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Psicología

Todo lo que piensas afecta a los demás

Ana María Oliva

¿Se pueden “leer” los pensamientos? Sí. Son señales electromagnéticas y, si estamos en sintonía, somos como antenas que pueden enviarlos y recibirlos. Así que, cuidado con lo que piensas, porque la realidad se construye a partir de nuestros pensamientos, son la primera semilla.

No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” es una de las llamadas reglas de oro de la convivencia. Pero creo que esta sentencia ya se ha quedado corta. Yo diría: “Hay que pensar en los demás como nos gustaría que los demás pensaran en nosotros”.

Y es que los pensamientos no solo afectan al que piensa, sino también al resto de las personas (y del medio ambiente).

Pensamientos: nuestra mente los crea

¿Cómo puede un pensamiento que está en mi mente llegar a afectar a los demás? Tenemos que empezar recordando qué es un pensamiento. Podríamos decir que un pensamiento es la actividad de la mente misma, o un producto de la mente. Como la definición es difícil y no está exenta de matices y de discusiones, vamos a lo práctico: ¿Se puede llegar a medir un pensamiento? En sí mismo quizás no, pero la actividad mental sí. Sabemos que el electroencefalograma nos permite obtener un registro de la actividad del cerebro.

Y también sabemos que esta actividad cerebral tiene un componente electromagnético. No solo se puede medir, sino que al analizar esa señal podemos ver si la persona está relajada o mentalmente muy activa. También la Resonancia Magnética Funcional nos permite valorar qué partes del cerebro están activas durante los diferentes estados mentales. Y el profesor Korotkov, de la Universidad de San Petersburgo, afirma haber medido con la tecnología GDV (Bio-Well) el momento en el que un pensamiento sale de una persona y cómo ese mismo “paquete energético” llega a otra persona de forma simultánea, cuando ambas están separadas por miles de kilómetros.

Somos antenas conectadas con los demás individuos

La ciencia permite explicar y sacar conclusiones de esas observaciones. Muchos estudios sobre telepatía, visión remota y otros fenómenos no explicables han sido realizados en diferentes universidades rusas, aunque es muy poco lo que aquí conocemos de ello. Lo que sí sabemos, sin lugar a dudas, es que esa actividad mental (llamémosle pensamientos) se puede registrar como una señal electromagnética. Desde esa premisa, es posible entender fácilmente que se puede transmitir, enviar, recibir e incluso almacenar. Continuamente hacemos operaciones con ellas: emisiones de radio, telefonía móvil, etc.

Ahora bien, una cosa es que podamos medir o registrar una señal, analizarla, clasificarla, emitirla... y otra cosa es que esa señal sea capaz de modificar algo en el entorno. Para poder entender esta segunda parte, hay que recordar que los seres humanos, no somos solo “bolsas bioquímicas” que caminan y piensan, sino que también podemos ser considerados como “antenas”.

Estamos sintonizados, y lo dice la ciencia

Una antena es un dispositivo capaz de emitir y de recibir información.Y lo hace por el fenómeno llamado de “resonancia”. Dependiendo de la geometría de la antena, es capaz de recibir determinadas frecuencias, de sintonizar con determinadas informaciones. Si entendemos que el ser humano es también una antena (emisora y receptora), entonces cobra sentido la hipótesis de que los pensamientos de los demás nos puedan afectar, puesto que podemos sintonizar con ellos (consciente o inconscientemente).

Este concepto ha sido desarrollado por diversos científicos. Uno de los más conocidos es el doctor en física francés Jean Pierre Garnier Malet, que postula una teoría que desafía los conocimientos de la ciencia mayoritaria. La teoría del desdoblamiento del tiempo (publicada entre 1998 y 2014) aporta muchas novedades. Sobre todo, permite explicar el mecanismo de los pensamientos y cómo utilizar lo mejor posible las intuiciones, instintos y premoniciones. El autor insiste en que los pensamientos crean potenciales: cada vez que pensamos en una situación conscientemente (con visualizaciones o meditando) o inconscientemente (pensamientos que “llegan” a nuestra mente sin ser llamados), estamos de alguna manera sembrando la semilla para que ese pensamiento se convierta en una realidad. Si cada vez que pienso en alguien con preocupación, estoy sembrando esa realidad, eso no es precisamente una ayuda para la otra persona.

Conocemos el fenómeno de resonancia. Lo semejante atrae en cierto modo a lo semejante. Si hacemos sonar una cuerda de un violín y hay otro violín igual al lado, la cuerda correspondiente del otro violín se pondrá a vibrar también. Si hemos ido emitiendo pensamientos de una determinada “frecuencia”, quien esté sintonizado a esa frecuencia los va a recibir. Es más, van a quedar de alguna forma registrados en el “ambiente”, de manera que van a ir transformando la realidad de ese lugar.

