Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

No le quites importancia

Somatizar no es un bichito

Los virus son de verdad. Las bacterias son de verdad. Son problemas reales. Pero cuando somatizas, es problema tuyo, que te tomas las cosas demasiado a pecho.

somatizar

17 de agosto de 2017, 09:00 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

La palabra de hoy es “somatizar”. Según el diccionario de la Real Academia, consiste en “transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria”.

Esta palabra se utiliza así: “somatizar, estás somatizando… lo que te pasa a ti, es que estás somatizando”.

Vomito y, al mismo tiempo, no puedo comer porque tengo el estómago cerrado. No duermo bien y, si duermo, tengo pesadillas. Tengo la ansiedad a niveles estratosféricos, especialmente por las mañanas, de modo que salir de la cama es un festival, entre que no he dormido lo suficiente (durante semanas), estoy debilitada porque no como o vomito lo que como, el mundo se me viene encima y la única respuesta clara que da mi cuerpo es temblar.

Cuando salgo de la cama, porque salgo, estoy irascible, y lo contengo tanto como puedo pero, quieras o no, no soy la alegría de la fiesta. Eso sí, la gente me refuerza que estoy muy guapa porque estoy adelgazando, lo que aún me angustia más pero intento no decirlo para no parecer irascible. Además, me salen ronchas en la piel.

Tengo una agenda laboral imposible, un panorama emocional intenso, mucha autoexigencia y bastante miedo, en general. Y soy de esas que con el miedo huyen hacia adelante. En lugar de protegerme, me meto en el lío para tratar de superar el miedo, cosa que así, escrita, parece una insensatez pero que en algún lugar de mi cabeza tiene todo el sentido.

Cuando explico todo esto, la gente me dice que estoy somatizando mis problemas, que viene a ser como decirme que lo que le pasa a mi cuerpo no es de verdad, sino que es otra cosa. Los virus son de verdad. Las bacterias son de verdad. Pero lo mío es psicosomático, y pasamos a otro tema.

Que me lo tomo demasiado a pecho, vamos. Si “lo mío” fuese una gripe nadie me diría “¡Hija, cómo te pones por un virus de nada!”, “¡Te tomas ese virus demasiado en serio”. Pero como lo mío son temas relacionales, temas laborales y temas que no tienen un bichito que los cause, la responsabilidad de mis males recae en mí.

La cultura del “si quieres, puedes” nos ha hecho mucho daño. Porque a veces quieres y no puedes. Muy a menudo, de hecho, quieres pero no hay manera. O quieres mucho y solo puedes un poco. O, en ocasiones, tú quieres pero el mundo no. O incluso tu cabeza quiere pero tus tripas no.

Hay otras corrientes de estas cosas del sentirse bien que recomiendan que te conectes con tus sentimientos. Pues bien, eso he hecho yo. Me he conectado tan intensamente que ahora mis sentimientos se transforman en ronchas rojas por toda mi cara, ahí, bien visibles. Y en insomnio, y en dolores de cabeza.

Está bien, no me quejo. Al menos tengo claro que cuando algo va mal, no puedo mirar hacia otro lado, porque está ahí, escrito en mi cara cada mañana cuando me miro al espejo.

Pero si solamente pudiésemos dejar de restarle importancia al hecho de somatizar, y dejar de culpabilizarnos por estar sintiendo, seguro que una parte de la ansiedad ya saldría por esa ventana y tal vez en su lugar entraría un hilito de aire fresco…

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