Amor en construccion
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Amar a kilómetros

¿Se puede disfrutar de las relaciones a distancia?

Para algunos puede resultar fácil y para otros más difícil. Pero no hay que anclarse en la negatividad: sí es posible mantener relaciones a distancia satisfactorias.

amor distancia

26 de noviembre de 2018, 21:35 | Actualizado a

Hay parejas que lo llevan muy bien, parejas que lo pasan fatal, y otras que tienen buenas y malas épocas cuando sus relaciones son a distancia.

Hay muchos tipos de parejas en esta situación: parejas que viven bajo el mismo techo y han tenido que separarse unos meses por cuestiones de trabajo o estudios, y saben que su separación es temporal. Este es el caso más fácil: es mucho más complicado cuando no se sabe cuánto tiempo va a durar la separación física, si es temporal o indefinida.

También hay parejas que se aman a distancia y nunca se han visto en persona, pero que están ahorrando para poder traspasar la pantalla y pasar la gran prueba de fuego: conocerse, tocarse, olerse, y charlar cara a cara, y quién sabe si llegar a la intimidad sexual si estalla la revolución química cuando se juntan en persona.

Hay parejas que se ven una vez al mes, una vez cada seis meses, o una vez al año. También hay parejas que no se ven nunca: por ejemplo los amores clandestinos y adúlteros que surgen en Internet.

La larga distancia a veces hace imposible el encuentro porque no hay forma de engañar a la esposa o el esposo, y el amor se vive de una forma platónica, aferrándose a la esperanza de poder juntarse algún día, sabiendo que en la realidad es poco menos que imposible.

También hay relaciones a distancia en la que uno de los dos miembros, o los dos, son incapaces de comunicarse aunque vivan juntos y tengan relaciones sexuales.

La distancia es relativa

La distancia es relativa, que diría Einstein, y es bien complejo definirla. Porque hay gente que se siente muy unida aunque no pueda tocarse, y hay gente que siente la distancia física como un abismo insondable que les separa de la persona a la que ama.

El amor a distancia es más intenso que el amor de una pareja que convive bajo el mismo techo. Por eso la distancia puede doler mucho y acabar con la pareja, y otras veces ocurre justo lo contrario: la distancia exacerba el deseo, intensifica la pasión, y logra que los amantes se mitifiquen y endiosen mutuamente, hasta el punto de que la relación no tenga ninguna base sólida asentada en la realidad.

Creo que en las relaciones a distancia es fundamental cuidar al otro en la comunicación y la conexión: cuando el otro no acude a una cita para hacer una videollamada, cuando aumentan los malentendidos que generan conflicto, cuando se van acortando los minutos de las llamadas y se van alargando los días entre llamadas, cuando sentimos a la otra persona detrás de la pantalla, pero muy lejos de nosotras, es muy doloroso.

Para quererse a distancia hay que ser exquisito en el trato.

Cuando no nos vemos físicamente, no podemos matizar nuestras palabras con gestos de cariño o complicidad, no podemos mirarnos a los ojos y sonreírnos, no podemos abrazarnos… y para paliar un poco ese dolor, es importante cuidar mucho la forma en que nos comunicamos con la otra persona, cómo nos lo trabajamos para que se sienta querida, cómo vamos cambiando conforme la relación evoluciona, cómo nos estamos sintiendo y si nos apetece hacer cambios (hablar menos, hablar más, utilizar un medio u otro, cambiar los tiempos y las frecuencias, etc).

Hacerse las preguntas oportunas

El tiempo nos va dando las señales que necesitamos para saber si nuestra relación está muriendo, si está simplemente pasando por un mal momento, o si está en plena forma. Además, ayuda mucho escucharse y hablar con una misma con honestidad: ¿cómo me estoy sintiendo?, ¿me está doliendo mucho la distancia?, ¿cómo me afecta en mi día a día?, ¿me estoy divirtiendo?

Estas son algunas de las preguntas que podemos hacernos para priorizar el cuidado de una misma: estar en una relación a distancia es difícil, y tenemos que tomar decisiones cuando duele demasiado. Porque sufrir daña nuestra salud mental y emocional, nos pone feas, nos arruga la piel, nos genera ansiedad, nos machaca la autoestima, y nos hace perder muchas energías y mucho tiempo.

Así que para sufrir lo menos posible, es muy importante cuidarse y cuidar a la otra persona, hablar con sinceridad, evitar los tsunamis emocionales, y tener la vida llena de pasiones, de actividades, de gente querida. Porque ayuda a tener algo que contar a la otra persona, y porque es bueno para nuestra salud mental y emocional.

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Cuanto menos solas nos sintamos, más fuerza tendremos para acabar una relación en la que hay más dolor que alegría. Cuanto más amor tengamos a nuestro alrededor, más amor podremos dar a nuestra pareja.

Cuanto más nos queramos a nosotras mismas, menos caeremos en el autoengaño.

Hay que amar con los pies en la tierra para no mitificar a la otra persona, y para no crear relaciones de dependencia: el amado o la amada no pueden ocupar todo el tiempo y la energía.

Ni cuando la relación es a distancia, ni cuando es en la cercanía: nuestros amores tienen un espacio concreto en nuestras vidas. No pueden ser el centro ni ocuparlo todo, porque lo primero es nuestra flicidad, nuestro bienestar y nuestra salud mental y emocional.

De alguna manera, en las relaciones a distancia hay que saber convivir con la posibilidad de que llegue el final en algún momento, bien para juntarse, o bien para terminar. Y cuando el final no llega, puedes aceptarlo, o puedes tomar la decisión de acabar con la pareja.

Saber romper una relación con cariño cuando no estamos disfrutando es todo un arte.

Se trata de poder hacerlo con amor, para cuidarnos y cuidar al otro. Separarnos con cariño, hablar mucho o dejar de hablar para siempre, o dejar la comunicación durante unos meses: cada pareja necesita una fórmula distinta para poder trabajar en las crisis o para separarse cuando sea necesario.

Merece la pena intentarlo

Una relación a distancia se puede disfrutar si nuestras vidas están llenas de momentos hermosos y de recuerdos inolvidables, pero también de proyectos personales y sueños propios, de gente querida con la que compartir y celebrar.

También merece la pena, creo, si logramos anclarnos en el presente y disfrutar del aquí y el ahora cuando estamos juntos. Porque el amor en realidad es esto: juntarse para detener los relojes, bajarse del ritmo infernal de nuestra sociedad, volar por las cumbres del placer, sentir la magia de la conexión más íntima y profunda con la otra persona.

La única fórmula para no perder el tiempo en dramas, ni darle espacio a los miedos, es disfrutar del presente, porque es el único patrimonio que tenemos, y porque en el fondo, nunca sabremos si será la última vez.

Y es bonito, también.

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