Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Quiérete

No más broncas: hazte amiga de ti misma

Este verano no me he ido de vacaciones sola: me he ido conmigo misma.

Querese durante vacaciones

6 de septiembre de 2018, 14:48 | Actualizado a

Querida Mentes Insanas,

Primer jueves de la nueva era, esa que empieza después de cada verano, y yo vengo aquí con la promesa mantenida de devenir un ser de luz, de peace and love, y todo eso. La promesa esta la hago cada dos meses y me dura cinco días, cuando la cosa va bien. Y luego ya vuelvo al cabreo sistémico, a refunfuñar y todas esas cosas. Pero no. Aún no.

Hoy vengo a recordar, como la Pantoja, que hoy viene a confesar, que me he pasado el verano recuperando una relación que tenía algo perdida, algo dejada, la verdad, como olvidada porque está ahí y ya sabes que está ahí y tal vez no hace falta cuidarla tanto porque, a ver, está ahí y de ahí no se marchará.

Este verano me lo he pasado conmigo. ¡Guau! ¡Conmigo! Lo he pasado, tengo que decir, rodeada de gente bonita, pero en el recuento final siempre había el +1 ese de las invitaciones a cosas importantes. Y el más uno era yo. Yo conmigo.

He recordado, por ejemplo, que me hago mucha gracia. Como os lo cuento. Porque yo, a ver, si una cosa tengo, es que soy graciosa. La otra cosa que tengo es que a veces lo que sea solo me hace gracia a mí. Así que he dedicado horas y horas a contarme cosas graciosas y partirme la caja, a darme palmaditas en la espalda y decirme “qué cosas se te ocurren, nena” y a contestarme “ay sí, de verdad”.

Me he dedicado también a preguntarme qué quiero comer, como a una novia de esas en fase de cortejo, y me he puesto a cocinarme riquezas, yo, que no cocino ni que me maten. O a preguntarme dónde me haría ilusión ir, que me llevo. Que me invito. Y hemos ido, yo y yo.

Hace unos meses hablaba con mi amora Berta, que le va a dar la vergüenza mundial de que la cite aquí así que mejor no se lo cuento hasta que sea demasiado tarde, hablaba con Berta digo (segunda vez que la cito) y le contaba uno de los vodeviles amorosos en los que la vida me ha enredado en este último año. Y al final de mi rollo ella me contestó, con toda esa pachorra que tiene y que me encanta:

“A ver, si yo te estuviese contando todo esto, ¿tú qué me dirías?”

Y bum, se hizo la luz.

¿Cuánto hacía que yo no me contaba las cosas a mí misma como si yo fuese mi amiga? ¿Cuánto hacía que no me daba palmaditas en la espalda, que no me abrazaba cuando estaba floja, que no me mimaba y me consolaba a mí? ¿Cuánto hacía que no me daba las gracias, aunque solo sea por la ingente tarea de aguantarme a mí misma?

Y también ¿cuántas broncas me pego diariamente por no ser lo bastante nosequé ni lo bastante nosecuántos? ¿Qué niveles de todo me exijo sin parar, y hasta qué punto me enfado conmigo por cosas de las que no tengo mucha culpa, o en las que he hecho todo lo posible, todo lo que yo podía?

La maltratadora que llevas dentro

Misoginia interiorizada

La maltratadora que llevas dentro

Y, queridas Mentes, ahí dije “prou”, que es una palabra catalana que os recomiendo incorporar ya porque tiene una fuerza que no veas. Dices prou así fuerte y el mundo tiembla. Prou.

Y me fui de vacaciones conmigo. Sin nadie más a ratos, con gente a otros ratos, con mi perro Boris del que os tengo que hablar porque es más maestro que todas nosotras juntas, pero conmigo siempre en el grupo. Y de verdad, insanas, qué gusto tenerme allí.

Así que nada, ahí lo dejo, por si queréis practicar también la amistad con una misma. Si me veis por ahí y parezco doble, no son vuestros ojos, es mi nuevo yo que se viene conmigo.

¡Feliz semana, Mentes!

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