Sexo y machismo

Adolescentes, hijos del porno

La pornografía utiliza el sexo como excusa para normalizar la violencia contra la mujer. Una adicción radical que comienza cuando ven su primera escena porno antes de cumplir doce años.

Gabriel Núñez Hervás

adolescentes porno

“Agárrala de la cabeza!”. Una mujer madura se arrodilla ante un chaval imberbe y le suplica que le folle su puta boca. La reacción del adolescente expresa deseo, miedo, curiosidad, extravío, pero ella está ahí para indicarle cuál es la actitud de un verdadero macho.

Entra en escena un treintañero que asume las funciones de personal trainer y le grita al joven que le dé dos hostias a esa guarra, que la insulte, que le diga que es una puta, que le escupa en la boca y que la trate como se merece esa cerda de mierda.

Y el crío la abofetea y le dice sin convicción que es una zorra, y esa escena se reproduce hasta el infinito en Internet, y la ven miles de adolescentes que, día tras día, establecen una relación inequívoca y terrible entre su conducta sexual y este modelo pornográfico.

La pornografía normaliza la violencia machista

La identificación del sexo con la pornografía y la celebración del porno como entretenimiento y como espectáculo son dos fenómenos universales. El virus hardcore ha logrado normalizar la violencia machista en las relaciones sexuales, legitimar una regresión radical en la igualdad de derechos e impulsar la expansión de la misoginia.

Vivimos en una sociedad en la que la pornografía no encuentra resistencia ni disidencia. Se estima que las niñas y los niños ven su primera escena porno entre los 10 y los 12 años. Las consecuencias de este shock se desarrollan durante una adolescencia continuamente expuesta a un modelo sexual aberrante.

Los datos son abrumadores: los análisis más rigurosos señalan que más del diez por ciento del contenido de Internet es pornográfico y que hay más de cuatro millones de sitios web porno. Casi todas estas páginas son gratuitas y se financian con la publicidad de extensores del pene y links de proxenetas.

Todo el universo adolescente está contaminado por la estética y la ética pornográfica

Los protagonistas de la nueva pornografía son los héroes de estos tiempos de orgasmos en plasma y gatillazos morales. Este mensaje ininterrumpido se difunde a través de canciones, bailes, vídeos, talent shows, realities, concursos y videojuegos.

No existe la menor posibilidad de filtrar o regular un catecismo audiovisual que impregna la mentalidad adolescente con los criterios más retrógrados, agresivos y fascistas sobre las relaciones sexuales. Los mecanismos de control parental (suponiendo que los padres estén realmente alarmados por esta realidad) se enfrentan a unos códigos en los que los expertos son sus hijos.

Algunos datos

Uno de los más exhaustivos estudios sobre el impacto de la nueva pornografía en las relaciones sexuales de los más jóvenes despliega un escenario apocalíptico y certero: “No se puede negar el impacto que tiene sobre las conductas sexuales, así como sobre las relaciones de género, la ‘nueva pornografía’ distribuida por Internet. La familiaridad con prácticas de riesgo, la descontextualización de la sexualidad, la inmediatez, la simplificación de las relaciones interpersonales, así como la vinculación con nuevas modalidades de prostitución, convierten a la nueva pornografía en un fenómeno de especial relevancia para la comprensión de las relaciones interpersonales” 1.

Según este análisis, “se puede hablar de ‘nueva pornografía’ a partir de estas notas características:

