Emociones reprimidas

Somatizaciones: cuando el cuerpo nos habla

Nos manda mensajes que deberíamos escuchar. Muchas emociones que no verbalizamos hallan su vía de escape: dolor abdominal o de cabeza, manchas en la piel...

Anna R. Ximenos

somatizacion

Pruebas y más pruebas. Muchos pacientes son derivados de un especialista a otro sin que se termine de vislumbrar nunca el origen real de su malestar. Contracturas constantes, problemas en la piel, malestar abdominal... Muchas emociones o dificultades que no somos capaces de verbalizar encuentran esta vía de escape.

El cuerpo nos manda mensajes

Mónica, estudiante de enfermería de dieciocho años, antes de cada examen, pierde el apetito, el estómago se le cierra como una compuerta. Aunque sabe que para que su cerebro rinda al máximo tiene que alimentarse bien, no le entra nada: puede llegar a perder tres o cuatro kilos.

Rodrigo, cincuenta años. Después de veinte de casado, se está separando. Se trata de una separación cariñosa, pactada y entendida paso a paso; pero desde que le llegaron los papeles definitivos del divorcio, le han salido pequeñas manchas por todo el cuerpo, sobre todo en el rostro y la espalda.

Julia, de nueve años, es asmática. Su padre viaja mucho y la madre se ha percatado de que, cada vez que le anuncian que el padre se marcha de viaje, la niña se pone peor y comienza a ahogarse. ¿Casualidad?

Paco, treinta y cinco años, no se encuentra bien, pero no sabe qué le sucede. Este año no para de coger un resfriado tras otro. Se ha hecho analíticas y parece que todo está correcto. Durante la semana logra mantener el ritmo del trabajo, pero cuando llega el sábado no le queda más remedio que guardar cama.

Todos estos ejemplos no son casos aislados, se calcula que en un porcentaje que varía entre un 10% y un 30% del total de las consultas que se realizan en Atención Primaria no se encuentra causa orgánica a la queja del paciente. Es decir, no existe una evidencia biológica de enfermedad orgánica.

¿Dolencia mental o física?

Un error de peso de la medicina occidental ha sido dividir las enfermedades en físicas y mentales. Esta dicotomía nace del pensamiento de René Descartes, filósofo que estableció una tajante línea divisoria entre el cuerpo humano y la mente.

La medicina occidental ha seguido este paradigma y, tradicionalmente, para que una enfermedad sea considerada orgánica se ha debido comprobar algún daño en la estructura del cuerpo. En caso de no hallarse, se interpreta que la enfermedad no existe o que pertenece al campo de la salud mental.

Psicoanálisis: la cura mediante el habla

Curiosamente, fue al nacer el psicoanálisis cuando se señaló por primera vez la importancia de aquello que nos dice el cuerpo. Los primeros pacientes estudiados por Sigmund Freud fueron casos de conversión y somatización, como las pacientes histéricas que dejaban de caminar, de ver o de mover alguna extremidad por un mal psíquico que no podía ser expresado, hasta entonces, con palabras.

Las personas empezaron a hablar de sus angustias y miedos, y no de sus síntomas físicos, gracias a la psicología.

Tristes y crueles experimentos con animales demostraron en la década de 1970 que, si se les estresaba lo suficiente (con un terrible repertorio de torturas psicológicas), ratas, monos y terneros terminaban desarrollando úlceras, sangrados digestivos y un gran repertorio de enfermedades que solo podían tener un origen psicológico.

Estos experimentos y otras investigaciones condujeron al conocimiento de lo que hoy llamamos “somatización”:

Es el proceso por el que desarrollamos síntomas físicos recurrentes, como dolores de cabeza, náuseas y vómitos, debilidad o problemas musculares, que no parecen tener una causa determinada por muchas pruebas que se realicen.

Todos hemos somatizado en algún momento de nuestra vida; el problema es cuando esto nos impide mantener nuestra vida cotidiana.

Psicosomático no significa "inventado"

En el lenguaje común, a una enfermedad calificada como psicosomática acostumbramos a adjudicarle tres posibles significados:

  1. La enfermedad es puramente mental y, por lo tanto, controlable.
  2. Se trata de un trastorno inexistente, es decir, producto de la imaginación de quien la padece.
  3. El paciente es culpable de los síntomas y de su propio sufrimiento.

Un buen ejemplo es el cambio que ha experimentado la definición de términos como la fibromialgia. Se decía que el dolor de la fibromialgia era imaginario, que todo estaba en la cabeza del paciente. Hoy está de sobra demostrado que, a pesar de no encontrarse una disfunción orgánica concreta en el paciente, la fibromialgia y su dolor existen y son altamente discapacitantes.

Somatizar no es un bichito

No le quites importancia

Somatizar no es un bichito

Otro ejemplo interesante es que, actualmente, cualquier unidad hospitalaria de tratamiento del cáncer cuenta con psiconcólogos entre los miembros de su equipo, porque se ha comprobado que un buen apoyo psicológico mejora tanto la calidad de vida como el pronóstico de estos pacientes.

Así somatizamos

El modo en que manifestamos las emociones y los conflictos es muy diverso pueden aparecer:

  • Dolores abdominales
  • Problemas respiratorios,
  • Problemas sexuales
  • Patologías neurológicas...

Entre los trastornos totalmente ligados a las emociones destacan las enfermedades dermatológicas y muchas patologías intestinales.

El eslabón perdido: el sistema inmunológico

Recientes investigaciones relacionadas con la psiconeuroinmunología apuntan a que el sistema inmune es el eslabón perdido que hace de puente entre lo mental y lo físico.

Los impactos emocionales tienen una traducción en el cuerpo por medio de nuestro sistema inmunitario, así como del hormonal y el nervioso.

Se ha demostrado que la vulnerabilidad al estrés tiene mucha importancia. Los más atrevidos postulan, incluso, que el estrés no es algo inespecífico que viene de fuera y que el individuo es incapaz de afrontar con sus propios recursos, sino que existen diferentes modalidades de estrés que podría dividirse a su vez en diversos factores que afectarían a distintas áreas cerebrales.

Tener una red de apoyo social y unas relaciones positivas, cálidas y amorosas con familiares, amigos y compañeros ayuda a reducir el estrés.

Que el cuerpo habla o intenta hablar resulta cada vez más evidente. Es necesario desarrollar técnicas que permitan traducir a nuestro lenguaje médico-social lo que nos dice a través de los órganos, las funciones y las vísceras.

Así llegaremos a tratar con éxito el gran porcentaje de enfermedades que escapan hoy al control del diagnóstico clásico y que merman la calidad de vida de quienes las padecen.

suscribete Octubre 2017