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Amor y pareja

3 opciones para solucionar un conflicto de pareja

Cuando en un vínculo afectivo dos personas ven un asunto de modo diferente, tienen tres opciones: buscar un camino común, ceder sin resquemor o aceptar el desacuerdo

Demián Bucay

Los conflictos de pareja existen y hay que saber afrontarlos. Son muchos los motivos que pueden llevar a una discusión, sobre todo en estas relaciones donde hay mucho afecto y apego invertidos desde ambos cónyuges.

Formas de afrontar y aliviar los conflictos con tu pareja

¿Cómo podemos encarar estos desencuentros y solucionarlos? Aquí te ofrezco una pequeña guía al respecto.

1. El acuerdo

Llegar a un acuerdo es, probablemente, la más deseable de las opciones, aunque no siempre es posible. Acordar es bien distinto a negociar, pues no implica aceptar condiciones intermedias sino encontrar una tercera opción que satisfaga a ambos.

Si tú no quieres ver la película de acción y a mí no me gusta la película francesa, pues vayamos a ver una comedia. Con mucha frecuencia creemos que una discusión tiene solo dos opciones posibles, la mía o la tuya, y olvidamos otras vías para encontrar la nuestra.

No obstante, no siempre es posible encontrar esa tercera opción. Sin embargo, debemos evitar pensar que la salida está en encontrar un gris: eso sería volver a la negociación. De lo que yo hablo es de que la solución, en ocasiones, es un naranja, un violeta o un amarillo con lunares verdes.

Existe una expresión en inglés que ilustra muy bien este modo de pensar más allá de las opciones que resultan evidentes, y literalmente se traduciría como “pensar fuera de la caja” (Think outside the box). Para encontrar esa nueva opción que nos satisfaga a ambos, debemos pensar creativamente, pues a menudo no viene dada sino que debe ser creada específicamente de acuerdo a las necesidades de cada situación.

2. La renuncia

Como he dicho, cuando no existe esa tercera opción, no es posible acordar. Supongamos que en el cine en el que estamos no hay más opciones que la película de acción y la francesa. ¿Qué podemos hacer entonces?

Si queremos evitar las incomodidades de la negociación, pero todavía queremos ir al cine juntos, uno de los dos tendrá que renunciar: o yo te acompaño a ver la película que tú quieres y renuncio a ver la que yo quiero, o tú me acompañas a ver la mía y renuncias a la tuya. Y quizá me diréis: “¡Pero eso es lo mismo que la negociación!”. No lo es.

La diferencia está en que, si yo elijo renunciar, tú no me debes nada. No vale decir la próxima vez que vayamos al cine: “¡Ah! Ahora elijo yo porque la vez pasada elegiste tú”, pues eso sí sería volver a la negociación.

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Cuando uno renuncia, renuncia. No lo anota en su lista para reclamarlo más adelante. Si uno siente que no puede renunciar a su preferencia sin creerse por ello en posición de acreedor, entonces lo mejor que puede hacer es no renunciar. Tendrá que buscar otras opciones, pero cualquiera es preferible a una negociación disfrazada de renuncia.

3. El desacuerdo

Existen ocasiones en las que no se puede acordar una tercera opción satisfactoria para ambos si ninguno de los dos es capaz de renunciar verdaderamente sin pasar la factura más tarde. En estos casos, habrá que aceptar que estamos en desacuerdo y que esa actividad o decisión no la podremos compartir.

Volviendo al ejemplo del cine: tú irás a ver la película francesa y yo, la de acción. Y no es necesario enfadarse por eso. Si comprendemos que el desacuerdo es un desenlace normal de un conflicto, todavía podremos decir: “Diviértete, ¡nos encontramos a la salida para cenar!”.

No compartir algunas cosas no quita que no podamos compartir otras. Pero si nos enfadamos por no encontrar un acuerdo o porque el otro no renuncia, entonces sí que nos perderemos compartir lo que teníamos en común.

Hay pocas cuestiones que sean tan importantes como para que, si no conseguimos algún tipo de acuerdo, tengamos que disolver el vínculo. Quizás un buen ejemplo sea la decisión de tener hijos o no, pues esto implica proyectos de vida muy distintos y sería difícil aceptar el del otro sin traicionarse demasiado a uno mismo.

Pero estos casos son los menos frecuentes y en la mayoría de las ocasiones un desacuerdo no implica una ruptura ni una debilidad del vínculo. Al contrario: la capacidad de mantener un desacuerdo amigable dice mucho a favor de esa relación.

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