Riesgos de ser madre a los 40

Una decisión polémica

Ser madre después de los 40: pocos pros y muchos contras

No pongas a tus hijos al final de tu lista. Ser madre a partir de los 40 supone un embarazo de riesgo y muchos inconvenientes en la crianza.

Carlos González

El otro día vi un anuncio inquietante en televisión. Una mujer de treinta años explicaba que le encantaban los niños, pero que primero estaba el trabajo, los viajes y “una larga lista de cosas que quiero hacer antes de ser madre”.

Y la misma mujer de cuarenta años, que había venido del futuro para tomar el té y aconsejarla (últimamente las mujeres del futuro salen mucho en la publicidad), le decía que no se preocupase, que podía retrasar la maternidad gracias a cierta clínica de fertilidad.

Me quedé estupefacto. Una cosa es que alguien, por azares de la vida, sea madre a los cuarenta, y otra cosa es recomendar y promocionar tener el primer hijo después de los cuarenta, como si fuera la mejor opción, como si no tuviera importancia ni consecuencias.

Ser madre a los 30 vs serlo a los 40

No es casualidad que el anuncio comparase los treinta años con los cuarenta. Da así la impresión de que cuarenta es “tarde”, mientras que treinta sería “pronto”. Pero es que tener el primer hijo después de los treinta ya no es “pronto”.

La edad media de las madres (no del primer hijo, sino de todos los hijos) en España fue, en 2012, de 31,6 años (datos de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea), la segunda más alta de Europa, solo superada por Liechtenstein.

Y nuestra tasa de fertilidad (1,32 hijos por mujer) está también entre las más bajas de Europa. Tenemos pocos hijos, y los tenemos tarde, sin necesidad de que la publicidad nos impulse a retrasarlo aún más.

Los 11 riesgos de ser madre a partir de los 40

Tener el primer hijo a los cuarenta puede tener algunas ventajas. Los padres pueden tener una posición económica más desahogada, más experiencia de la vida, más seguridad en sí mismos. Pero también tiene unas cuantas desventajas que es preciso conocer y valorar.

1. Estaremos peor físicamente

La salud tiene una molesta tendencia a empeorar con los años. Ahora estamos bien, pero dentro de diez o quince años podríamos tener diabetes, hipertensión, dolor de espalda... Algunas enfermedades dificultan la concepción o hacen peligrar el embarazo; otras, simplemente, lo hacen más incómodo.

2. Correremos más riesgos

Los médicos siempre hemos considerado que un primer embarazo a edad avanzada es de riesgo y hay que controlarlo con especial cuidado porque pueden presentarse complicaciones. Cuando yo estudiaba, ponían el límite cuando era “mayor de treinta y cinco años”; ahora se suele estar en cuarenta, porque ya hay tantas embarazadas de más de treinta y cinco que no tiene sentido considerarlas un grupo “especial”.

Después de los cuarenta años aumentan los abortos espontáneos y las cesáreas (que se doblan), y también la diabetes gestacional, la preclampsia (hipertensión y retención de líquidos en el embarazo) y los bebés prematuros o de bajo peso.

3. Disminuye la fertilidad

Cada vez es más difícil quedarse embarazada, y los tratamientos de fertilidad son molestos, caros y no tienen garantía de éxito (aunque el anuncio que mencionaba al principio lo presentase como la cosa más fácil del mundo).

4. Aumentan las malformaciones congénitas

En especial del síndrome de Down. Sí, se pueden hacer pruebas pero eso no permite “curar” al bebé, sino abortar y volver a empezar el proceso (“perdiendo” otro año). Además, algunas técnicas pueden tener errores o comportan un riesgo de aborto.

5. Y el riesgo de cáncer de mama

Está demostrado que la vida reproductiva lo condiciona: aumenta cuando no se tienen hijos o cuando el primer hijo se tiene tarde, y disminuye cuando se da el pecho largo tiempo. Si el primer hijo se tiene después de los treinta y cinco años, el riesgo de cáncer de mama es 1,6 veces mayor que cuando se ha tenido un hijo a los veintiséis o veintisiete años.