  1. Se basa en filmaciones con mejoras constantes en los niveles de calidad, abandonando la distribución de imágenes en soportes tradicionales (jpg).
  2. Las dimensiones de la oferta son aparentemente ilimitadas (…). Tampoco tienen límite las prácticas sexuales que se pueden observar, desde las más convencionales hasta prácticas de gran riesgo o directamente ilegales.
  3. Se pueden encontrar diversos niveles de interactividad, desde la mínima interacción (visualización de filmaciones), hasta la relación cara a cara a partir del contacto a distancia, en un nuevo contexto de acceso a la prostitución, pasando por modalidades de diversa implicación”.
  4. La oferta es mayoritariamente gratuita, aunque se vincule a empresas capitalistas de dimensiones variables y se relacione directamente con cuatro mercados, en expansión en el mundo de Internet:
  • El de la publicidad
  • El de las filmaciones pornográficas de alta calidad (en directo, por encargo, seleccionadas por catálogo, etc.
  • El de los contactos libres
  • El de los contactos pagados (prostitución)

Los mecanismos de control parental se enfrentan a unos códigos en los que los expertos son sus hijos

Como señala la activista feminista Barbijaputa, “millones de adolescentes son educados por Internet antes que por sus padres en cuanto a sexualidad se refiere. Y lo que aprenden es básicamente lo que está representado: escenas misóginas donde el hombre siempre tiene poder sobre la mujer, donde la mujer es un mero objeto que está ahí para que el hombre llegue al orgasmo” 2.

Su visión es acertada pero demasiado amable. La mujer, más que un objeto, es un recipiente pasivo y mudo de la violencia de género.

Silencios y clichés

Uno de los errores más frecuentes e irresponsables es asociar la pornografía con la representación del sexo. En el porno, el sexo es solo la excusa, el gancho, para mostrar y fomentar una violencia sistemática y creciente contra las mujeres. Es incomprensible que, en pleno siglo XXI, los padres se alarmen porque sus hijos puedan ver escenas de sexo entre adultos.

Lo que ven sus hijos son escenas brutales en las que los hombres insultan, abofetean, humillan y agreden a las mujeres

Ese público ya viene mediatizado por un escenario hipersexualizado, pero ese momento en el que cada niño descubre cómo trata (cómo tiene que tratar) cualquier hombre a cualquier mujer le marca traumática y definitivamente. A partir de ahí, todas las normas que dirijan las relaciones sexuales, sociales, jerárquicas y lúdicas entre chicos y chicas se someterán sin excepción al indiscutible e infalible ejemplo del porno.

Es injustificable y muy triste que se estén recuperando los roles más dañinos y despreciables después de lo que costó combatirlos. Esta fatal evidencia encuentra un necesario altavoz en expertos como Octavio Salazar o Miguel Lorente, infatigables en su empeño en destapar las trampas y los engaños del discurso neomisógino. La humorista Bridget Christie lo explica así: “La misoginia ha vuelto... Yo le echo la culpa a la hipersexualización de nuestra cultura, a la normalización del porno, a la Iglesia y a H&M” 3.

La resurrección de la misoginia como norma y regla universal no es ajena al influjo del porno en las vidas de los niños y los adolescentes de varias generaciones. Ni al ascenso de una escala criminal de cosificación de la mujer y de bestialización del hombre.

Sí, el hombre también asume un papel repugnante en esta historia destructiva y castrante. Porque, por supuesto, hay que ocuparse siempre primero de las víctimas, pero… ¿cómo podríamos estimar la desolación de los que asumen su condición exclusiva de verdugos?

Necesariamente vuelvo a Bridget Christie: “Eso no significa, claro está, que debamos olvidarnos de las víctimas, pero si no nos centramos en comprender por qué hay tantos hombres que pegan, violan y matan a las mujeres, nunca llegaremos a desentrañar las causas de la violencia machista (...).

La violencia de género debe percibirse como lo que es, un problema de los hombres... Etiquetar la violencia de género como un problema femenino es parte del problema... Se las han arreglado para hacernos creer que un problema suyo es en realidad nuestro”.

Pero, si están así las cosas, ¿por qué esto no le preocupa a (casi) nadie? ¿Cómo se transmite el grito del macho rancio que jalea en mil foros a esos quejicas oficiales (Arcadi Espada a la cabeza, pero también otros 40 llorones) que lamentan la disminución de sus centenarios privilegios de varón?

