Un testimonio real

Abusos sexuales en la infancia. ¿Se pueden superar?

El llamado "abuso infantil" es más frecuente de lo que creemos. El miedo y la culpa, tanto en las víctimas como en la sociedad, siguen escondiéndolos

Mireia Darder

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Sonia llegó por segunda vez a mi consulta con 31 años y unas cuantas relaciones de pareja en las que se reproducía el maltrato. No podía sentir, ni confiar ni amar. Cuando tenía relaciones era como si saliera de su cuerpo, como si no estuviera allí. Los recuerdos de los abusos en la infancia afloraban... Este esta es su historia

Un testimonio de superación de abusos

"No me esperaba que surgieran estos recuerdos, no era consciente de que estaban dentro de mí. Y me asustan mucho. De hecho, a veces, dudo de si se trata realmente de hechos reales o si es algo que he imaginado.

Me han aparecido mientras estábamos haciendo el amor con mi pareja. Justo ahora, cuando estoy en el mejor momento de mi vida. Ahora que he sentido que él me quería y que yo le quería también. Por primera vez estaba disfrutando tanto en la cama como fuera de la cama con alguien. Y de pronto aparece la pesadilla.

Esto me ha llevado al infierno y me ha sacado totalmente de mí, y, a la vez, es como si estos recuerdos los hubiese escindido de mí. No puedo creer que esto me haya pasado. Pero sí fue así, me veo como si fuera una niña de unos 8 años.

En esa época la pareja de mi madre ya vivía en casa. Me parecía un hombre amable y bueno, tal vez porque apareció después de que mi padre nos abandonara a mi madre y a mí. Mi padre era alcohólico y al lado de este hombre mi madre estaba feliz, contenta. Todo el mundo estaba feliz.

Todo el mundo hablaba de la suerte que habíamos tenido al encontrar a alguien bueno que nos ayudaba. Así que, poco a poco, yo le cogí cariño y después nació mi hermana fruto de esta relación. Mi madre trabajaba todas las noches y mi hermana y yo nos quedábamos en el sofá mirando la televisión con él.

Una noche él se puso más cerca de mí y me cogió la mano. Me la acariciaba una y otra vez y yo me reía. No recuerdo que me sintiera mal, aunque sí que me daba un poco de vergüenza. Incluso diría que al principio el juego me gustaba y sentía una cierta excitación”.

Cuando reaparecen los recuerdos

Así llegó Sonia a mi consulta. Era una paciente que ya conocía y con la que habíamos tenido otras sesiones hacía años. Todos estos recuerdos eran nítidos para ella desde siempre. Pero de pronto habían aparecido otros que eran nuevos y que le habían resultado tan perturbadores que había decidido acudir de nuevo a mí.

Sonia recordó cómo una noche su padrastro estaba encima de ella frotando sus genitales sobre su cuerpo mientras resonaba un jadeo constante. El recuerdo vino acompañado de un miedo terrible y mucha vergüeza. La imagen que veía más clara era la de una esquina del techo de la habitación.

Como mecanismo de defensa había aprendido a disociarse, como saliendo de su cuerpo mientras todo ocurría

Al igual que muchas otras pacientes que he tratado por abusos, cuando explicaba las escenas, Sonia tenía una mirada perdida como si estuviese en otro lugar lejos de sí misma; aquel que le sirvió de refugio para sobrellevar lo que no podía entender y le superaba. Tenía la mirada fija en un punto de la habitación como seguramente lo tenía cuando todo sucedió.

A esa imagen le siguieron otras. Y, sobre todo, después de un trabajo corporal en el que movió mucho la zona de la cadera, ella empezó a llorar: recordó también cómo él la obligaba a poner su mano sobre su paquete forzándola a masturbarlo, mientras su hermana dormía.

Él la amenazaba con que, si contaba algo a alguien, le haría daño. Eso seguramente duró varios años, aunque Sonia no sabía cuántos exactamente ni tampoco cuántas veces se había producido.

“También sé que él me tocó preguntándome si me gustaba. Yo le decía que sí pero me sentía sucia. Después mi madre me reñía porque me pasaba largos ratos en la ducha. Yo no fui capaz de explicarle nada tal y como él me exigía.

"Me sentía culpable como si yo fuera responsable o estuviera engañando a mi madre o lo hubiera provocado"

Él me decía que era nuestro secreto. Me recorre aún el miedo y a la vez el deseo de ser descubiertos, de que mi madre apareciese; el miedo a que me hiciera daño porque en algún momento sus gestos eran muy violentos y su seriedad me imponía mucho y me asustaba".

Alejar la culpa, recuperar la inocencia

Pero, como le dije, ella era la pequeña. Aunque no fue fácil que lo comprendiera, sus padres eran quienes tenían el deber de haberla protegido y, por lo que fuera, no lo habían hecho.

Realizamos un trabajo para que pudiera recuperar su inocencia. Partimos de una de las imágenes que había recordado. Un día en que había llegado a casa después del colegio y no había nadie más que él, y este, completamente borracho, la llevó a empujones hasta su habitación, cerró la puerta y bajándose los pantalones la obligó a colocarse su pene en la boca y a chuparlo.

Ella sentía aún un gran asco ante eso. Primero le pedí que se viera a sí misma en ese momento dentro de la escena que tenía lugar, para después abandonar la habitación y seguir contemplando lo que ocurría en ella como la adulta que hoy era, manteniéndose lejos de allí. Le hice que me describiera lo que veía como si fuera alguien ajeno a todo aquello.

