instalaciones

En el exterior es muy recomendable que el patio sea “blando”, es decir, que tenga vegetación, un arenero, una fuente, un huerto incluso.

En el interior, sería ideal que las aulas estuvieran siempre abiertas, que hubiera luz natural, que el mobiliario y los juguetes estuvieran fabricados con materiales naturales (madera, mimbre, algodón, lana...).

Que la decoración fuera lo más similar posible a un salón acogedor, con alfombras, espacios para diferentes actividades, y sin pupitres ni mesa del profesor.

La música suave puede facilitar la concentración y la creatividad.

2. Personal docente

Lo idóneo es que los maestros y las maestras tengan formación en pedagogías activas, método Montessori, psicomotricidad basada en el método Aucouturier, educación emocional, comunicación no violenta o educación creadora.

Cada vez más se considera la figura del maestro como un acompañante o facilitador que no dirige el aprendizaje de los niños, sino que a través de su apoyo, su inspiración, su disponibilidad afectiva, permite que sea cada niña o niño quien despliegue su curiosidad y su iniciativa.

3. Actividades

Es conveniente que haya una llegada “relajada” en la que se permita cierta flexibilidad horaria en lugar de una puntualidad estricta.

La organización del día debería tener en cuenta la iniciativa, los ritmos e intereses particulares de cada niño. Esto puede hacerse a través de un aprendizaje por proyectos; actividades de “libre circulación” en las que cada niño pueda moverse libremente y elegir el espacio en el que desea trabajar; a través de talleres que engloben diferentes áreas de conocimiento (un taller sobre pirámides de Egipto, o sobre efectos de la luz).

La mezcla de edades estimula el aprendizaje, mientras que la realización de las clásicas “fichas” no aporta ningún beneficio y supone un aprendizaje repetitivo y pasivo.

También son positivas las salidas al campo, a espacios naturales, o a conocer el barrio y todo lo que rodea la escuela.

4. Participación

Todos los estudiantes deben poder participar en las decisiones que les afecten a través de asambleas regulares. En cuanto a las familias, deberían poder entrar en el aula para acompañar a sus hijos, al menos en el momento de la entrada y la salida. Sería ideal que, además, contaran con espacios dedicados a la formación (talleres) y también para poder reunirse con otras madres y padres durante el horario escolar.

5. Aspectos emocionales

Es fundamental averiguar si la escuela recurre habitualmente a castigos (incluyendo las “caritas tristes”) o premios, cómo se gestionan los conflictos y si los maestros realizan un acompañamiento emocional.

En definitiva, se trata de que la escuela confíe en las capacidades de aprendizaje de los estudiantes, que los incluya a ellos y a sus familias como comunidad de aprendizaje, acompañándolos emocionalmente a través de la empatía, la calidez, la ausencia de juicios y castigos, el apoyo y la escucha.