Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

No es no

No es insistente: te está acosando

Seguir intentándolo cuando el otro ha dejado claro que no quiere nada, es acosar. Pero el que persiste quizás no lo ve. Es normal. Normal en una persona acosadora.

acoso cotidiano

15 de noviembre de 2018, 18:15 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas:

Hoy de verdad que escribo desde el hartazgo, con ganas ya de nosequé, de tirar la toalla y a ver si tenemos suerte y le da en la cara a las personas acosadoras que se llenan la boca con el #NoesNo pero cuando les dices a ellas que no, no lo pillan.

Que “no es no” también va por el “no quiero más contacto contigo”, que también va por el “me da igual el motivo del contacto, que no quiero más contacto”, que da igual la razón por la que me estás contactando, que NoesNoesNoesNo.

Pues nada, no funciona. Cuando a alguien se le mete entre ceja y ceja acosarte, pues ya está, a echarle paciencia, ansiolíticos, redes de apoyo y todo lo que puedas echarle, porque no va a parar.

Y no para porque cuando alguien no lo entiende a la primera, ya no lo va a entender. Porque igual es una forma de estar en el mundo, y a la mayoría de gente no le hace falta ni el primer no, sino que ya lo pillamos de entrada, ya nos damos cuenta cuando a alguien no le apetece estar en contacto. Y si no lo tenemos claro, tanteamos. Igual a través del entorno, igual con un mensajito preguntando si puedes tener contacto o no. Y ya.

Cuando alguien ya no lo pilla así, olvidaos: acoso al canto. Hasta que se aburra. Porque yo me digo que tiene que ser muy aburrido estar persiguiendo a alguien que no te da bola, que no te contesta, que no te saluda, que no nada. Pero eso lo digo yo, que no soy acosadora. A la gente que acosa les debe hacer gracia, o les debe dar morbo, o les debe subir el ego, o deben creer que eso es una forma de relación como cualquier otra, fíjate tú cuánta miseria emocional.

El acoso cotidiano

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Total, que solo te queda una solución. Como dice mi amiga QueerPunkRiot, solo te queda pasarte la vida acumulando pruebas. Archivos y archivos de pruebas, allí metidas en tu ordenador, pantallazos, mails, conversaciones, fotos, todo. Hay que guardarlo todo eternamente, porque nunca sabes cuándo la persona acosadora volverá a estar aburrida, volverás a pasar por su cabeza y se dirá: oye, pues me voy a acosar un rato si eso, como quien dice “me voy al cine”.

Si tienes la suerte de que la persona que te acosa tiene amigos aún, cosa que a menudo no sucede porque con estas formas de vivir ya me dirás, pero si tienes esa suerte, puedes intentar que sus amistades le expliquen que, cari, esto que estás haciendo se llama acoso y tal. Ya os aviso que no lo entenderán, pero al menos lo habrás intentado.

Mi consejo para la gente que está leyendo esta columna y que alguna vez le han dicho que deje de contactar y aún así han seguido es que ya, que asuman que están acosando. Que ya sé que no lo ven, pero que precisamente la gracia del acoso es que quien acosa nunca lo ve. Nunca nunca nunca. Así que si te ha pasado, si te han dicho que estás acosando y no lo ves, que sepas que es normal. Normal en una persona acosadora, digo. Que no verlo es parte del acoso.

Y, para la persona acosada, pues solo nos queda eso: pasarnos la vida acumulando pruebas. Y usarlas. A cada vez. Denunciar. ¿Que intenta entrar a trabajar en tu oficina? Tú sacas tu carpetita, y lo dices. ¿Que intenta colarse en tus fiestas? Pues lo mismo. Todo el rato. Eternamente.

Y sí, es muy fuerte la cosa. Porque es muy injusto que tengamos que ir con mandangas en nuestros lugares de trabajo, muy fuerte, muy fuerte que no podamos trabajar como personas normales, sino que lo tengamos que hacer como personas acosadas. Es muy fuerte como te condiciona la vida que te estén acosando.

Yo de verdad que estoy aburrida de vivir así. Pero no me queda otra.

¡Feliz semana, Mentes!

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