Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Violencia sexual

Ni manadas ni fresas ni fresones

Las jornaleras de la fresa en Huelva han denunciado explotación sexual a la que las someten sus jefes. ¿Cuantas manadas nos quedan por descubrir?

violencia sexual

14 de junio de 2018, 17:16 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Hoy vengo que trino, cosa que tampoco es tan excepcional pero que siempre está bien decirlo para ponernos sobre aviso.

A ver, decidme, ¿cuánto tiempo ha pasado desde el juicio de La Manada? ¿Cuánto desde que salimos a las calles a decir que ya, que basta ya, que menos violar y más cargar maletas, que un día de estos nos vamos a enfadar en serio y entonces a ver quién es el listo que nos para? ¿Cuánto hace? Pues nada y menos, como quien dice. Ni dos días han pasado y ya volvemos a estar a vueltas con el tema.

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Violencia sexual contra las jornaleras de la fresa en Huelva

Esta vez, las jornaleras en Huelva, las de los campos de fresas, han denunciado un montón de violaciones por parte de sus jefes, contratistas y capataces. Así, a lo bestia. Un montón de violaciones, vejaciones, tocamientos, chantajes sexuales y de todo. Ha sido levantar la alfombra y ahí ha salido de todo.

Volvamos sobre el tema, una vez más: viola quien puede violar. Esto no va solo de género, no va solo de hombres y mujeres: esto va de poder y de poder hacer.

En entornos muy masculinizados, como el ejército, hay casos de mujeres soldada que han violado a prisioneros de guerra, por ejemplo. Violado a lo macho, con palos de escoba y cosas así. Que esto sea así no quita que quien viola, de manera abrumadora, sean hombres, por la misma construcción de la sexualidad masculina, que fatalísima en sí misma.

Total, que esto no va solo de hombres y mujeres, sino de hombres con poder y mujeres en situación de indefensión ante esos hombres. Va de una chavala en una portería ante cinco maromos, va de temporeras sin apoyos sobre el terreno, sin conocer las leyes ni a veces el idioma, frente a su contratista. Y va de criaturas, niños y niñas, ante un hombre adulto, que de eso no hablamos mucho y tenemos ahí una bomba atómica que cualquier día nos estallará en la cara.

En cualquier caso, la buena noticia es que como esto va de poder, y de poder hacer, tenemos espacio para girar la tortilla, para cambiar el rumbo de las cosas. Porque los violadores son chungos, pero son minoría.

Si nos tocan a una, nos tocan a todas

Las feministas decimos una frase que yo me creo aunque la realidad a menudo me desmienta. Pero yo, erre que erre. Decimos: si nos tocan a una, nos tocan a todas. Si tocas a la hermana jornalera, me tocas a mí. Si tocas a la hermana de Pamplona, me tocas a mí. Y voy a responderte yo también.

Así que si esto va de poder, salgamos de nuevo a la calle, demostremos que no estamos solas, que esto nos ha pasado a todas, que una de cada tres mujeres ha sido violada, que la estadística es tan real que parece increíble, que si preguntáis en vuestro entorno las historias van saliendo, que todas tenemos historias que contar, y que manada somos nosotras.

El juicio de La Manada no fue un final sino un principio la continuación de un camino sin retorno hasta que la violencia sexual cese de una vez.

Nos vemos en las calles.

¡Feliz semana, Mentes!

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