Con este ejercicio pudo verse como una niña pequeña al lado de alguien adulto que la obligaba a hacer cosas y logró contemplar a la niña de la escena como a una niña inocente. Al final, comprendió que ella no podía controlar la situación ni hacer nada diferente de lo que pasó. De alguna manera se perdonó a sí misma.

Sonia me explicaba que estar en casa sin su madre era sinómino de terror. Lo peor era la incertidumbre, la sensación de inseguridad en la que vivió durante años, el miedo de que cualquier cosa terrible podía suceder en cualquier momento...

Por eso, en cuanto pudo, se fue de casa alejándose lo más posible de la pareja de su madre. El primer novio que tuvo lo aprovechó para huir. Ahí empezó una serie de relaciones de maltrato.

Los sentimientos congelados

Avanzamos poco a poco en el trabajo terapéutico. Iniciamos un trabajo en el que ella pudiese contactar con las emociones y lograra expresar todos sus sentimientos congelados: soledad, aislamiento, miedo...

Hasta que contactó también con la rabia hacia las personas adultas que había entonces a su alrededor.

Conseguimos que se enfadase con el abusador, pero fue mucho más difícil que conectase con la rabia hacia sus padres. Ella continuó con el trabajo corporal, moviéndose, y en ese camino aparecieron nuevas sensaciones escondidas en su memoria corporal que fuimos trabajando.

Un día, moviendo la pelvis de forma continuada durante un buen rato, Sonia conectó con la vergüeza y el miedo: el miedo a sentir. Y fue valiente, y se lanzó para atravesarlo, y siguió moviéndose sin parar hasta que el miedo dio lugar a la rabia.

Es increíble escuchar cómo la rabia surgida de sus mismísimas entrañas le daba tanta fuerza y poder

Pudo sentir cómo la energía salía directamente de su vulva y se liberó. La sensación después de ese tránsito fue de una enorme ligereza. Le propuse leer el libro Las diosas de cada mujer y eso le permitió conectar con su parte más divina, recuperando el poder sobre sí misma y también su valor.

Aprendió a ver su sexualidad como una fuente de placer. Después realizó un curso de tantra y, al final, la entrega pudo llegar sin dolor. El orgasmo no era ya una finalidad, sino que las relaciones sexuales se convirtieron en una forma de contactar íntimamente con el otro.

Su proceso está todavía en marcha y uno de los grandes dilemas que aún tiene por resolver es cuándo le contará a su madre y a su hermana lo que vivió; con las consecuencias familiares que esto implicará. Otra cuestión pendiente es si denunciará algún día a su padrastro.

5 pautas para la liberación

El abuso infantil es más frecuente de lo que creemos debido a nuestra violenta cultura patriarcal y a la vulnerabilidad de los niños. Que sea un tabú no ayuda a dejarlo atrás. Pero se puede.

1. Detectar los abusos por parte de la familia

Es difícil porque casi todos los miembros, inconscientemente o no, realizan una negación, todos tienen un pacto de silencio y mantienen la normalidad. Muchas veces el abusador se cree con derecho a hacer lo que hace o lo encuentra justificado.

Un ejemplo: la sodomización forzada y pública a la que Bertolucci sometió a Maria Schneider en nombre del arte en la dura escena de El último tango en París.

2. Consumo de drogas y alcohol

Los abusos muy a menudo están estrechamente relacionados con el alcoholismo y las drogas. Sirven para poder ocultar lo sucedido y también para sobrellevar todo lo que se ha sentido.

3. Aceptación incondicional

Para ayudar a alguien que ha sufrido abusos resulta crucial la aceptación incondicional de su palabra cuando nos lo cuenta, así como acoger todas las emociones que surgen ante el relato por muy increíble que nos parezca.

4. Un espacio de expresión emocional, siempre al lado de un experto

Estas personas sienten mucha culpa, vergüenza y miedo. Todas ellas son emociones que hay que expresar, transitar y soltar a través de la aceptación:

  • El asco suele aparecer de forma recurrente en las personas que han sufrido abusos. Una posibilidad para transitarlo consiste en escupir reiteradamente hacia fuera lo tragado.
  • El miedo hay que aceptarlo y dejárselo sentir: porque era una situación en la que lo normal era sentir ese temor.
  • La culpa se transita devolviendo la responsabilidad a quien la tenía y recuperando la bondad, sabiendo que el amor ha sido el motivo por el que se ha aguantado para evitar dolor a la familia.
    También ayudará la expresión artística de las emociones y los recuerdos para poder procesar todo lo vivido más allá de las palabras.
    Soltar la rabia ayudará a sanar las heridas y a conectar con la tristeza y el dolor sufrido. Este último punto nos encaminará hacia la aceptación de la situación. Es importante tener en cuenta que todas estas emociones son frecuentes, pero no exclusivas de los casos de abusos.

5. La importancia del trabajo corporal

Resulta imprescindible incorporarlo porque el abuso queda registrado en el cuerpo y es el cuerpo lo que se debe sanar. Debe ser realizado por un experto que haga emerger recuerdos que pueden ser difíciles de transitar y sostener. A menudo, las personas que han sufrido abusos tienen una relación complicada con su cuerpo, están escindidas de él, lo rechazan y lo maltratan padeciendo trastornos de alimentación.

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suscribete Octubre 2017