muerte-padre

Superación personal

Un niño ante la muerte de su padre

Con tan solo 8 años tuve que afrontar la muerte de mi padre, a quien estaba muy unido. La rabia, el estupor y la rebeldía fueron los primeros síntomas que aparecieron en escena. Después vino la depresión, algo con lo que todavía hoy sigo luchando.

Rafael Narbona

Perdí a mi padre a los ocho, casi nueve años. Mi memoria conserva intacto el recuerdo del dos de junio de 1972, cuando un infarto de miocardio acabó con su vida.

No he olvidado su voz grave y amorosa. Dicen que me parezco a él. Yo he seguido sus pasos: profesor, periodista, escritor. Pero hay una cosa que nos diferencia: mi padre era un hombre optimista.

La muerte de un padre, desde los ojos de un niño

Yo lucho contra la tristeza desde su muerte. ¿Es posible explicar lo que significa perder a un padre muy querido a los ocho años?

Me resultaba inconcebible pensar que mi padre ya no podría pasear conmigo por el parque, que no abriría la puerta de la calle cargado de tebeos, que no volvería a sentarme en el sofá de su despacho para que le hiciera compañía.

Durante los recreos, buscaba la soledad, el aislamiento. Estaba abatido y rabioso. Me preguntaba por qué me había tocado a mí. Al contemplar a los padres de otros niños, sentía lástima de mí mismo. Pensaba que era el ser más desdichado del mundo.

Una adolescencia marcada

Si mi niñez fue complicada, mi adolescencia fue enormemente conflictiva. No estudiaba ni me planteaba trabajar, no soportaba ni la más leve forma de autoridad, no respetaba horarios ni normas, a veces adoptaba comportamientos antisociales.

Leer Crimen y castigo cambió mi vida. Descubrí la literatura, empecé a estudiar, soñaba con ser escritor. Me matriculé en filosofía y terminé la carrera con excelentes calificaciones.

La madurez y algunas claves para superar la pérdida

Durante mucho tiempo, idealicé a mi padre, ignorando que nada nos habría eximido del ineludible choque generacional. Madurar tardíamente me ayudó a recuperarlo en su dimensión humana, como un ser real, entrañable e imperfecto.

Ahora, gracias a la amistad, el amor, la meditación y la psicoterapia, me siento más cerca de él y la tristeza se ha convertido en apacible nostalgia.