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De la culpabilidad a la responsabilidad

5 claves para superar los sentimientos de culpa

El pasado y los remordimientos nos dejan encallados. Para desbloquearnos hemos de escuchar la culpa, entenderla y aceptar nuestra responsabilidad

Rosa Rabbani

Recuerdo el día en que Enrique llegó a la consulta. Hundido en la depresión y, no sin dificultad, me explicó que, tras más de treinta años de matrimonio, había sido infiel a su esposa. Su infidelidad –que su esposa desconocía– consistía en haberse citado dos veces con una mujer para tomar una copa.

Independientemente de lo que cada uno juzgue como infidelidad, él sentía lo que consideraba una gravísima falta de respeto y un atentado contra la confianza que su esposa había depositado ciegamente en él. Todo ello le causaba una tristeza infinita.

Guiado por sus remordimientos, fue capaz de explicarle lo sucedido y pedirle perdón, dispuesto a asumir cualquiera que fuese la respuesta. Ella, que durante unos días quedó sumida en la confusión, la ofensa y el dolor, pronto comprendió que debían preguntarse las razones de lo ocurrido y tratar de extraer lecciones de la experiencia.

La culpabilidad nos inmoviliza

Pocos estados emocionales tiene la capacidad de bloqueo que conlleva sentirse culpable hoy por algo que ocurrió ayer. El problema reside en que el tiempo nunca retrocede y el curso de los acontecimientos no es modificable.

Si no gestionamos adecuadamente el remordimiento, la inmovilización puede aparecer en grados distintos: desde un leve sentirse mal hasta una severa depresión.

Pero hay una cara amable de esta emoción. Porque también la tiene. Lo he experimentarlo junto a numerosas personas: una vez trabajada la tempestad de los síntomas y malestares en sus diferentes formas, la culpabilidad puede mutarse en un sentido consciente y maduro, de responsabilidad.

Aprendemos a desplazar la culpa

Tendemos a culpabilizar a los demás de forma espontánea. Los niños lo aprenden, por ejemplo, cuando, después de darse un coscorrón contra una pared, ven a sus madres golpear el muro mientras dicen “¡pared mala, mala!”. Así desplazan el peso de la culpa para aliviar su dolor.

El sentimiento de culpa prestigia a quien carece de él. Esta máxima inconsciente, nos obliga a transferir la responsabilidad de los hecho a los demás: al sistema, a la familia, al jefe, a la pareja... o a la pared.

De este modo, creemos conservar la nobleza de nuestras intenciones y actos, sin darnos cuenta del alto precio que pagamos por vivir en la tóxica cultura del victimismo.

Quienes eluden sistemáticamente sus responsabilidades, por las consecuencias que puede desencadenar en su percepción de bienestar, acaban sumergidos en un mar de impotencia y frustración por no tener suficiente capacidad para intervenir en las situaciones y modificar su presente.

La culpa contribuye a nuestro aprendizaje y crecimiento

Es hora, pues, de ir superando nuestra actual cultura de la culpa en su doble dirección: ni cargar el peso de la responsabilidad en otros ni humillarnos eternamente ante nuestro dolor.

¿Cómo? Dando voz a los remordimientos para traducirlos en lecciones prácticas de cómo ser mejores personas que antes.

Es tremendo el peso de los acontecimientos que arrojamos sobre nuestras espaldas des de bien pequeños. Quizá por eso, pocas cosas me han aportado tanto gozo como haber vivido la liberación de la opresión de la culpa mediante la reparación responsable de los posibles errores cometidos.

5 claves para superar la culpabilidad y cambiar su mala prensa

Esta emoción con tan mala fama, en realidad nos informa de que hemos actuado con libertad pero con poca coherencia con nuestros valores. En el intento de recuperar la correspondencia entre lo que pensamos y lo que hacemos, puede que entendamos y administremos mejor la culpa y esta nos lleve a meditar, a pedir perdón y a enmendar nuestros errores.

Si somos capaces de dejarle espacio y escucharla, dejaremos que la culpabilidad de paso a un sentimiento más consciente y maduro: de responsabilidad.

Teniendo en cuenta estas 5 claves, esta mutación que tanto nos alivia y nos ayuda a crecer y avanzar en la vida, parece mucho más sencilla. ¿Por qué no probarlo?

Cuando el temido sentimiento de culpa se te instale encima de los hombros, ponte en marcha y empieza por:

1. Examinar nuestros remordimientos

Trata de identificar las razones que los causan. Intenta averiguar si son generados por ti o te son ajenos. Después pon orden a tus pensamientos. Si eres dado a escribir, reflejar tus pensamientos y emociones sobre papel te ayudará mucho.

También puedes recurrir a la técnica de la visualización creativa. Trata de visualizar a alguna persona que tengas como referente o, simplemente, a alguien en cuyo criterio confías e imagina el consejo que te daría.

Sea cual sea la técnica que utilices, seguro que las conclusiones a las que llegues te ofrecerán la radiografía emocional que necesitas.

2. Practicar la humildad

Acepta que eres humano y que errar forma parte de tu naturaleza. Lo que vuelve dañina la equivocación nunca es el fallo en sí, sino la incapacidad de repararlo. Una vez asumida tu falta, mide su gravedad y evalúa si es o no proporcional a la intensidad de tus emociones actuales. Piensa que hay personas capaces de infligir daño a otras sin sentir culpa alguna y otras sienten la pesada carga de la culpa por haberse comido tres bombones de postre. Intentar relativizar es la clave.

3. Valorar el perdón

La vida nos sostiene y no nos guarda rencor, ¿por qué, entonces, hemos de hacerlo nosotros? Perdonarte te desapegará de los acontecimientos, te liberará de toda culpa y te ofrecerá un punto de vista distinto sobre la situación. El célebre “Perdono, pero no olvido” no tiene ningún sentido: al perdonar nos desprendemos de la carga de la culpa, sea propia o ajena.

4. Transformar la culpa

Solo la restitución puede mitigar tu pesadumbre. En ocasiones, una reparación verbal suele ser suficiente. Otras veces necesitamos traducir el arrepentimiento en acciones. En este sentido, los actos simbólicos o rituales tienen un poder curativo inmenso. A menudo las personas a quienes debemos resarcir ya no están presentes; o quizá cargamos con la culpa de generaciones pasadas que muy poco tiene que ver con nuestra realidad. En todos estos casos, compensar a terceras personas o llevar a cabo acciones en nombre de los que no están tiene un efecto terapéutico insustituible.

5. Aprender de tus errores

Esto es aplicable a todo, por lo tanto no nos costará interiorizarlo. Usa tu experiencia del error como un momento propicio para el aprendizaje y trata de identificar qué lecciones te ha dado la vida. Al incorporarlas te darás cuenta del incalculable valor de tus equivocaciones y serás capaz de positivar tu error sacándole partido para crecer y avanzar.

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