Educar sin reprimir

¿Traspasamos nuestros miedos a nuestros hijos?

No nos damos ni cuenta pero lo hacemos. Solo si nos liberarnos de nuestros propios temores y evitamos estas frase lapidarias, los liberaremos de nuestras represiones

Ramón Soler

represiones hijos

"No te subas ahí que me vas a matar de un susto" o "No le des preocupaciones a tu madre" son algunos ejemplos de las expresiones que Pedro escuchó en casa desde bien pequeño.

Pedro creció pensando que el mundo era peligroso y que, si a él le sucedía algo, sería el responsable de la muerte de su madre. El miedo y la culpa comenzaron a estar siempre presentes en su vida y dejó de participar en actividades que él consideraba arriesgadas como montar en bicicleta o salir a jugar con sus amigos.

Cuando llegó a consulta, con 50 años, Pedro era incapaz de salir de su casa sin una fuerte dosis de medicación.

Los hijos heredan los miedos de los padres

Como hemos visto en el caso de Pedro, no es necesario un gran trauma para reprimir a los niños. Frases castrantes repetidas a diario, frenos frecuentes a la exploración y al movimiento del cuerpo, palabras y emociones acalladas durante años, suponen un grave obstáculo para el desarrollo saludable de los pequeños.

Yo percibo la represión como un bloqueo del fluir natural y espontáneo de las emociones y de la maduración saludable del cuerpo

Si los niños se ven sometidos a una continua represión tanto de su cuerpo como de sus emociones, acaban validando este control físico y emocional y, al sinal, son ellos mismos los que, alejándose de sus verdaderas necesidades, se someten a continuas prohibiciones.

La inhibición aprendida

Las emociones que no son expresadas no desaparecen, sino que se guardan en nuestro interior y siguen afectándonos en la vida adulta.

El ser obligados a caminar cuando lo que toca es gatear, el forzar el control de esfínteres, las largas horas inmóviles en la escuela, las incesantes regañinas si el pequeño se mueve, corre o salta, el ser severamente reprendidos por autoexplorarse, etc., empujan a la persona hacia una grave desconexión entre cuerpo, emociones y mente.

Esta desconexión, con el tiempo, acaba derivando en fobias, somatizaciones, bloqueos, inhibiciones, etc.

Todos los tipos de represiones tienen como consecuencia lo que yo llamo la "inhibición aprendida". El niño se adapta a las circunstancias de su entorno (hogar, escuela), frena sus impulsos, silencia sus emociones y consigue que no se enfaden con él o que no le castiguen.

El pequeño, se reprime y obtiene un beneficio, pero esta inhibición no es inocua y el precio a pagar es enorme y para el resto de su vida. De adulto, sus numerosos miedos e inhibiciones harán de él una persona con poca iniciativa.

Romper la cadena

Además, si tiene hijos, tenderá a transmitirles estos mismos miedos y represiones. Por lo general, están presentes en la familia desde hace mucho tiempo y se transmiten generación tras generación.

La madre de Pedro no era una madre maltratadora, deseaba lo mejor para su hijo y no le frenaba con la intención de dañarle o afectarle negativamente en su futuro. No obstante, era una madre cargada de miedos y, sin ser consciente de ello, fue contagiándole sus temores a su hijo.

Como adultos responsables, tenemos que reflexionar y prestar atención a la forma como actuamos y nos comunicamos con los niños.

  • Evitemos la repetición continuada de actitudes o frases represivas,
  • Respetamos sus emociones,
  • Evitamos transmitirles nuestros miedos infundados
  • No forzamos o cohibimos su maduración física y emocional,

Solo así crecerán conociendo las necesidades de su cuerpo, podrán expresar sus emociones libremente y su mente no tendrá la ingrata tarea de controlar cualquier pensamiento, emoción o impulso que no esté escrito en unos mandatos legados por una sociedad cargada de represiones.

7 frases del día a día que reprimen a nuestros hijos

Todos las hemos oído. Quizá nos los han dicho o quizá, nosotros mismos, las hemos dicho alguna vez. Como padres, podemos evitar transmitir a nuestros hijos una abrumadora carga de represiones físicas o emocionales evitando, si eliminamos este tipo de comentarios .

1."Cuidadito"

Reprime el juego y la libertad para explorar. El temor a caerse o el miedo al dolor frenan a los niños que dejan de explorar y de jugar con tal de no dañarse. Dentro de un marco seguro, el niño tiene que explorar, jugar, experimentar y encontrar sus propios límites.

2. "Los niños, calladitos están más guapos"

Represión de su criterio. Forzarles a callar cuando quieren mostrar sus opiniones, les afectará en su autoestima. Crecerán pensando que sus pensamientos no son válidos. No le interrumpas cuando hable y jamás minusvalores sus ideas y opiniones.

3. "No me rechistes"

Represión del enfado. Esta manera tan habitual de terminar las discusiones que tienen muchos padres, inhibe la expresión de las emociones. La rabia acumulada explotará más tarde, haciendo daño a otros o a sí mismos. Permítele expresar su enfado sin juzgar sus razones y validando sus emociones.

4. "Levántate que no ha sido nada"

Represión del dolor. Negar el dolor de los niños sigue siendo práctica habitual en nuestra sociedad. Los niños necesitan sentirse acompañados y consolados cuando sufren.

5. "No llores"

Represión de la tristeza. Sentir tristeza y llorar todo lo que sea necesario es un paso imprescindible para atravesar cualquier duelo, ya sea por la pérdida de su juguete favorito o por la muerte de un familiar. Comparte con tu hijo los momentos de tristeza. Hazle saber que no es malo sentirla.

6. "Eso no se toca"

Represión de la sexualidad. Desde bebés, a los niños se les reprime la exploración de sus genitales, sentando las bases de problemas sexuales en su vida adulta. Los niños tienen que conocer su cuerpo, reconocer sus necesidades.

7. “Quédate quietecito”

Represión física. Pretendemos que los niños se comporten como adultos en miniatura y que aguanten sentados y en silencio durante horas. Esto va en contra de su naturaleza. Los niños necesitan moverse en libertad, jugar, experimentar, trepar, etc. para crecer y madurar.

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suscribete Octubre 2017