Amor en construccion
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Miedo

Las trabas que le ponemos al romance

Cuando conectamos con alguien, en vez de dejarnos llevar y disfrutar, nos hacemos la zancadilla hasta llegar a impedirnos el amor y el deseo.

vivir romance

27 de agosto de 2018, 12:21 | Actualizado a

Cuando los humanos nos juntamos para compartir placeres entre nosotros, a veces todo queda en una linda noche, y a veces queremos repetir y repetir.

Cuando a la otra persona le pasa lo mismo, y le apetece estar contigo y verte, y se va enamorando con la misma intensidad y al mismo ritmo, entonces nos encontramos ante el escenario ideal para disfrutar del amor y vivir un romance. No es frecuente que suceda, pero cuando sucede hay que disfrutarlo.

Del miedo al amor

Porque no todo el mundo tiene herramientas para gestionar la felicidad. Estamos tan programadas para sufrir, que cuando somos correspondidas y todo va estupendamente no podemos creerlo.

El enamoramiento se parece mucho a un estado de ensoñación: tememos despertar y que todo haya acabado de golpe. Nos da miedo que la otra persona empiece a poner peros, a construir muros, nos da miedo también que la otra persona no quiera o no pueda dejarse llevar por la magia del amor.

Y es que para amar hay que ser valiente y generoso, y no todo el mundo está preparado para vivir una hermosa historia de amor. Acumulamos muchos dolores que pesan demasiado. Heridas abiertas, historias sin cerrar, traumas de la infancia, recuerdos traumáticos, y muchos miedos: miedo a sufrir, miedo al abandono, miedo a ser feliz, miedo al rechazo, miedo a la soledad, miedo a perder la libertad. Estos miedos, estas carencias, esta necesidad de amor a veces nos impiden disfrutar del presente en una relación, y nos bloquean a la hora de ponerle energía a un romance.

Se requieren toneladas de tiempo y de energía para tener un romance, pero cuando llega nos encontramos con la agenda a rebosar hasta los topes. En las grandes ciudades nuestro ritmo de vida es vertiginoso: ¿cómo le hacemos un hueco a un romance en nuestras ocupadas vidas?, ¿cómo compatibilizamos nuestra sed de libertad e independencia, con nuestra necesidad de compañía, orgasmos y afecto?, ¿es posible defender nuestra autonomía y a la vez lanzarnos a compartir la vida con alguien?

Hay muchas maneras de estropear un buen romance. Hay parejas que nada más empezar la relación, la niegan. Otras se declaran la guerra creyendo que la violencia pasional les va a hacer muy felices. Otras tienen ganas de salir corriendo, o de ponerle límites al romanticismo: son muchas las maneras que encontramos para no disfrutar de una relación y para hacernos auto-boicot.

Además, la autoestima tiene mucho que ver en esto: cuanto más inseguras nos sentimos, menos disfrutamos del amor de pareja. Cuando la autoestima está muy baja, nos creemos que no merecemos ser amadas. Parte de la guerra contra las mujeres consiste en que las mujeres se hagan la guerra a sí mismas, y que se impidan ser felices.

También a los hombres les pasa, pero a ellos lo que más les afecta es el miedo a perder su libertad, su soltería, su prestigio, su diversidad sexual y amorosa. Para ellos el amor es como una cárcel, viven el enamoramiento como una montaña rusa de emociones que no pueden controlar y que les debilita frente al enemigo, que es el amor en general, y las mujeres en particular. Así que aunque se lo estén pasando de maravilla, generan unas resistencias que hacen muy difícil disfrutar del romance.

Amar no es sufrir

Yo siempre reinvindico mi derecho a vivir un romance cuando empiezo una relación. Si hay miedos, si me lo ponen difícil, si no puedo ser yo misma, si empiezan pronto los dramas y los desencuentros, entonces prefiero no empezar. Porque el amor está para disfrutarlo y para vivirlo en libertad y plenitud, sin trabas y sin sufrimientos innecesarios. Y si no hay romance porque hay muchos problemas, entonces veo claro que si no puedo disfrutar, no es mi relación.

El romance hay que vivirlo con valentía y generosidad: el amor y el deseo son energías transformadoras que pueden sacar lo mejor de nosotras mismas y que pueden hacernos muy felices mientras duren. Si la otra persona no tiene las mismas ganas, si no se atreve, si no se comparte, si no se desnuda, entonces mejor dejar la relación, y a otra cosa mariposa. No todos los romances nos llevan a una relación amorosa y a un compromiso emocional, así que en esos casos cuando acaba el enamoramiento es mejor no continuar.

Sin embargo, creo que para construir una pareja, hay que poder disfrutar de un romance, ser felices, pasarlo bien, experimentar cientos de emociones hermosas, conocerse a fondo, gozar de intensas noches de amor, volar con la pareja a los confines del placer y la ternura. Creo que es fundamental reivindicar el derecho a tener un romance: porque no es cierto que para llegar al paraíso haya que vivir resignada en este valle de lágrimas, ni que haya que sufrir por amor para poder ser feliz después. Así que cambiemos el orden de los factores: primero, a disfrutar, y luego, si llega el sufrimiento, acabar la relación en el momento exacto para poder quedarnos con un bonito recuerdo.

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