pensar por uno mismo

Autoconocimiento

Pensar por uno mismo: consíguelo con estos consejos

En la infancia aprendemos a definir cómo somos y cómo funciona el mundo según las ideas y palabras de nuestros padres

Laura Gutman

Es frecuente que, apenas nacidos, nuestra madre determine “cómo somos”.

Decide, por ejemplo, que somos más tranquilos que nuestro hermano mayor, o viceversa. O más listos, o más inquietos, o más deportistas...

Lo que el adulto nombra (generalmente la madre) suele ser una proyección de sí mismo en cada hijo. Diremos que es caprichoso o llorón, exigente, tímido, cabeza dura, divertido o atrevido. ¿Es verdad? Pues depende desde qué punto de vista observemos.

Desde la infancia somos esponjas para lo bueno y lo malo

De ese modo vamos creciendo. Por un lado acumulamos una cantidad de experiencias vitales agradables, difíciles, complejas, armoniosas, hostiles o confortables.

Y por otro carril van los “titulares”, nombrados por las personas mayores. Peor aún, muchas experiencias reales ni siquiera son nombradas y por lo tanto no existen para la conciencia.

Un ejercicio interesante cuando ya somos adultos es preguntarnos cada vez que emitimos una opinión: “¿Quién lo dijo?”

Normalmente nos resulta arduo reconocer quién lo dijo, porque tenemos la sensación de ser nosotros mismos quienes decimos, sentimos, interpretamos o sufrimos.

Las personas no estamos acostumbradas a pasar por el tamiz de nuestras percepciones las opiniones generales, por el contrario, las tomamos como propias y las defendemos como si tuviéramos algo que ver con ellas.

Pero... ¿Cómo saber si somos capaces de pensar por nosotros mismos? ¿Cómo crear un pensamiento autónomo?

Desde mi punto de vista, este proceso solo puede iniciarse reconociendo con total honestidad el discurso que hemos adoptado durante nuestra infancia.

Formando nuestro propio criterio

Para ello es menester hacer un trabajo de regresión, valerse de los recuerdos, permitir que caigan nuestras arraigadas creencias, estar dispuestos a aceptar la realidad cuando hubo desamor, maltrato, carencias afectivas o abandono.

Y pedir ayuda para volver a escribir nuestra historia, nombrando con palabras propias nuestras experiencias y dándoles un lugar para existir.