Sobrediagnóstico

¿Somos todos autistas?

En los últimos años el incremento de casos de autismo se ha convertido en algo parecido a una moda. Analizamos llos intereses que pueden explicar este fenómeno.

María José Muñoz

¿Somos todos autistas?

De un tiempo a esta parte se ha extendido una facilidad insensata en definir como autismo cualquier comportamiento relativamente extraño de un niño. Más que una moda o una tendencia, hay algunas razones que pueden explicar esta sobrediagnosis.

El sobrediagnóstico del autismo es oficial

Actualmente se puede hablar claramente de un sobrediagnóstico del TEA reconocido por el propio centro para el control y prevención de enfermedades (CDC) y se calcula que en 2015 ya estaba en un 13,1%.

En España se ha pasado en los últimos 25 años de un caso por cada cinco mil niños, a uno por cada 150.

Esta cifra se podría quedar corta, puesto que el nuevo DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales que publica la Asociación Estadounidense de Psiquiatría) ha relajado aún más los criterios para considerar a un niño o a un adolescente autista.

Por otro lado, quienes etiquetan los casos puede provenir del mundo escolar, médicos generalistas, pediatras o asistentas sociales que, por una visión sesgada o intereses de distinta índole, pueden forzar a admitir como autista a niños que manifiestan comportamientos no compatibles con los considerados deseables o correctos para ellos.

Acceso a ayudas: un arma de doble filo

Otro factor que influye es que el diagnóstico de autismo facilita enormemente la posibilidad de acceso a servicios y ayudas sanitarias, sociales y educativas que supuestamente compensarían las disfunciones que puede sufrir determinado sujeto.

Esto es un arma de doble filo ya que, si bien puede haber una buena voluntad por parte del profesional para que el paciente se pueda beneficiar de esa vía, lo cierto es que se pueden atribuir a ese diagnóstico las problemáticas que puedan originarse y, o bien desistir por considerarlo irrecuperable, o bien discriminarlo y dejarlo fuera de juego.

Es decir, puede ser víctima de una estigmatización.

¿Diagnosticamos demasiado o diagnosticamos mejor?

Los psiquiatras y psicólogos que tienen una visión biologista y que siguen al pie de la letra el DSM atribuyen este aumento espectacular de los diagnósticos de TEA a que poseen mejores herramientas para ello.

Sin embargo, si se analiza fríamente la definición que se hace de él, se puede comprobar que es excesivamente amplia y que caben un montón de comportamientos infantiles como retraso o alteraciones del funcionamiento antes de los tres años de edad en una o más de las siguientes esferas: interacción social y comunicación, patrones de comportamiento e intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.

Una perspectiva parcial

Esta diagnosis es muy grave si tenemos en cuenta que para estos expertos se trata de una enfermedad crónica, incurable e incapacitante para siempre. Ofrecen medicamentos paliativos que ni siquiera son específicos sino que van desde los ansiolíticos hasta lo antipsicóticos y derivados de anfetaminas, y estos inciden negativamente en el desarrollo cerebral e incluso fisiológico del niño.

Por su parte, los diagnosticados pueden acceder a especialistas de fisioterapia, logopedas y psicólogos conductuales que van cada uno a los síntomas que pueden aparecer y parcializan al sujeto sin que haya un lugar donde se contemple en su totalidad.

Origen y núcleo autista

Sin embargo, si nos dirigimos hacia esa visión más global y dinámica del ser humano, podemos comprobar que, en realidad, todos partimos de un núcleo autista, ya que provenimos de un medio protegido de cualquier inquietud interna o externa, como es el vientre materno.

Por esa razón, al comienzo todo nos será extraño, tanto lo que sucede dentro del cuerpo como fuera de él. No habrá reconocimiento de que el objeto satisfacción de las necesidades proviene del cuidador, ni tampoco del cuidador mismo.

Solo muy lentamente se irá construyendo el núcleo de lo que será el individuo, de los objetos de fuera y de las personas que le rodean. Este pasaje puede ser más o menos largo, complejo y con multitud de vicisitudes y es uno de los motivos principales por el que no debemos precipitarnos en sacar conclusiones rápidas sobre la evolución del pequeño.

A la vez, hemos de seguir cuidadosa y dulcemente su encuentro con ese nuevo hábitat.

Enfoque global

Si ya han aparecido algunas señales que revelan contrariedades en el proceso, en España contamos con buenos profesionales (por ejemplo TEAdir) que apuestan al máximo por el sujeto como totalidad y en todas sus dimensiones. Ahí está la clave de su futura independencia, que es también una de las mayores preocupaciones de los padres.

suscribete Octubre 2017