Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Maltrato impune

El acoso cotidiano

La revolución feminista será lenta y no será guay. Porque hay que cambiar nuestra forma de gestionar las pequeñas cosas y ahí a ver quien mete mano.

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27 de septiembre de 2018, 17:46 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Este fin de semana ha sido intensito, tanto es así que he estado pasando el primer gripazo de la temporada y no estamos casi ni en otoño (algunas, digo, que luego recibo mensajes desde Buenos Aires, por decir algo, hablándome de 25 grados y primavera, que ya os vale).

Total, intensito, entre otras cosas porque he tenido que lidiar por enésima vez con un señoro que se dedica a acosarme desde hace ¿qué? …¿cuatro años?… algo así.

Conmigo es acoso de baja intensidad. Esto es: se plantifica en todos mis actos públicos y se pone intenso allá. Intelectualmente intenso, verbalmente intenso, corporalmente inteso. Ocupa todo el espacio del mundo, secuestra el acto y acabo confrontándolo porque no deja hablar a nadie. Entonces corre a su guarida de las redes a lloriquear que le he hecho nosequé y que soy mala muy mala, algo que jamás negué.

Así llevamos 4 años.

Este fin de semana el señoro ha vuelto a aparecer y lo han neutralizado antes de que llegase a mí, cosa que nos ha permitido hablar del tema. Y, queridas Insanas, una vez más constato con desazón, con depresión, con asco, lo difícil que es reaccionar ante un violento real, con cara y nombre. Especialmente, si es “nuestro” violento.

Este personaje en cuestión ha sido denunciado infinidad de veces. Y, ojo, este artículo no va de mí. Yo estoy super protegida en el espacio público, que es donde él puede darme caña porque al privado no tiene acceso. Pero este señoro tiene un montón de denuncias acumuladas que incluyen violencias en la pareja, y no en una solo. Y, aún así, a pesar de ser un caso tan claro, no logramos pararlo.

En mi explosión de partículas cerebrales matutina tengo dos ideas que no me dejan vivir respecto a este tema.

  • Conmigo será distinto. Cada vez que el señoro se ennovia hay alguien que va a avisar a la novia de que el colega es chungo. E infinidad de veces la respuesta de la novia ha sido “a mí no me ha hecho nada” y cosas por el estilo. Cuando decimos que el amor romántico mata también nos referimos a esto. El amor disney, como yo prefiero llamarlo, nos hace creer que con nosotras será diferente porque, hola, nosotras somos mejores. Confrontación femenina al canto y vulnerabilidad total ante el maltratador. Festival.
  • Aterrizar la violencia. Todas tenemos muy claro que no es no, que decía yo la semana pasada, y que las violencias, y los acosos y todo eso. Pero cuando el colega tiene nombre, cara y cuerpo, la cosa se pone bastante más dura. Porque hay que hacer alguna cosa, y nadie quiere mojarse, nadie quiere quedar mal, y nadie quiere follones. Queremos hacer la revolución solo a base de cosas muy grandes y llamativas y sin caer mal, algo bastante complicado.

La revolución feminista no será guay, la verdad. No será del guay ese de los héroes en la calle y blablabla, de las tomas de las bastillas y nosequé. La revolución feminista va de las formas en que hacemos las cosas, de la manera en que damos respuesta, de cómo hacemos bosque, de qué manera nos protegemos unas a otras y de muchas cosas que son sutiles, que son silenciosas, pero que son imparables.

Del follón de este fin de semana ha salido una grupo que va a pensar maneras de responder, cuidar y proteger ante estas agresiones. No sé si ya lo he dicho, pero la revolución feminista será lenta. Y está bien que lo sea, aún para drama de las impacientes.

¡Feliz semana, Mentes!

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