6. Poco energía para cuidar de un bebé…

La sabia naturaleza “inventó” la menopausia para que, a partir de cierta edad, las mujeres no tuvieran más hijos. Porque no es lo mismo. Cuidar de un bebé exige mucha energía, mucha dedicación, mucha paciencia, llevar mucho peso durante años y soportar alguna que otra noche en blanco.

¿Se imagina a un futbolista sometiéndose a tratamientos hormonales para poder seguir jugando al fútbol a partir de los cuarenta y cinco años? A cierta edad hay que buscar actividades más relajadas; los futbolistas se convierten en entrenadores y las madres, en abuelas.

7. …y de un adolescente

Cuidar de un bebé a los cuarenta, atender a un niño a los cincuenta, convivir con un adolescente cuando se rozan los sesenta años... Cuanto mayor es la brecha generacional, la diferencia de edad entre padres e hijos, mayor es el riesgo de que no entendamos su lenguaje, no nos guste su ropa y su peinado, no aprobemos sus costumbres, no soportemos su música y no sepamos reaccionar con paciencia y humor a su rebeldía.

8. Hijos sin abuelos

En las últimas décadas, los abuelos españoles han tenido un papel fundamental en la crianza y educación de sus nietos, pero ahora el retraso de la maternidad puede producir una generación sin abuelos.

Como la edad de la maternidad se ha retrasado, las que fueron madres a los veinticinco se pueden encontrar siendo abuelas a los sesenta y cinco. Y, si no lo arreglamos, las que ahora son madres a los cuarenta no llegarán a abuelas hasta los ochenta años. ¿Te imagina cambiando pañales, llevando bebés en brazos, consolando una rabieta... a los ochenta años?

9. Cuidando de todos: padres e hijos

Cuanto más retrasemos la maternidad, mayores son las probabilidades de no llegar con salud y fuerza para cuidar a nuestros hijos hasta su madurez, y que sean ellos los que nos tengan que cuidar a nosotros.

Nuestros hijos no solo no van a contar con el apoyo de los abuelos, sino que muchas veces se van a encontrar en la difícil situación de cuidar al mismo tiempo a sus hijos pequeños y a sus padres que ya serán ancianos.

10. Con prisas para el segundo

“Se me pasa el arroz”. Creo que la primera vez que oí esa expresión referida a la maternidad fue en los años noventa. Lo que hace apenas unas dos décadas era una curiosa novedad, ahora se ha convertido en algo cotidiano. Y apremiante. Porque, claro, si tenemos el primero a los cuarenta, ¿para cuándo el segundo? ¿Y un hipotético tercero?

En ocasiones, madres que aseguran estar muy felices dando el pecho a sus hijos me preguntan cómo destetar “aunque me gustaría seguir”, porque aún no les ha vuelto la menstruación y quieren volver a quedarse embarazadas, lo que no deja de ser “desvestir a un santo para vestir a otro”. Han ido posponiendo la maternidad y ahora todo son prisas de último momento; no pueden criar a sus hijos en la forma que desearían porque entonces ya no les daría tiempo de tener el segundo.

11. Dificulta tu carrera profesional

Muchas mujeres piensan: “Si tengo un hijo ahora, me va a partir la carrera, va a limitar mis posibilidades de ascenso, no podría dedicarle el tiempo que necesita...”. Por desgracia, esos problemas no tienden a desaparecer, sino a aumentar con el tiempo.

¿De verdad cree que le será más fácil dedicarte a su hijo, reducir tu jornada o tomarte unos meses cuando sea coordinadora, directora ejecutiva, jefa de obra o profesora titular? Es entonces cuando te vendrán con aquello de “la empresa te necesita”.

¿En el final de la lista?

Es esa “larga lista de cosas que me gustaría hacer antes de ser madre” lo que más me inquieta del anuncio. Estamos diciendo que hay cosas más importantes que nuestros hijos. Sí, alguna habrá, ¿pero “una larga lista”?

Todos tenemos listas de cosas que nos gustaría hacer. Algunas las conseguimos; otras, con el tiempo, comprendemos que son inalcanzables, y renunciamos (jamás seré actriz, jamás tendré un yate, jamás daré la vuelta al mundo). Pero ¿de verdad queremos que nuestros hijos estén al final de la lista?

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