Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Raíces

El infierno somos todas

Aunque seamos seres hipersociales y estemos condenadas a entendernos (nos guste o no), seguimos haciendo del espacio común un lugar inhabitable.

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23 de agosto de 2018, 09:00 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Sin ánimo de amargar, se va acabando el verano y ayer vi Mátrix, dos hechos totalmente aislados pero que voy a relacionar porque tengo la mente en modo explosión de partículas y entonces hace estas cosas.

Se acaba el verano y vamos caminando con firmeza aunque desánimo al regreso hacia el mundo real, con sus horarios, sus follones, sus atascos, sus recibos y todo eso. Pues ayer vi Mátrix y, como sabéis, el mundo está regido por máquinas y solo queda un huequito donde viven seres humanos libres y que se llama Zion, también muy mítico el nombre.

Total, volved sobre la frase: solo queda un huequito donde viven seres humanos libres. Si os estáis quedando con el rollo de libres, cambiad de palabra. La clave es “huequito”. Todo lo que queda de humanidad metida en un hueco, ahí todo el mundo, literalmente, apilotonado y junto. Tus amigas y tus enemigas, tus amantes y tus ex, la gente que te cae fatal (que en mi caso es la mayoría de la gente) ahí todas juntas todo el día todos los días en un espacio pequeño del que no puedes salir porque no hay más mundo que ese.

Sartre decía que el infierno son los otros y Calvino, (Italo, no nos liemos) decía algo parecido, que el infierno lo hacemos estando juntos y que hay que buscar, dentro del infierno, quién no lo es, y darle tiempo y hacer que dure. La cantante rubia de ABBA se retiró al monte cuando el grupo se disolvió, se piró a vivir sola y aislada y que la dejen en paz de una vez. Y, ahora me falla la memoria y estoy en un lugar sin internet así que no puedo hacer trampillas con la cosa de las citas, nosequién decía que cuanto más conoce a los humanos más ama a su perro, situación que comparto plenamente.

A lo que vamos.

Si estamos condenadas a vivir juntas…y lo estamos, no nos engañemos, que hasta la cantante rubia de ABBA necesitó de las demás para hacerse el pastizal que le permitió irse después a vivir al monte como una reina, si estamos condenadas a vivir juntas, digo, porque somos animales sociales e interrelacionados, ¿qué nos pasa?

Hay una bióloga de la que estoy muy enamorada aunque se me murió hace unos años y lo nuestro ya nunca podrá ser, al menos en este plano, que se llama Lynn Margulis y tiene unos libros maravillosos. Y en uno de ellos habla de los bosques de álamos. Si miras el bosque te puede parecer un conjunto de árboles, una suma de árboles, pero por debajo del suelo, cuenta ella, los álamos son una sola raíz que se extiende quilómetros y quilómetros.

Ese es el tema del infierno: que creemos ser álamos cuando en realidad somos una red inmensa de raíces, nos guste o no. Y que todo lo que hacemos tiene repercusiones mucho más allá de la superficie, y todo va, y todo vuelve. Y por eso hacemos infierno, porque lo somos.

La solución, como siempre, parece fácil y tal vez lo es. Dejar de ser infierno para dejar de hacer infierno.

Eso, o irnos a vivir al campo todas aisladas. Y dicho esto, no sé si me está quedando un texto deprimente pero, queridas Insanas, el final del verano siempre fue un poco así.

¡Feliz semana, Mentes!

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