Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

No es no

Necesitas aprender a aceptar un "no" por respuesta

Nuestra forma de (no) gestionar la frustración también puede llegar a ser violenta. Es momento de replantearnos cómo nos tomamos esos noes y cómo mejorar.

no es no

20 de septiembre de 2018, 16:58 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

No es no.

Estamos todas de acuerdo, ¿verdad? Vale, pues feliz semana y todo eso.

No.

Volvamos atrás. Queridas Mentes Insanas: no es no.

Lo llevamos escritos en camisetas, bolsas, chapas, lo coreamos en las manifestaciones, en las fiestas, lo cantamos, lo gritamos, lo escribimos en mil artículos… pero la cosa no cuaja, no acaba de cuajar.

Imagino que estáis esperando un texto sobre violaciones y todo eso. Pero no. Esto quiere ser un texto sobre la poca resistencia que tenemos a algo tan vital, tan corriente y tan necesario como es la frustración. Lo mal que llevamos no salirnos con la nuestra.

Las violaciones son una violencia apuntalada en muchas otras violencias y en muchas otras construcciones, y una de ellas es el inmenso e intenso problema que tenemos para aceptar la frustación.

Somos críos mimados que ya no tienen edad de ser críos ni llevan vida de ser mimados. Pero seguimos con las pataletas constantes porque no sabemos asumir que no es no.

Un "no" cualquiera: no me llames más, no me piropees, no me contactes, no quiero estar contigo, no quiero verte, no me agobies, no quiero salir contigo, no quiero hablar contigo, no quiero decirte cómo me llamo, no quiero sonreír, no, no. Pero también: no quiero hacerte el favor que me pides, no quiero acompañarte a tal o cual lugar, no quiero lo que sea. No. Un no que es no.

Hace unos años, unos estudiantes me pidieron una entrevista a raíz de una charla que iba a dar en su universidad. Yo pasaba un muy mal momento anímico y recibía, además, muchas amenazar por las redes, así que no podía sostener mucha visibilidad. Les dije que no. Insistieron. Expliqué el motivo del no. Insistieron. Repetí que no y me disculpé. Pidieron ayuda a sus profesores.

Seguí diciendo que no, con la ansiedad ya bastante por las nubes. Aquello nos costó 8 mails. Y fue que no, pero tuve que ponerme muy muy seria, y la conversación se acabó con un último mail indignado llamándome cosas feas que no leí más que en diagonal.

Si queremos que el no sea no, tenemos que aprender a recibir los noes. Tenemos que aceptar que los demás no son responsables de nuestras necesidades, que no todo pasa por nuestros deseos, que hay que dejar de insistir hasta que logremos que la otra persona haga lo que queremos aunque sea a su pesar. Y hay que educar a nuestras criaturas en esto. A saber recibir un no, a saber darlo y a saber sostenerlo. A recibirlo y que se mantenga a pesar de las pataletas, los chantajes emocionales, los pollos, los gritos y los llantos. Y tienen que aprender también a sostenerlo tanto como haga falta, que es una cosa tremendamente difícil. A sostenerlo sin pedir ni perdón ni permiso.

Con eso no solo le sacaríamos una pata importante a la cultura de la violación, sino que nos ahorraríamos un montón de violencias cotidianas, un montón de machismo constante, un montón de agotamiento para algo tan sencillo como hacer respetar un límite.

Eso es el feminismo, para mí. La camiseta con eslógan la puede llevar cualquiera. Pero la práctica ya es otra cosa. Y si el feminismo no es una forma distinta de estar en el mundo, mejor seguimos con las camisetas de toda la vida y ya.

¡Feliz semana, Mentes!

Artículos relacionados