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Relaciones

"Te amo pero no te necesito": 9 claves para lograrlo

María Montero-Ríos

Le pedimos demasiado al amor: que cubra nuestras necesidades y carencias, que nos haga mejores. Unas expectativas que nunca se cumplen, claro. El amor real es más pequeño, limitado... y poderoso.

Contigo me ahogo, pero sin ti no sé vivir. Ciertamente no es fácil dejar un hueco para que cada uno respire en un espacio compartido como es la pareja. No, no es sencillo caminar juntos, equilibrar los pesos, las responsabilidades, los ritmos de privacidad, de acción, de descanso, de intereses... Pero la pareja nos permite una mirada más abierta, una proyección más allá de nosotros. La intimidad, la complicidad, compartir el día a día o proyectar un futuro juntos son, sin duda, algunas de las experiencias más intensas y plenas de la madurez.

Amar sin necesitar: cómo alejarnos de la dependencia emocional

La pareja, considerada casi como la más importante relación de afecto, se encuentra sobrecargada y camina dando traspiés con la espalda encorvada por ese peso tan enorme que le pusimos. Quizá le estemos pidiendo mucho, volcando en ella excesivas ilusiones y expectativas.

Pretendemos que llene demasiados huecos, muchos de los cuales (tú lo sabes y yo también) ni siquiera le corresponden; que cubra necesidades de seguridad y de afecto que vienen de lejos y de los que ni siquiera nosotros mismos somos muy conscientes o muy capaces de ocuparnos. Por ejemplo, amamos al otro buscando los cuidados y la ternura, lo colocamos en el lugar de una madre, pero inmediatamente pierde atractivo si uno (o una) se parece precisamente a una madre (o padre). Y, ya ves, acaba siendo un bucle donde, tanto si le amamos como si le odiamos, el eje central de la relación no es el otro, sino nuestro anhelo maternal de protección y cuidados.

Quizá no le podamos pedir tanto al otro. Quizá, mira lo que te digo, no esté ni bien, adjudicarse impunemente ese derecho de necesitar al otro, así como si nada. Sin duda, es una gran responsabilidad pedir que el otro sea todo lo que uno quiere o –vale, no vamos a exagerar mucho– darle el lugar de honor alrededor del cual giramos como pescadillas. Dejémoslo respirar, liberemos al otro de quererlo tanto y para tanto.

¿Idealizas a tus parejas románticas?

La manera de estar con él, de ver o idealizar al otro puede también excluirlo. Es posible que nos acerquemos, enamoremos, e incluso que convivamos durante años, y al mismo tiempo hayamos construido una imagen manipulada de esa persona que nazca de nuestras propias necesidades.

Las carencias afectivas son como un filtro por el que miramos, valoramos y nos irritamos en función de lo que necesitamos. Y no hace falta que te diga lo peligroso que es eso... A veces nos comprometemos con un sueño, con un anhelo, pero no con una persona de carne y hueso, pequeña, limitada... y poderosa. Tenemos una imagen de amor de ficción y por ella esperamos creyendo que algún día el compañero cambiará. Y sin embargo no cambia. Airear el sentimiento, devolverlo a la naturalidad y quitarle un poco de romántico merengue puede ser la puerta de entrada hacia una relación más real y plena.

Andábamos en un taller reflexionando sobre la forma, muchas veces deformada, de vivir los afectos. Decía ella: “En retrospectiva pienso que eso de que el amor es ciego parece una frase hecha, pero no lo es. Tanto que realmente creo que yo no quería ver, o era incapaz de aceptar, las muchas señales de que la relación en la que estaba entrando no iba a funcionar. Formé una pareja, una familia, y no me arrepiento, pero me comprometí con poca elección y mucha inconsciencia. También con ilusión y muchas fantasías, con un sentimiento puro como salido del alma, pero también de las carencias que arrastraba. Cuando lo pienso, creo que no es así como se debe asumir el compromiso de la pareja. Y me doy cuenta ahora, cuando en la madurez he vuelto a encontrar un amor con mayúsculas, generoso y atrevido, el que quizá no llegó en el momento adecuado, pero llegó”.

De la necesidad de ser amado surge la baja autoestima

La pareja se asfixia cuando el precioso color de cada uno se funde y desaparece creando una unidad indiferenciada. Un círculo en el que cada uno va perdiendo su espacio, sus gustos, su particular forma de ser y hacer. Cuando eso ocurre, la pareja pierde el dos y se convierte en un uno. Es curioso como, en ese ir siempre y a todo juntos, la pareja es percibida por los demás como muy unida. Pero hacia dentro ninguno de los dos tiene un espacio íntimo y no necesariamente compartido. Olvidamos que cada miembro de la pareja ha de crecer, alcanzar su propia plenitud; el reto, el arte, es hacerlo alcanzando un equilibrio y una armonía en ese estar con uno mismo y con el otro.

