Amor en construccion
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Sin autoengaños

Cuando a tus amigas no les gusta tu pareja

¿Qué pasa cuando a tu familia, a tus amigas, no le gusta tu nueva pareja? ¿Te cierras en banda o escuchas con atención lo que tu gente querida quiere decirte?

tu pareja no gusta amigos

21 de septiembre de 2018, 15:34 | Actualizado a

A veces pasa que tú estás encantada con tu romance, y recibes una ducha de agua fría cuando tu amiga te cuenta que no le gusta tu amado, y por qué no le gusta. Siempre tiene una la sensación de que la otra está siendo injusta porque no lo conoce tanto como tú. Nos consolamos pensando que así es la vida, no todo el mundo nos cae bien, no todo el mundo tiene química, y no pasa nada tampoco.

Sin embargo, cuando son varias personas a las que les pasa, o cuando casi todo el mundo lo ve clarísimo menos tú, entonces duele mucho y se desata una batalla interna dentro de una: por un lado sabemos que una persona puede estar equivocada, pero cuando son varias, hay que tomárselo en serio, escuchar con atención, y ponerse a pensar si será verdad que no te conviene ese tipo.

Por otro lado están nuestras ganas de vivir el romance sin que nadie nos estropee la fiesta, y estas ganas tienen mucho que ver con la droga del amor, que nos nubla un poco la mente con los chutes de dopamina, serotonina, adrenalina, etc. que fabrica gratis e ilimitadamente nuestro cuerpo.

A las más adictas les cuesta mucho ver la realidad, como cualquier yonki del dinero, del juego, de la cocaína. Pensamos que controlamos, que podemos vivir nuestra historia de amor aunque no sea perfecta, que es que los demás no entienden realmente cómo es él y cómo es vuestra relación, y que cuando le conozcan mejor le aceptarán.

El autoengaño es como un virus que nos mete el patriarcado para que nos lancemos de cabeza a cualquier relación, sin paracaídas, sin medidas de seguridad, a lo loco, como en las películas de Hollywood: apasionada y ciegamente. No nos deja escuchar a los demás, no nos permite hacer autocrítica, nos anula el sentido común.

Por eso es tan importante preguntar a las amigas, a los amigos, a la familia, a todo el mundo, y valorar las opiniones, sensaciones y sentimientos de los demás con respecto a tu pareja.

No es envidia: si te dicen que no les gusta, es porque no les gusta.

Y porque te quieren, y porque quieren verte bien, con alguien digno de estar contigo, alguien que esté a tu altura, alguien que te trate bien y te de mucho amor, que te permita ser libre, que te apoye en tus proyectos, que respete tu libertad, que valore tus demás afectos, que respete tus espacios y tus tiempos, que se comprometa con honestidad en la relación.

Esto mismo es lo que tú deseas para tu madre, tu hermana, tus amigas, tus primas, tu gente querida: que vivan rodeadas de amor del bueno, que tengan parejas en las que puedan ser ellas mismas, y puedan ser felices, que nadie las trate mal ni las haga daño.

Lo mismo tenemos que desear para nosotras mismas, porque nos merecemos también ser felices, sentirnos queridas, sentirnos a gusto, sentirnos libres en cualquier relación sexual y sentimental. La única estrategia para conseguirlo tiene que ver con las prioridades que tenemos: nuestra salud mental, emocional y física, nuestro bienestar, nuestra felicidad, es mucho más importante que nuestra necesidad de vivir un romance.

Lo primero es lo primero: yo y mi placer, yo y mis experiencias gozosas, yo y mi autoestima, yo y mi alegría de vivir, yo y el amor que doy y recibo. Si hay condiciones para amar, entonces claro, hay que disfrutar. Pero si no hay condiciones, quizás sea mejor renunciar.

Y para saber si hay condiciones, nuestra gente querida puede ayudarnos mucho, dado que a nosotras a veces nos cuesta distinguir la realidad, o hacemos como que no la vemos, tantas son las ganas de disfrutar de nuestra historia de amor. Y si, al amor hay que lanzarse con alegría desatada, pero no a cualquier precio, ni con cualquier persona: no merece la pena meternos en relaciones en las que sabemos que no vamos a ser felices.

Las mujeres solemos ver a los hombres al doble de tamaño del natural, decía Virginia Wolf.

Cuando nos enamoramos, los vemos gigantescos: los endiosamos porque tenemos muy dentro la figura del Príncipe Azul, un mito muy potente que nos tiene a todas enganchadas porque simboliza nuestra salvación, la transformación, el cambio que necesitamos. Nos cuesta ver tal y como es a la persona a la que encajamos en esa figura masculina idealizada, por eso es bueno preguntar a tu gente y tomar en consideración sus impresiones y sus opiniones.

Si tu chico no le gusta a casi nadie de tu gente, es obvio que te tienes que hacer muchas preguntas, ponerte las gafas violetas y estudiar si la relación te merece la pena o no, si te estás divirtiendo, cómo te estás sintiendo, si va todo a mejor o a peor, si es verdad que parece machista como dice tu madre, si es verdad que parece mala persona como dice tu amiga, si es verdad que no te trata bien en público. No se trata de defenderse ni de argumentar para justificarse: es un diálogo interno en el que tienes que utilizar toda tu inteligencia para determinar qué es bueno para ti, y si en esta relación vas a poder disfrutar de verdad.

Escucha a tu gente: ellos, ellas quieren lo mejor para ti. Hay tipos estupendos con los que igual es mejor que no tengas un romance: no todo el mundo tiene las herramientas para disfrutar del amor, para gestionar sus emociones, para trabajar su machismo… es importante, entonces, que priorices tu auto cuido, y tu bienestar, sólo así sabrás si estás en una relación que merece la pena, o no.

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