Meditar con piedras

Testimonio

La escultura surgió de mi interior

Conectar con nosotros mismos mediante la meditación o la atención a la respiración puede ayudarnos a sacar al artista que llevamos dentro

Pedro Durán Pozo

Recuerdo que era una noche de verano en la que coincidían gente, lugar y tiempo. Estábamos tomando un té y manteníamos una conversación interesante. Hablábamos de la vida en un tono tranquilo y armónico. En aquel momento, me sentía inmerso en una paz mágica conmigo mismo: estaba abierto a la vida, lejos de preocupaciones, sin sombra de estrés. Solo estaba en el momento presente, aquí y ahora.

Fue justo entonces cuando alguien me mostró una fotografía de unas piedras que parecían estar formando una bella escultura y que se mantenían en su posición únicamente con la fuerza de la gravedad. Me quedé mirando la imagen asombrado. Algo dentro de mí me decía que yo podía llegar a crear aquellas formas, que, en aquel instante, tenía las herramientas necesarias para lograr aquel arte.

Al día siguiente, una fuerza interior me impulsó a intentarlo y... bueno, no fue tarea fácil. Tuve que comenzar de nuevo una y otra vez, hasta que fui dándome cuenta de que aquello requería otra perspectiva técnica. Me senté en posición de meditación sobre un puñado de piedras y respiré profundamente, visualizando mi objetivo con los ojos cerrados. Cuando los abrí, me encontraba en un estado que me llevó a colocar piedras, una sobre otra, como si de algún poder mágico se tratase...

Que surja el artista que todos tenemos dentro

El método más práctico que existe para aquietar la mente es respirar profundamente. Se dice que, al inspirar, entramos dentro de nosotros y, al espirar, nos entregamos. Algo de eso experimenté aquel día. Después de aquellos minutos de respiración profunda, una gran concentración guiaba por completo mi mente y mi cuerpo. Mi respiración era fluida y serena. Mis ojos se dejaban llevar por el movimiento de mis manos.

Me senté en posición de meditación sobre un puñado de piedras y respiré profundamente, visualizando mi objetivo

Así empecé a construir esculturas con piedras en equilibrio. Encontré la armonía que siempre había estado buscando a través de ese estado de percepción y sensibilidad que alcanzo gracias a la conexión entre mi cuerpo y algo tan simple como unas piedras.

Siempre que tengo algo de tiempo libre, cojo la mochila, la cámara de fotos y mi traje de neopreno. A veces voy a un río, a veces a un lago o, simplemente, a un bosque. Recojo un puñado de piedras, las que me llamen más la atención, y busco un lugar que me inspire. Una vez allí, intento conectar con lo que me rodea: dejo que me envuelva el sonido del agua, de los pájaros...

Percibir de esta forma la naturaleza hace que me sienta en el estado de sensibilidad adecuado para lo que deseo lograr. Hay esculturas que completo en una hora; para otras necesito hasta cuatro horas, durante las cuales tengo que mantenerme en una posición meditativa y de quietud.

Desconectar y empezar a sentir emociones

Es vital desconectar mi mente y conectar con mis sensaciones. Si pienso, difícilmente terminaré la obra. Por ello siempre intento realizar el trabajo en soledad para obtener buenos resultados. Por otra parte, conseguir concentrarme en medio de una multitud también me supone un reto. A veces, sobre todo en los últimos momentos de la escultura, es incluso necesario contener la respiración, ya que un solo suspiro puede llegar a derribarla.

El control de la respiración es esencial: es ella la que dirige mi cuerpo y mi mente. Por eso es tan importante la práctica de la meditación: desarrollándola se pueden llegar a lograr cosas sorprendentes. Las imágenes hablan por sí solas... todo es posible.

Es vital desconectar mi mente y conectar con mis sensaciones. Si pienso, difícilmente terminaré la obra

Las reacciones de quienes observan mi trabajo suelen ser de incredulidad: “Eso lleva algún tipo de pegamento, o barro”. Los niños son diferentes: “¡Corre, mamá, papá, este hombre hace magia con las piedras!”. Y enseguida se ponen cerca de mí a colocar unas piedras sobre otras, de cualquier forma, pero llenos de entusiasmo. Esta es una de las cosas que más me emocionan y me animan a seguir poniendo piedras en equilibrio.

Es difícil describir con palabras lo que siento creando las esculturas. En cualquier caso, es un estado muy personal y especial. Quizá no sea muy diferente al de un pintor, músico o escultor cuando están metidos de lleno en la creación de una obra.

La diferencia es que mis esculturas son efímeras: la gravedad y el equilibrio al servicio de un instante. Es por eso por lo que las fotografío: una vez que estoy en casa, puedo sentarme a contemplarlas de nuevo y volver a sumergirme en el estado en el que me encontraba al realizarlas.

Es aquí donde está la verdadera magia: mientras creo estar buscando el equilibrio de unas piedras para formar una escultura armoniosa, lo que en realidad estoy equilibrando es mi propio interior.

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