Al enamoramos vivimos una experiencia que nos absorbe y, en el afán de construir un espacio de intimidad, podemos tender a ceder nuestra propia forma y, también, a desplazar al otro roles y funciones que de alguna manera nos convienen. En el fondo, no estamos construyendo una complementariedad que nazca de la complicidad, sino una actitud que nos mantiene atados a la necesidad del otro. La dependencia afectiva baja la autoestima al suelo y la daña.

Por otra parte, pedimos al otro que actúe y sea quien nosotros necesitamos y, claro, con el tiempo, al otro le puede parecer insoportable pagar el alto precio de no ser él mismo. Nos cuesta aprender que no podemos abusar de él o ella para que asuma y se ocupe de lo que nosotros mismos rechazamos hacer. Es necesario dejar de delegar en el otro y pasar a reconciliarnos con esa parte que tememos o ante la que nos sentimos más frágiles, como hacer propuestas y tomar la iniciativa, tener mayor responsabilidad, claridad o madurez...

De la pareja real a la pareja ideal hay un largo trecho y mucho tinte tóxico dibujando modelos e ideales. No obstante, y aquí me temo que es cuando aparece la ecuación maldita, si no hay relación sin compromiso y la pareja es relación, entonces la pareja implica también un compromiso. ¡Oh, no! ¡El compromiso! Las responsabilidades, los hijos, la hipoteca, el aburrimiento...

La libertad en el amor es posible. Pensar que el compromiso mata la libertad creo que no deja de ser una puerilidad; es más, me atrevería a decir que lo que realmente mata la libertad es la falta de creatividad.

Amar sin idealizar: Las claves de una relación auténtica

1. Vive a tu manera

No hay una única forma de ser pareja, así que no la busques, créala. Cada persona ha de encontrar su camino y la manera de habitar su intimidad. Lo que puede servirle al otro, quizá a ti no te dice nada. Es importante superar los códigos sociales que nos llenan de moral y determinan que algo está bien o mal; lo que debemos hacer, cuándo y cómo. La intimidad es un espacio privado tan versátil como lo son las personas. Evita las comparaciones.

2. Alimenta el deseo

El afecto y el cariño son pilares fundamentales de la pareja, pero el deseo es el motor. Si la sexualidad ha desaparecido, si estáis dejando de jugar, si te esfuerzas en cumplir, si ya no sientes mariposas... podrás querer mucho al otro, pero la magia puede apagarse a favor de la costumbre, empobreciendo la relación.

3. Repiensa tus “exigencias”

Responder a algunas necesidades importantes depende solo y exclusivamente de ti. Cuidarte también es cuidar la pareja.

4. Revisa tu estilo de relación

Ten en cuenta que, además de la personalidad de quien elegimos como compañero, en el estilo de pareja influyen la forma en que nos comunicamos y los condicionamientos que vienen de los modelos de pareja y sexualidad que aprendimos en la infancia. Echa una mirada atrás para ver cómo gestionaron sus afectos personas importantes para ti.

5. Evita idealizaciones

Deja de buscar fuera y entretente en mirar dentro. No hay príncipe ni princesa que te rescate de ti mismo. Algunos sueños son peligrosos, pues pasan a ser tóxicos cuando esperamos que sea el otro quien nos haga sentir maravillosos. En la pareja podemos colocar nuestros deseos y necesidades y crear un fantasma con el que ilusionarnos. Ese ser que nunca te decepciona, que te entiende perfectamente, que siempre te da lo que necesitas... pero que en realidad no existe: está atrapado en tu imaginación. ¡Libéralo... y libérate!

6. Crea un espacio personal

Estando demasiado cerca podemos ahogarnos. En la pareja cada uno necesita su espacio y su tiempo. Observa si en tu relación existe un hueco para acercarse y distanciarse, para ir y venir. Para estar con el otro y para volver a ti. Estar con el otro no es fundirse con él.

7. Protege tus intereses

La pareja es complementaria, no excluyente. Si una y otra vez dejas de ir al cine, o de viaje, o con tus amigos, reflexiona si estás empezando a necesitar al otro para moverte y estás perdiendo fuerza y autonomía personal. Si descubres que sin ella, o él, las cosas que te gustan dejan de tener sentido, puede que estés empezando a depender emocional y afectivamente del otro.

8. Busca el equilibrio

Encuentra una forma en la que te puedas ocupar de la otra persona, pero no preocupar. Eso implica reconocer y organizar las libertades. Convivir supone pérdidas porque toda relación implica necesariamente una adaptación. Recuerda siempre que su felicidad no depende de ti; ser feliz depende de uno mismo. Deja que tu pareja sea feliz a su forma, y aprende a disfrutar viendo su felicidad.

9. Potencia la complicidad

Usa la creatividad en vuestro día a día: es vital para la buena salud de la pareja. Recupera las cosas que os unen e ilusionan, los proyectos compartidos. La pasión y la conciencia no están reñidas. En el goce y la entrega se esconde el alma de la pareja.

Etiquetas:  Pareja Autoestima Amor

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