Cuidados en el embarazo

Vivir la gestación de forma natural

Dejarnos guiar por nuestra fuerza interior hará del embarazo y el parto una experiencia única.

Enric Costa

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Tener hijos supone desarrollar un proceso natural, una capacidad innata, un poder que es inherente a la naturaleza más genuina de la mujer: el de crear y mantener la vida en su interior. Para llevarla a cabo con mayores garantías de éxito, la gestación no puede tomarse como una actividad más a la que dedicar una parcela de tiempo de una vida agitada.

Todo lo contrario, la mujer que decide tener un hijo necesita saber que la aventura que va a emprender tiene un carácter total, que puede convertirse en una experiencia holística. Será uno de los acontecimientos más importantes de su vida, por lo que a este genuino proceso de creación debería supeditar el resto de sus actividades, al menos durante un tiempo.

Es una época en que la mujer puede sentir todo su poder. Durante estos nueve meses, la mente necesita tranquilidad y equilibrio, y el cuerpo, buenos alimentos y hábitos saludables.

Durante estos meses, es fundamental que la mujer gestante viva en un ambiente positivo ante el acontecimiento que se acerca; el equilibrio emocional y la seguridad de su pareja son esenciales para poder superar los momentos de dificultad; la lectura, la música, las conversaciones, los sentimientos... alimentarán el cuerpo psíquico de la gestante tanto como los alimentos físicos lo harán con su cuerpo físico.

De ahí la importancia de procurarse un ambiente psíquicamente sano durante todo este periodo, evitando las dudas y vivencias negativas: noticias, melodramas, imágenes de violencia, pensamientos de incertidumbre o terror.

La embarazada también se beneficiará del contacto positivo con su madre y con otras madres gestantes, puesto que esta relación le aportará seguridad, respuestas a esas preguntas viscerales que su pareja no tiene la capacidad de responder, y le hablará directamente de su naturaleza más genuina. De este modo, la psique de la mujer gestante conecta con la de la madre Tierra y, así, como hija de la Tierra, disfruta de su misma fertilidad y tiene el poder de dar forma a sus hijos.

El cuidado del cuerpo en el embarazo

En cuanto al cuidado del propio cuerpo, y, consecuentemente, del bebé, es prioritario alimentarse bien. Existe una semejanza entre la mujer gestante y el labrador o agricultor, puesto que la mujer va a ver crecer a un ser vivo, su hijo, y, como el agricultor, tendrá que atender a esas necesidades de crecimiento, empezando por contar con una buena tierra que, siguiendo ese paralelismo, se corresponde con el cuerpo de la mujer.

Lo primero es, pues, hacer limpieza. Es recomendable realizar, previamente a la concepción, un régimen depurativo y revitalizante durante unos meses: algunos días de ayuno, periodos de dieta frutal y, en general, buenos alimentos de origen ecológico y natural. Y desde luego, dejar por completo malos hábitos y pequeñas costumbres tóxicas que se hayan practicado en el pasado.

Una vez limpia la tierra y sembrada la semilla, hay que proveerla de todo lo necesario: la mujer, como agricultora de su propio huerto, debe comer bien y abundantemente, dejarse llevar precisamente por esos gustos extraños que no había saboreado antes, por sus ataques de hambre a media mañana; su hijo se comunica con ella con ese lenguaje visceral y de sensaciones.

En una dieta variada y continua, de origen ecológico, no existen carencias nutricionales y, por lo tanto, no hay que aportar ningún elemento extra, ningún complejo vitamínico, pero, en caso de necesitarlos, es mejor modificar la dieta o recurrir a preparados naturales y libres de manipulación química. Si durante este tiempo apareciera algún problema de salud, conviene tratar las enfermedades con métodos terapéuticos naturales y ecológicos, nunca de
origen industrial o sintético.

Por último, a la gestante le beneficia permanecer en un medio ambiente limpio, de aire y aguas puras, en el que pueda sentir a ratos el calor del sol sobre su vientre, dar paseos tranquilos y bañarse en el mar o en un río. El contacto con el latido de la naturaleza armoniza y tonifica las energías de la madre y de su hijo; la gran madre nutre a su hija y esta nutre al suyo, que crece en su interior.

La capacidad natural de parir

Así como ha sido la gestación puede ser el parto. Si la embarazada sigue dejándose llevar por el poder ancestral que ha dirigido su vida en estos nueve meses, estará atenta a las señales de que el parto se acerca, sin miedo, puesto que dar a luz es un proceso natural que la mujer está capacitada para llevar a cabo sola; si cuenta con la ayuda de otras mujeres y matronas, mejor.

En caso de retraso, es bueno ser paciente: cada niño tiene su tiempo y no es necesario adelantar el parto, sino esperar a que todo se cumpla, eso sí, dentro de unos márgenes y si no existen signos de enfermedad o complicación.

Elegir dónde y en qué posición quiere parir facilitará el proceso, así como poder moverse con libertad. y cuando nazca el bebé, el pecho de su madre se convertirá en su mundo y la leche que mane de él será su mejor alimento, el que mejor le nutrirá, el idóneo para las defensas orgánicas del bebé y para su crecimiento.

Etiquetas:  Salud Maternidad

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