Cultura colectiva o memoria global

Según el físico francés, “La ley de los tiempos es sencilla: si nadie en la Tierra pensara en matar, no existiría ningún futuro potencial asesino”. Los pensamientos de todos son los que crean las realidades tanto personales como colectivas.

Este postulado cuadra perfectamente con el propuesto por Rupert Sheldrake sobre los campos mórficos. Este autor considera que existe un “espacio” donde está memorizado todo lo que ha ocurrido en el pasado, un sistema autoorganizado que es un principio de memoria en la naturaleza.

En este campo está grabado todo pensamiento y toda acción, estando disponible para ser recibido cuando alguien “resuena”, es decir, está sintonizando esa misma frecuencia.

Cómo domesticar tus pensamientos, en 6 pasos

Es, por tanto, de vital importancia aprender a utilizar de forma óptima nuestra mente, para mantener nuestra salud no solo mental, sino física y social. A continuación te proponemos algunas claves para lograrlo.

1. Consiguiendo un estado mental lúcido

Lo primero de todo es conseguir un estado mental adecuado. Si los pensamientos fluyen muy rápido, como cuando estamos en fase mental activa (beta), es difícil concentrarse. Es necesario entrar en un estado de relajación (meditación) en el cual nuestro cerebro esté en modo alfa y así podamos enfocar correctamente nuestra atención y nuestra intención. Es importante que tengas cerca una libreta y un bolígrafo. Tal vez te ayude poner una música suave de fondo.

2. Trabajando y neutralizando cada preocupación

Trabajaremos una preocupación, buscando la manera de no proyectar pensamientos negativos hacia ella, sino que la propia mente te ayude a encontrar la solución. Escribe en el papel qué te preocupa. Tal y como te sale. Después intenta reescribirla en positivo, como si ya estuviera solucionada. Por ejemplo, si tu preocupación tiene que ver con el tema laboral, quizá la frase que describe cómo sientes el problema sería “No me gusta mi trabajo y no cobro lo suficiente”. Ahora hay que darle la vuelta y escribir: “Encuentro el trabajo en el que puedo expresar todo mi potencial y ser reconocido a todos los niveles, incluido el económico”. Si dejamos la expresión abierta (sin concretar el trabajo) tal vez el universo nos sorprenda con algo mejor de lo que podemos soñar.

3. Preparando un ambiente tranquilo y cómodo

Ahora busca un lugar donde no vayas a ser interrumpido. Prepara el ambiente, desconecta teléfonos y busca una postura cómoda, a ser posible con la espalda recta.Comienza conectando con tu propia respiración, es la herramienta más sencilla, eficaz y siempre está disponible. Concéntrate en sentir el aire que entra y sale de tus pulmones. No es necesario que lo controles, solo observa el ritmo de tu respiración. Quédate allí por unos instantes.

4. Sé consciente de tus preocupaciones

¿Qué tipo de pensamientos vienen a tu mente en esos momentos? Si quieres, abre los ojos y toma nota de ellos. Te ayudará a ser más consciente de tus preocupaciones y de tus autosabotajes. Más adelante podrás revisarlos para ver cómo van cambiando.

5. Respirando y repitiendo mantras

Después de 10-15 minutos observando tu respiración, empieza a repetir la frase que has creado previamente. Repítela como un mantra, en forma circular. Usa tus propias palabras. Repítela primero en voz alta unas 10 veces, luego en forma de susurro otras 10 veces, y finalmente quédate repitiéndola en forma mental tanto tiempo como quieras.

6. Meditando

Una vez hayas terminado, intenta quedarte en ese estado meditativo tanto tiempo como puedas. Esto es especialmente útil realizarlo por la noche, justo antes de irte a dormir. De esa manera, tu mente subconsciente se alinea con tu mente consciente y trabajarán juntas para encontrar la mejor solución a tu situación.

Este ejercicio lo puedes practicar para cualquier tipo de preocupación, siempre que no involucre a otra persona, porque para eso deberíamos pedirle permiso.

Cuando a lo largo del día te asomen preocupaciones relacionadas con ese tema, toma de nuevo unas pocas respiraciones lentas y profundas y comienza a repetir tu frase. De esa manera irás “domesticando” tu mente y decidiendo qué tipo de pensamientos permites que aparezcan en tu mente y descartando aquellos que no quieras en tu vida.