La Tierra que amo

Conciencia Planetaria

La Tierra que amo: Buda era ecologista

El dinero, más allá de cierto límite, puede ser una carga, puede provocar infelicidad y, lo que es peor, pobreza y explotación. El dinero no es la verdadera riqueza, la Tierra es la fuente verdadera de nuestra riqueza

Satish Kumar

En los últimos siglos, numerosos científicos y filósofos occidentales, tales como Descartes y Newton, consideraron la Tierra como un objeto de dominio humano. Hemos llegado a creer que el ser humano conforma la raza superior.

La naturaleza está viva y tiene derechos

Pero si consideramos la naturaleza como algo viviente, en lugar de como materia inerte, establecemos de inmediato una relación profunda con ella. Entonces podemos reconocer que los derechos de la naturaleza son iguales a los derechos humanos.

De hecho, los humanos somos parte integral de la naturaleza. Somos parte de la naturaleza y no sus propietarios; no poseemos los árboles, la tierra ni los ríos, sino que mantenemos con ellos una relación de interdependencia.

La misión de aceptar el valor de cada vida en la Tierra

Necesitamos, de una vez por todas, aceptar el valor intrínseco de todas las vidas, sean humanas o no. Y este cambio en la visión del mundo debe venir desde abajo, desde las bases; hay que fomentar un movimiento popular capaz de crear una cultura de la ecología.

No es el miedo al calentamiento global lo que nos debe motivar a salvar la Tierra, sino el amor que sentimos por ella.

Nuestro ecologismo debería estar inspirado por el amor a la vida, el amor a las personas y el amor a la naturaleza.

Buda, uno de los primeros ecologistas

Sidarta Gautama "Buda" era un ecologista hace más de 2.600 años, antes de que hubiera ningún calentamiento global en nuestro planeta. Se sentó bajo un árbol en busca de iluminación y dijo: “Debemos guardar amor hacia el árbol”. Esas palabras resuenan hoy en día.

Hoy no nos sentamos bajo el árbol, sino que pensamos en cómo podemos sacarle beneficio. Para Buda, el árbol era sagrado, tenía un valor intrínseco; pero, para la civilización occidental, es solo un objeto.

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