Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Quererse

Menos autoexigencia y más autocuidados

La autoestima no es una cuestión de vanidad. Te ofrezco un principio sencillo: si no dejarías que se lo hicieran a una amiga, no te lo hagas a ti misma.

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26 de julio de 2018, 14:31 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Como llevo ya no sé cuántos posts diciendo, salir de una depresión tiene infinidad de cosas buenas, sin contar siquiera con el hecho mismo de salir de la depresión, que no es poca cosa. Pero además, de pronto, tienes como una perspectiva así como clarividente sobre todo lo que te acaba de pasar, y que mientras estabas en el pozo ni veías, ni entendía, ni nada de nada.

Ando de repaso, por ejemplo, de las conversaciones salvadoras que he tenido en los últimos meses, y una de ellas fue con mi querida B, que no voy a poner el nombre completo que luego todo son cotilleos y eso ya no. Total, que hace unos días estaba contándole no sé qué movidas mías y ella me iba mirando con los ojos cada vez más abiertos y la boca cada vez más torcida y cada vez bebiendo más rápido que así acabó la noche, para qué os voy a engañar.

Porque, ahora lo veo, le andaba contando cosas bastante cutres que me habían pasado últimamente y que yo había acatado así como acata alguien que se merece que le pasen cosas cutres, ¿sabéis lo que digo? Como si fuese normal, como si la vida fuese así y no la he inventado yo.

Pero no. Cuando recuperó consciencia de sí, B me dijo, así bastante seria:

"A ver maja, volvamos a empezar. Imagina que soy yo la que te estoy contando a ti todo esto, ¿tú qué me dirías?"

Y entonces lo entendí.

Porque cuando las cosas esas del sentirte bien te hablan de quererte a ti misma y tal, a mí me entra la pereza y me echo a dormir una siesta. Porque el mundo me parece que está lleno de gente que se quiere demasiado, la verdad, y así anda todo lleno de racistas, machistas, violadores, starlettes de andar por casa y no sé cuántas cosas postmodernas más.

Pero no. El tema no es ese. El tema, ahí vi la luz, es: no te dejes hacer lo que no permitirías que le hiciesen a alguien a quien quieres. Pim pam.

Ya no aquello de no hacer lo que no quieres que te hagan y todo eso, que no está mal tampoco. Pero en temas de autocuidado, la vara de medir debería estar en eso: no te dejes hacer lo que no aceptarías para tus amigas, para tus amoras, para tu gente. Pues para ti tampoco, Insana, que ya está bien de autocastigos.

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Misoginia interiorizada

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Y entonces me puse a pensar en la autoexigencia y la autoestima, porque yo pensaba que la autoestima es gustarse y esas cosas, que yo las tengo bastante bien, gracias. Pero no, no va de gustarse, va de otra cosa. Va de ver cuándo la autoexigencia es una forma de autodesprecio, de autoodio, cuándo la cantidad de broncas que te pegas a ti misma esta inmensamente desproporcionada con las veces que te das las gracias, va de someterte a estricta vigilancia constante, de ser un auténtico peñazo para ti misma. Todo eso que, si se lo hiciésemos a otra persona, merecería una denuncia.

Creo que eso es lo que he entendido esta vez, en este pozo. Que la autoestima no va de arrogancia, sino de tratarse bien, de acompañarse en el camino, de estar a gusto, de hacerse amiga de una misma.

Y paro. Prometí escribir unos meses sobre las cosas bonitas de la vida pero esto ya empieza a ser demasiado.

¡Feliz semana, Mentes!

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