Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Pactos

Las amantes de mis amantes no siempre son mis amantes

En el poliamor, las jornadas de puertas abiertas no siempre acaban bien. Ventajas y desventajas de ser una Buena Poliamorosa® o una Poliamorosa Chunga®.

poliamor amantes

21 de marzo de 2018, 09:24 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Imaginemos esta escena: sales una noche, conoces a alguien, te enrollas y al día siguiente esta persona se planta en casa de tu madre para conocerla y presentarse y tal.

Os dejo un ratito en blanco para que os riáis y luego ya seguimos.

Pues esta situación tan cómica, tan de salir corriendo, tan de flipar en colores, tan de todo, nos pasa en el poliamor día sí, día también. Tu amante se acuesta con alguien y al día siguiente tienes a esa persona en la puerta de tu casa, real o virtual (la puerta y la persona, ya me entendéis).

Para conocerte, dicen.

Vamos a ver: lo de conocer a la familia, al entorno cercano, incluso a los amigos, no es algo que se haga después de un polvo, por muy bueno que fuese el polvo.

En cualquier mundo eso forma parte de un proceso de formalización, de introducir a alguien en tu vida y no en tu cama, y normalmente es algo consensuado entre la persona presentada, la persona que presenta y el entorno. Rollo: mamá, que traeré a alguien a comer. ¿No? ¿Pues por qué mil demonios eso no se aplica a las relaciones poliamorosas?

Pues porque estamos medio flipadas, en general.

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​Y es queda demás, el tema es muy complejo. Por lo menos en estos tres aspectos:

1. En las relaciones poliamorosas hay un montón de pactos

No os engañéis: en monogamia hay infinitos pactos, pero son implícitos, no se hablan porque se sobreentienden. Pero nosotras los hablamos y los decidimos. Decidimos si nos explicamos los polvos o no, o cuánta información damos de esos polvos.

Ya sé que la moda es decidir cómo se hace bien esto del poliamor y cómo se hace mal, pero, queridas Mentes, como vieja y zorra os lo digo:

El poliamor no funciona a base de perfecciones hipotéticas sino a base de cuidados reales y de mucho, mucho, mucho tacto.

Vamos, que como decía un personaje que perpetré una vez, eso de la teoría está muy bien, pero cuando llegan las noches de invierno y hace frío no es Simone de Beauvoir la que te viene a arropar y a hacerte la cucharita. O qué.

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2. Lo del consenso también opera aquí

Para que se produzca un encuentro formal tenemos que haberlo consensuado entre todas, que es una cosa que suena a tribunal militar pero que es algo tan sencillo como decir: "oye, ¿te apetece conocer a tal?".

3. Las preguntas tienen más de una respuesta

Cuando se hace una pregunta a alguien, y sé que esto es algo muy siglo XX, tienes la posibilidad de que te digan que no. Porque si en tu pregunta no va esa posibilidad implícita, no es una pregunta, sino otra cosa.

La Buena Poliamorosa® y la Poliamorosa Chunga®

Yo también fui una Buena Poliamorosa® durante un montón de años. Amante de amante que llamaba a la puerta, ahí estaba la puerta abierta de par en par, yo con mi mejor sonrisa y el corazón en la mano para acoger acoger acoger. No os voy a mentir: algunas veces salió bien.

Pero siempre fue gracias a que la persona que llegaba era prudente, cuidadosa y no me quería ningún mal, lo cual incluye no quererme zumbar a mi amante ni siquiera a medio plazo. Porque, también os lo digo: de entrada a todo el mundo le parece bien que haya más gente.

Imagínate, ¡qué moderno y qué guay todo!

Pero cuando nos enamoramos, si nos enamoramos, es cuando viene el poliamor de verdad. Entonces, sí, algunas veces salió bien y otras salió mal. Pero si abres la puerta de par en par y tienes delante a una apisonadora, ya puedes echar a correr, así que mejor abrirla con cuidadito y viendo quién está al otro lado.

Como yo el cielo poliamoroso ya me lo he ganado, hace tiempo que dejé de ser la Buena Poliamorosa® para empezar a ser la Poliamorosa Chunga®. ¿Que te enrollas con mis amantes? Todo bien. Pero yo, me cuido. Y cuando le he visto no solo la patita al lobo sino toda la cara y me parece que está bien, entonces abro un poquito la puerta.

¿Y sabéis? Con este método caigo peor a la gente… pero la vida me va bastante mejor.

¡Feliz semana, Mentes!

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