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El vínculo con el bebé

Gestación subrogada: los efectos psicológicos en la madre

El cerebro cambia durante el embarazo y el posparto es un momento muy vulnerable para cualquier madre, afrontar la separación de su bebé tendrá consecuencias

Ibone Olza

Cada embarazo conlleva una profunda transformación cerebral que es, además, irreversible, durará toda la vida de la mujer. La neuroplasticidad es máxima durante la gestación: se crean nuevas neuronas, otras se eliminan y otras migran.

Las madres tenemos en nuestro cerebro células de todos los hijos que hemos gestado

Suceden cosas todavía incomprensibles para los científicos, como lo que se llama microquimerismos: células madre del feto que pasan a la sangre de la madre y, algunas de ellas, se instalan en su cerebro de por vida.

El embarazo cambia el cerebro de la madre

Durante la gestación se modifica para siempre la estructura cerebral de la madre, cambian especialmente las regiones implicadas en las relaciones sociales.

El cerebro se vuelve más y más emocional conforme avanza el embarazo: las gestantes van afinando su capacidad de discriminar estados emocionales en otras personas, van agudizando su intuición.

Ese estado de hipersensibilidad emocional e hipervigilancia se caracteriza por el “ensimismamiento‏ transitorio” que se incrementa en las últimas semanas del embarazo y que cede semanas después del nacimiento.

El psiquiatra Donald Winnicott (1896-1971), pionero en el estudio de la psique maternal, ya describió como esa alta sensibilidad emocional era necesaria para que la madre pudiera ponerse en el lugar del bebé y ocuparse de sus cuidados.

Todos estos cambios suceden por esa importantísima razón:

  • Garantizar que las mujeres puedan desarrollar la conducta maternal tras el parto
  • Asegurar que puedan cuidar a su bebé con placer y disfrute durante, al menos, los primeros años de vida
  • Permitir que establezcan un vínculo sano y duradero con sus hijos

El cerebro maternal es un sistema perfeccionado a lo largo de millones de años de evolución que ha permitido el desarrollo de la inteligencia de nuestra especie.

Todos estos cambios también suponen una vulnerabilidad, y la realidad de los trastornos mentales perinatales que sufren muchas mujeres en embarazo y posparto está ahí.

Más allá de las motivaciones y el contexto social (probablemente situaciones de pobreza que hagan que la subrogación sea casi la única manera de garantizar unos ingresos para sostener la crianza de los hijos previos, por ejemplo), hay que comprender todo lo que gestar un hijo para otros puede conllevar a corto y largo plazo.

Los riesgos para la salud

Hay que nombrar todas las posibles complicaciones del embarazo desde el punto de vista físico:

  • Las pérdidas tempranas o tardías
  • La prematuridad
  • Los riesgos para la salud de la madre: gestar un hijo que genéticamente no es propio supone un mayor riesgo de complicaciones graves como la preeclampsia

Y en el parto, en el caso de la gestación subrogada, muchos veces se va a programar o realizar una cesárea programada sin causa médica, sólo para hacer coincidir el nacimiento del bebé con la presencia de los que han contratado la subrogación y que viajan de lejos.

Ese parto inducido o cesárea programada pone en mayor peligro la vida de las madres. Alguno de esos partos se complicará por culpa de esas intervenciones innecesarias: habrá hemorragias, histerectomías o, incluso, muertes maternas.

Los riesgos psicológicos

Por otra parte, desde el punto de vista psíquico la situación puede ser especialmente compleja. Por más que una mujer decida o pretenda no vincularse con el bebé que gesta para prevenir el duelo posterior, la biología va a seguir su curso y los cambios cerebrales no se pueden evitar. Es decir, la vinculación es inevitable.

Aunque es probable que, ante el horizonte de tener que separarse de su bebé tras el parto, se haga un esfuerzo psíquico por no vincularse con él, es posible que se tenga un ánimo bajo o incluso depresión durante el embarazo, algo que sabemos afecta profundamente al bebé en gestación.

Todo ello puede, además, favorecer un consumo de alcohol u otros tóxicos por parte de la gestante, algo que puede ser indetectable pero que dañará igualmente al desarrollo del bebé.

El tener que afrontar la separación del bebe nada más nacer sitúa el cerebro de la madre gestante en una situación muy estudiada en las mamíferas:

La máxima agresividad se da si nada más nacer las madres son separadas del recién nacido

Es difícil imaginar cómo tiene que ser ese posparto, sin bebé y con el cerebro “puérpero”.

Afrontar la pérdida: depresión y estrés postraumático

Un duelo por la pérdida del bebé gestado es tremendamente difícil por más que la mujer intente prepararse para el mismo, ya que por contrato no cabe echarse atrás.

Es seguro que un porcentaje importante de madres sufrirán depresiones posparto que, en estos casos, afectarán sí o sí a sus otros hijos. Depresiones en las que también influirá desde el punto de vista biológico y psicológico el no poder amamantar y tener que tomar medicación para suprimir la lactancia.

Otras tendrán un trastorno de estrés postraumático tras el parto que sin tratamiento puede durar años y afectar a toda su vida sexual, a la relación con los profesionales sanitarios, etc.

Un pequeño porcentaje de madre tendrá la complicación más grave de todas: la psicosis puerperal.

Si en países como el Reino Unido una de las causas más frecuentes de muerte materna en el año que sigue al parto es el suicidio, ¿qué sucederá en estos países más pobres con las madres que gestan por subrogación?

¿Cómo será para ellas el año que sigue al parto? ¿Y el resto de sus vidas? ¿Y cuáles las consecuencias para sus otros hijos?

Si la salud mental perinatal recibe una atención tan insuficiente en nuestro entorno es fácil suponer que en países como Ucrania (destino favorito en la actualidad para las familias españolas que se plantean la subrogación) será nula.

Es poco o nada probable que las mujeres que opten por gestar un bebé de otros en esos entornos sean informadas de los riesgos a los que se enfrentan, especialmente desde el punto de vista psíquico.

Su salud mental estará en juego de por vida, pero probablemente no lo sepan ni nadie se lo diga.