¿Cómo expulsar de los platós a las mujeres y hombres vicevérsicos y a los casados a misógina vista y a los coach que llaman princesas a las niñas que se muestran y actúan como bonitas muñecas sumisas?

No hay respuestas para estas preguntas, porque la pornografía es solo el glande del iceberg: un capullo arrogante y congelado que oculta la indefensión universal e histórica de las mujeres.

Sobresaliente en misoginia. Muy deficiente en sexo real

Revisemos lo expuesto:

La pornografía del siglo XXI difunde el mensaje misógino más radical entre los adolescentes. Su creciente capacidad de invasión de todos los canales y asuntos que seducen a los más jóvenes (redes sociales, música, videojuegos, moda...) le confiere un poder que se multiplica por su impunidad social: amparado tras los burladeros de la ficción, la fantasía y la libertad de expresión se esconde un orden sistemático, infatigable y unidireccional que conduce a la cosificación del sexo femenino y a la celebración del machismo más agresivo e inhumano.

Desde los años 80, como mínimo, todas las generaciones occidentales se han guiado en su educación sexual por los conceptos, actitudes y conductas que han visto en las revistas, películas y escenas pornográficas.

Las consecuencias de este mensaje metastásico no han tardado en manifestarse:

  • El aumento de las agresiones sexuales (y la justificación de las violaciones y los malos tratos),
  • La expansión de la misoginia,
  • La reducción y el empobrecimiento de la experiencia sexual.

En definitiva: una regresión brutal en el camino hacia la igualdad de derechos humanos, impulsada por un modelo que normaliza y aplaude la violencia, la humillación, el control y la coacción del hombre sobre la mujer.

La celebrada y atenuante virtud pedagógica de la pornografía esconde un catecismo violento que normaliza la agresividad y la cosificación.

Es la llave maestra de la expansión misógina.

Gatillazos

No se puede analizar lo que, en teoría, no existe. Abordar la relación entre los adolescentes y la pornografía es un teórico oxímoron, por más que la realidad demuestre lo contrario. No hay estudios fiables de un consumo que se expande por los infinitos filtros de un sistema, Internet, que tiene en los adolescentes a sus mejores especialistas.

Pero este mismo espacio define la siguiente situación: La interpretación inmediata de Google cuando escribes “porno y adolescentes” es que buscas vídeos de chicas machacadas y aterrorizadas por hombres muy violentos.

La combinación de Porn & Teens arroja una sofocante oferta de jovencitas a estrenar que sufren los abusos, insultos y vejaciones más brutales y miserables para merecer el destructivo honor de entrar en ese mundo que en todas partes se nombra coloquial y amistosamente como “el porno”, un cóctel de emoción, hombría y recompensa.

Bridget Christie remata: “Twiter y Facebook han puesto a cretinos, fanáticos, racistas y homófobos en contacto entre sí, dándoles una sensación de hermandad
y permitiendo que se crezcan”.

Ante esta invasión universal e impune, frente a esta situación alarmante, no hay más forma de resistencia que la educación y la pelea por hacer entender a los más jóvenes la realidad del mensaje pornográfico y sus evidentes consecuencias.

Es una tarea que exige muchísimo esfuerzo y apasionada constancia. Pero de ella depende que el futuro de las próximas generaciones siga involucionando o que podamos recuperar y hacer crecer el respeto a los derechos humanos y la igualdad en la convivencia.

Bibliografía

  1. Lluís Ballester Brage, Carmen Orte Socías, Rosario Pozo Gordaliza. “Estudio de la nueva pornografía y relación sexual en jóvenes”. Publicado en Anduli: revista andaluza de
  2. ciencias sociales. Nº 13. 2014.
  3. Barbijaputa. Machismo. 8 pasos para quitártelo de encima. Roca Editorial, 2017.
  4. Bridget Christie. Un libro para ellas. Anagrama, 2017.
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