Amor en construccion
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Superar el patriarcado

La infidelidad no es violencia (pero puede serlo)

Es violencia cuando la parte infiel no está dispuesta a renunciar a ninguna de sus relaciones y las fuerza a resignarse dilatando su decisión en el tiempo.

violencia infidelidad

18 de junio de 2018, 21:23 | Actualizado a

Me preguntan mucho si ser infiel es una forma violencia contra tu pareja cuando se practica la monogamia y se pacta la fidelidad de mutuo acuerdo. Mi opinión personal es que no es violencia: a todo el mundo le pasa esto de sentir atracción por alguien que no es tu pareja.

En casi todo el planeta la gente tiene aventuras (de una noche, de cien noches): aunque nos juntamos en relaciones de exclusividad, el adulterio no es la excepción, sino más bien la norma que acompaña a la monogamia.

La doble moral sexual

La violencia radica en la doble moral sexual de nuestra cultura, que justifica la dominación masculina y limita la libertad de las mujeres.

La monogamia es un mito construido para nosotras: nos han hecho creer que el amor verdadero es exclusivo, y que si amamos a más de una persona a la vez estamos atentando contra las leyes de la naturaleza femenina.

La amplia libertad sexual de los hombres

Los hombres educados en el patriarcado en cambio valoran mucho su libertad, y necesitan mostrar su potencia sexual a base de conquistas: cazan animales y cazan mujeres para ofrecer pruebas de su virilidad a la manada de hombres a la que pertencen.

En general, los hombres nunca han renunciado a su diversidad amorosa y sexual, de hecho lo compatibilizan de maravilla con el matrimonio.

Para los hombres la honestidad no sirve para relacionarse con las mujeres.

Para ellos en realidad es como un juego en el que nunca hay que ser descubierto, es como jugar a policías y ladrones. Si se es descubierto, hay que negarlo todo una y otra vez. Si te pillan in fraganti, hay que mostrar un profundo arrepentimiento y hacer un poco de autoflagelación y penitencia para dar pena a tu pareja, para que te perdone y te crea cuando le jures una vez más que nunca serás infiel.

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Así es educado el macho patriarcal: les enseñan a relacionarse con las mujeres desde el engaño y la mentira para poder disfrutar de su libertad sexual y limitar la nuestra.

Para los más machistas, nosotras nunca somos compañeras, somos las enemigas.

Cualquier estrategia es buena para burlar la vigilancia, y para hacer lo que uno desea, no importa si es a base de trampas, ni importa si la pareja está sufriendo: ellos creen que sufrir es consustancial a nuestro género, y que nos gusta pasarlo mal. Saben que cuanto peor lo pasamos, más poder tienen sobre nosotras.

La escasa libertad sexual de las mujeres

Nosotras tenemos más problemas a la hora de ser infieles a nuestras parejas, sean mujeres u hombres. La culpa nos pesa toneladas en los hombros, y más grande es cuanto más felices, excitadas, o fascinadas nos hemos quedado después de la aventura extramatrimonial.

Hay muchas mujeres poliamorosas que viven presas en un sistema monógamo, y que sufren muchas contradicciones internas entre el deseo de diversidad y los pactos de fidelidad con sus parejas.

La doble moral sexual nos mata, literalmente.

A muchas mujeres las asesinan cuando son infieles en muchos países del mundo. En algunos como México, la impunidad es casi total: la vida de las mujeres no vale nada. Sin embargo, la infidelidad masculina no está tan mal vista: son “canitas al aire”, “travesuras”, “mujeres sin importancia”, “locuras de una noche”, “borracheras de inconsciencia”.

La excusa es que así es su naturaleza: ellos querrían ser fieles, pero no pueden: una fuerza sobrenatural les empuja en contra de su voluntad en brazos de otras mujeres.

Y es que las culpables de la infidelidad masculina no son ellos, somos nosotras que vamos provocando y vamos buscando hombres casados para tentarlos con nuestros encantos.

Prisioneras de la doble moral sexual

Antes las mujeres no se podían divorciar, durante siglos han estado aguantando los cuernos, y conviviendo con ellos. Ahora ya nos podemos divorciar, y la infidelidad es uno de los principales motivos para hacerlo.

El problema de la monogamia es que cuando se rompe el pacto de fidelidad, las parejas no solo experimentan una grave pérdida de confianza y un sentimiento profundo de traición.

Es que además los hombres se portan mal: mienten, engañan, juegan con los sentimientos de las mujeres, se ríen en la cara de sus esposas, o les contagian enfermedades de transmisión sexual.

La verdadera violencia de la infidelidad

Y esto sí que es violencia. No cuidar a tu pareja o a tus parejas, hacerles daño adrede, manipularlas emocionalmente, machacar su autoestima, imponer tu modelo poliamoroso sin permitir que la otra persona también pueda disfrutar de la misma libertad sexual y amorosa, es violencia.

La infidelidad es violencia cuando a la persona infiel le importa más alimentar su Ego y acumular conquistas que los sentimientos de las personas con las que se relaciona.

Es violencia cuando la otra pareja te llama por teléfono para contártelo, para chantajearte, para amenazarte, o para hacerte daño.

Es violencia cuando el infiel no está dispuesto a renunciar a ninguna de las relaciones y dilata su decisión en el tiempo para que no les quede más remedio a las interesadas que resignarse, o esperar eternamente al milagro romántico.

Los malos tratos en momentos de tanta intensidad emocional se basan en la idea de que el amor es una guerra y hay que ganar la batalla.

Bien para que te perdonen una vez más, bien para que la otra persona se resigne y deje de protestar, hay muchas estrategias que se pueden utilizar: seguir mintiendo sin parar, crear confusión, jugar con los sentimientos de las otras, hacer promesas que nunca van a cumplir, desaparecer y negar la posibilidad de diálogo, hacerse el víctima para que la otra persona sea comprensiva y permisiva, amenazar con el fin de la relación si no se aceptan las condiciones, hacerle creer a tu pareja que el problema lo tiene ella...

Hacerle creer que está loca, hacerte tú el loco…

Creo que una de las claves para no tratar mal ni hacer sufrir a la otra persona es compartir con ella lo que te está pasando, y lo que estás sintiendo. No solo se trata de ser sincero o sincera, sino de compartir todo el proceso: tus miedos, tus contradicciones, tus sentimientos.

Cómo hacer menos daño si se es infiel

Cuando tenemos un pacto de fidelidad y este se rompe, tenemos varias opciones: separarnos, intentar abrir la pareja y tener las dos relaciones con otras personas, o cerrarla y empezar de nuevo la relación. Y paralelamente, también hablar con la otra persona y cuidarla de la misma manera que cuidamos a nuestra pareja.

No importa a dónde se llegue, sino cómo nos cuidamos y cuidamos a las otras en todo el proceso. Para desenmarañar el lío emocional son necesarias toneladas de sinceridad, complicidad, respeto, empatía y generosidad.

Si somos capaces de ser honestos y respetuosos, si nos cuidamos mucho entre nosotros, será mucho más fácil gestionar el conflicto con amor y trabajar en equipo para acabar la relación o para seguirla, para cerrarla o para abrirla, para reinventarla o disolverla.

Lo importante es que todos nos sintamos cuidados y queridos, que nos sintamos libres para irnos o quedarnos, que las otras personas tengan toda la información para decidir.

Que respetemos sus decisiones aunque vayan en contra de nuestros intereses o deseos.

Y que hagamos pactos que nos hagan sentir bien a todos, que haya mucho compañerismo y amor del bueno para poder tratarnos bien incluso en los momentos más duros.