Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Rupturas

¿Cómo sabes si has rehecho tu vida?

Una pareja rompe y cada uno rehace su vida. ¿La rehace cómo? Con una pareja nueva. ¿Qué nos dice esto de nuestra cultura amorosa?

rehacer-vida-pareja

9 de noviembre de 2018, 09:36 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Hoy estaba desayunando con mi amora Berta, esa que no quiere que la cite y ya van nosecuantas citas que le hago pero yo no tengo la culpa si la muchacha cada vez que abre la boca nos da para escribir 50 Mentes Insanas. Así que ya le he dicho: o dejamos de hablar, o esto es lo que te ha tocado, querida.

Total, que hoy estaba ella así como muy on fire (Berta acostumbra a estar on fire) por el tema de rehacer la vida. Vamos a ver, encuesta:

Si yo digo que fulanita ha rehecho su vida, qué entendéis?

  1. Que tiene una nueva pareja
  2. Que tiene una nueva pareja
  3. Otras cosas, pero ¿en qué mundo vivís?

Por mayoría aplastante, rehacerse la vida es tener una nueva pareja después de una ruptura. La cosa no es una simple expresión, porque las simples expresiones no existen.

El lenguaje no es inocente, y tampoco es culpable. Lo que es, es intencional, porque de eso va el lenguaje, básicamente.

Lo decía Heidegger, si no me falla la memoria, que me falla, aviso, que no somos nosotras, Mentes, las que hablamos el lenguaje sino que el lenguaje nos habla a nosotras, del rollo complemento directo. O sea, que somos habladas por el lenguaje. Es causa y consecuencia de lo real, qué cosas, surge de la vida y acaba definiéndola y fijándola en la definición.

Si decimos que alguien ha “rehecho su vida”, quiere decir que la vida es la pareja. ¡Tachaaan! Ya puedo cerrar la columna aquí y darme un homenaje del pedazo conclusión así, en 3 párrafos. Pero no lo haré, que queda mucha miga.

La vida es la pareja, ok. Si se acaba una pareja, se deshace la vida. Telita. A la práctica, es bastante cierto: convivencia, economía compartida, criaturas si las hay, animales no humanos varios que cuentan como criaturas, las familias, las amistades, todo ese follón. Y sí, mientras sigamos montando la pareja como fusión-colisión y como centro único de la existencia pues estamos condenadas a esto.

Porque, además, venga, no nos engañemos: todas las parejas son eternas hasta que se acaban, por mucho que se nos atragante el café al leer esta frase. Eso va así, no lo he inventado yo.

Entonces te quedas con una vida deshecha. Y ¿qué haces? Pues lo normal (ejem). Te la rehaces de la misma manera. El cuento de los tres cerditos (¿era ese?) que viene el lobo y tira la casa y tú ¿qué haces? Pues te vuelves a construir una casa igualita convencida de que esta vez no pasará lo que ya pasó.

No es broma: mientras escribo suena Jennifer Lopez, un hitazo de cuidado: ni tú ni yo. No sabría ni por dónde empezar a comentar. Ni tú ni yo haremos caso a la gente, ellos no saben lo que se siente, cuando estamos solo tú y yo.

Bueno, pues sí lo sabemos, querida Insanas. Lo que se siente cuando estamos solos tú y yo y que creemos que es tan especial, tan único, tan increíble, tan flipante y tan de todo, es lo que sentimos todas cuando estamos solas tú y yo y creemos que es tan especial, tan único, tan etc… Si hiciéramos caso a la gente nos daríamos cuenta que no es tan especial sinó que es un poco más de lo mismo, que eso que sientes ya lo sentiste como único 75 veces y lo volverás a sentir 75 más, y que igual ya va siendo hora de que aprendamos a construir las casas de manera que no se las lleve el lobo soplando.

Eso, o seguir haciendo, deshaciendo, rehaciendo para quien tenga aún tripas que lo puedan sostener.

¡Feliz semana, Mentes!

Artículos relacionados