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¿Locos o cuerdos?

Hablar solo, un signo de buena salud psicológica

Frecuentemente asociado a la locura, el habla autodirigida tendría sus ventajas.

Cristina López Conesa

Hablar solo es algo que erróneamente hemos asociado a la locura y a la anormalidad. Tenemos la idea de que el lenguaje sirve para comunicarnos con los demás, y que cuando el habla no va dirigida a nadie es un signo de padecer algún trastorno mental.

Sin embargo, casi todos nosotros lo hacemos, al menos cuando estamos solos y no hay otras personas alrededor que puedan oírnos.

Hablar solo es normal

En psicología, a hablar solo se le denomina habla autodirigida, habla privada, o discurso egocéntrico en los niños.

Según Lev Vygotski (1962), especialista en psicología del desarrollo, este tipo de habla forma parte de un proceso natural. Uno de los aspectos que quizás distinguen a niños y adultos no es la presencia o ausencia de este tipo de habla, sino que con el paso del tiempo normalmente el habla privada se va reduciendo y pasa a interiorizarse para constituir el habla interna o pensamiento verbal, que suele incluir más bien susurros y habla musitada, en lugar de voz alta.

El habla privada mejora nuestra comprensión

Uno de los efectos positivos de hablar solos es que la acción de hablar requiere transformar la información y organizarla en una forma de monólogo o diálogo, y por lo tanto el lenguaje interior es un instrumento que nos permite el procesamiento de la información de manera que la hacemos más tangible y manejable para nosotros mismos.

Al situar la información de nuestro contexto y nuestros pensamientos en un nivel abordable a nuestras posibilidades, nos permite una mayor comprensión y un mejor dominio y desempeño en nuestras acciones.

Nos ayuda a organizar nuestro pensamiento

Alexander Luria (1980), un influyente médico y neuropsicólogo, sostenía el importante papel del lenguaje más allá de su función social. Según él, éste también cumple la función de dirigir nuestro procesamiento cognitivo, es decir, de controlar y monitorizar nuestros pensamientos, y de guiar nuestro comportamiento.

Vygotski señaló que en los niños más pequeños se da acompañando a las acciones que se van haciendo, por lo que tiene un papel más bien descriptivo. Pero con el paso de los años, el lenguaje se va anticipando a la acción, diciendo qué se va a hacer antes de hacerlo, y va adquiriendo además la capacidad de planificar.

Aumenta nuestra conciencia

Este proceso del habla directiva comienza cuando tenemos dos años aproximadamente, pero entonces sólo somos capaces de responder al lenguaje de los otros, que son quienes dirigen nuestras acciones. Poco a poco se continúa desarrollando hasta que cuando tenemos cinco años somos capaces de también responder a nuestras propias verbalizaciones, pudiendo comenzar a autorregularnos a nosotros mismos.

Por ese papel que juega en nuestra capacidad de autorregulación, es que repercute en otro nivel: el de la conciencia. Al comprender mejor la información que procesamos mentalmente y tener mayor dominio sobre cómo planificamos nuestra conducta, tomamos más conciencia sobre cuáles son nuestros pensamientos. De hecho una técnica en terapia es el uso de las autoinstrucciones, que consiste en repetirnos a nosotros mismos distintos mensajes interiormente con el fin de autorregular nuestra conducta, reduciendo nuestra ansiedad o motivándonos.

Mejora nuestra atención

Estas verbalizaciones que nos hacemos a nosotros mismos, por tanto, nos ayudan a dirigir de manera consciente nuestro comportamiento, y mejoran nuestra atención y el rendimiento de la memoria de trabajo. Este tipo de memoria es a corto plazo y es aquella que nos ayuda a realizar tareas y a retener la información necesaria durante ese proceso.

Eso se fundamenta en el papel directivo del lenguaje sobre la cognición y el comportamiento, y su función como refuerzo externo que nos ayuda a mantener un control inhibitorio, es decir, manejando las distracciones y estímulos irrelevantes, y por consiguiente ayudándonos a mantener nuestra atención. Por eso, cuando hemos de recordar algún número de teléfono, tendemos a repetirlo en voz alta varias veces, así mantenemos nuestra atención sobre aquello que estamos tratando de aprender.

Facilita el aprendizaje

Además, el hecho de verbalizar aquello que queremos aprender hace que sea más fácil recordarlo, al proporcionar a nuestro cerebro una nueva vía sensorial que se añade al recuerdo. Por ejemplo, se leemos una frase y la decimos en voz alta, hay más probabilidades de que la recordemos.

De hecho, se dice que no hay mejor manera de aprender algo que tratando de explicárselo a otra persona, y en este caso es explicándonoslo a nosotros mismos. Esto se debe a que favorece la comprensión y la memoria, y además nos permite detectar qué estrategias llevamos a cabo con éxito y qué dificultades encontramos en la resolución de ciertos problemas.

Ayuda en la resolución de problemas

A veces, nos sorprendemos a nosotros mismos hablando en voz alta cuando estamos realizando una tarea compleja o cuando encontramos dificultades en lo que estamos haciendo. De hecho, varios estudios han mostrado que cuantas más dificultades encontramos en aquello que tenemos que resolver, más recurrimos al uso del lenguaje como estrategia para facilitar su resolución.

Eso se debe a que el discurso hablado es una herramienta de planificación, guía y dirección de la actividad en la solución de problemas, y tiene la capacidad de organizar, ejecutar y evaluar nuestro comportamiento y funcionamiento cognitivo.

Cuando los problemas a los que nos enfrentamos son de ámbito personal, podemos hacer uso del habla autodirigida, en particular en estos casos puede ayudarnos hablarnos en tercera persona para adoptar otra perspectiva y reducir la sensación de bloqueo.

Entonces, ¿cuándo es malo hablar solo?

Cuando lo que te verbalizas no está sirviéndote como recurso para mejorar en tus tareas del día a día, cuanto te transmites continuamente mensajes negativos, cuando tu habla interna interfiere con el habla social en la comunicación con otros y ello te aísla, o cuando eres incapaz de controlarla sea en presencia de otros o no.

Es posible que en ciertos casos, consideres que el habla esté teniendo más repercusión negativa en tu vida en lugar de los efectos positivos mencionados más arriba, y que eso pueda estar asociado a otro tipo de problemas. En ese caso, habría que explorar con un profesional a qué se debe. Pero en general, hablar solo es algo totalmente normal e incluso saludable.

Referencias bibliográficas:

  • Frauenglass, M. H. y Díaz, R. M. (1987). La función autorreguladora del habla privada infantil: Un análisis crítico de las recientes discusiones de la teoría de Vygotski. Infancia y Aprendizaje, 37, 103-114.
  • Ramos, C., Pérez, C. y Lepe, N. (2016). Control inhibitorio, monitorización y habla autodirigida en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Wimblu, 11 (1), 73-97.
  • San Martín, C. y Torres, E. (2004). Estudio de la emergencia del habla privada en una situación comunicativa infantil de juego y sus relaciones con el conflicto comunicativo. Anuario de Psicología, 35 (1), 71-85.

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