De tu proximidad

INTIMIDAD

Varias claves para generar intimidad

Nos enseñan a aprender idiomas, a ganar dinero, a situar capitales en el mapa. Nadie nos enseña a generar intimidad.

Roy Galán

Nadie nos prepara para la intimidad.

Nos enseñan a comer cerrando la boca, a mirar a ambos lados al cruzar la calle, a decir gracias, a disculparnos.

Nos enseñan a sacar dinero, a pagar, a hablar otros idiomas, a situar capitales que nunca pisaremos, a recordar lo que otros hicieron, a jugar con números e identificar cosas que otros descubrieron.

Nos enseñan datos que nos hacen sentir superiores a aquellos que no saben esos datos; que nos hacen sentir acompañados por aquellos que saben los mismos datos; que nos hacen temer a aquellos que saben otros datos que nosotros desconocemos.

Pero nadie nos habla de lo que ocurre cuando generas intimidad, cuando dejas al otro ocupar ese espacio que hasta ese momento has ocupado sólo tú.

La intimidad es una bocanada de ti mismo que reservas para otro

Y es en esa forma de respirar compartida en la que va más de ti que en cualquier cosa que hayas hecho hasta ese momento o que harás nunca.

Mucho más que todo eso que has aprendido de fuera, porque la intimidad sigue el proceso inverso: nace de ti para enseñar a otro.

Es en ese lugar donde más quebradizo se vuelve uno y a la vez más poderoso.

Extraña contradicción.

Después de compartir intimidad por primera vez en tu vida, al día siguiente, cuando vas andando o saludas a la gente que conoces, todo se establece como en una nebulosa, como si te hubieras traído parte de un sueño a esta realidad.

No recuerdas el orgasmo, si es que lo hubo, tampoco eres capaz de recordar bien la cara (las caras cambian tanto cuando te acercas mucho mucho a ellas), ni siquiera puedes concentrarte en recordar todos los detalles.

Convertimos la intimidad en una moneda de cambio, en una tarea más, en un hueco en el que vaciar la ansiedad que nos provoca el estar completamente vivos y despiertos y el saber que un día lo estaremos.

Volvemos a equivocarnos, como siempre.

Siempre es la primera vez.

Cada día es la primera vez.

El escenario del mundo está ahí para nosotros.

Todo cumpliendo su función.

Dándonos una nueva oportunidad a cada segundo.

A nosotros, depositarios de la conciencia.

Pero nos da igual.

Volvemos a llenarnos de noticias diarias, de datos que comentar, sobre los que cabrearse, sobre los que posicionarse, sobre cosas externas que nada tienen que ver con nosotros mismos.

Perdidos.

Es tan sencillo generar intimidad y lo hacemos tan poco.

Generar ese traqueteo cósmico que supone sentir, sin pensar, y abrazarse hasta que el mundo y sus gentes se convierten en un simple dato sobre los que otros discuten sin parar.

Abracémonos más.

Aunque no nos hayan enseñado.

Podemos aprender a querernos.

Porque hoy.

De nuevo.

Es.