Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

¿Malas madres?

La vuelta al cole, ¡por fin!

La crianza en verano es agotadora, pero eso no es culpa de la crianza ni de los niños. Hemos creado un mundo de lo más raro, sin espacio para las criaturas.

vuelta al cole

30 de agosto de 2018, 09:00 | Actualizado a

Queridas Mentes Insanas,

Por fin se acabó el verano y yo estoy a punto de hacer uno de esos post que me caerán chuzos de punta por ser una mala mujer y decir barbaridades y no sé qué más. Está bien, no he venido aquí a hacer amigas sino a despotricar, aunque con el despotrique también haga amigas y esté muy contenta de ello.

Total.

Que se acaba el verano y vuelve a empezar el cole y muchas de vosotras, queridas Insanas, estáis suspirando intensamente de alivio porque vais a poder descansar unas horas de vuestras criaturas. ¡Por fin!

Porque vais a tener unas horas de silencio, unas horas para vosotras mismas, unas horas para no hacer nada o, maldición, una horas para no hacer nada que tendréis que dedicar a trabajar, porque también llega la vuelta al trabajo, pero al menos será entre personas adultas para variar un rato. Mal, ¿verdad? Una buena madre no se cansa nunca de sus criaturas, de tenerlas allí demandando sin cesar, de tener que jugar con ellas, de preparar comidas, baños, diversión, y no sé cuántas cosas más.

Dicho lo cual, hago un paréntesis: creo que jugar con las criaturas de una es un gesto contra natura. A ver, las criaturas tienen que jugar con criaturas, no con adultas haciéndose pasar por criaturas. Otra cosa es que os apetezca hacerlo, que entonces la cosa está muy bien. Pero hay una sensación por ahí de que es necesario jugar con tu descendencia para ser una buena madre o un buen padre y todo eso es muy raro. Pero no me hagáis mucho caso que yo de esto tampoco sé mucho.

Seguimos.

La crianza en verano es agotadora. Pero eso no es culpa de la crianza, queridas, ni culpa de las criaturas, ni culpa nuestra, sino culpa de este mundo tan raro que hemos montado.

Porque hemos montado un mundo, no sé ni cómo, en que las criaturas no pueden ir solas a ningún lado, y si pueden no las dejamos por el tema de hiperprotegerlas de no sabemos muy bien qué, o por la presión social de que nadie piense que no proteges suficiente a tus criaturas de no se sabe muy bien qué; un mundo donde no hay espacios para que las criaturas jueguen entre ellas que no estén mediados por monitoras, profesoras, acompañantes, canguros, abuelos, padres, madres o lo que sea. Donde las criaturas ni están nunca solas y a su aire, ni saben estar ni quieren estar a fuerza de no poder ni saber.

Viví muchos años en un lugar del mundo donde las cosas no funcionaban así. Vivíamos en una calle sin salida y sin coches que servía de espacio de juegos para una auténtica manada de criaturas del barrio que llegaban del colegio y apenas entraban en casa para tirar la mochila y coger algo de merienda. Y ya.

El resto de la tarde lo pasaban en la calle, corriendo, jugando entre ellas y sin más presencia adulta que la indispensable para mediar en follones cuando los había. Nadie iba a buscar a la madre de nadie cuando había un lío, sino que cualquier adulto de la calle estaba legitimado para poner paz en el asunto. Y así.

Todo el mundo estaba bastante más relajado con la crianza. Había otros problemas, como llegar a final de mes que allí nunca fue cosa fácil, pero aquellas infancias, lo que yo llamo la infancia de los pies sucios, siempre me han dado mucha envidia.

¡Feliz semana, Mentes!

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