Amor en construccion
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Dependencia emocional

Por qué no sabemos ser felices sin pareja

A lo largo de los años nos han convencido de que necesitamos a un hombre que nos quiera para satisfacer todas nuestras necesidades afectivas.

felices sin pareja

22 de octubre de 2018, 17:35 | Actualizado a

A las mujeres nos han vendido la idea de que el amor verdadero es el amor de pareja, y que todos los demás son secundarios. Nos han seducido con la idea del amor-fusión como fuente de felicidad eterna, y vivimos soñando con esa mezcla mágica entre el amor maternal y el romántico que nos salvará de nosotras mismas, y solucionará todos nuestros problemas.

La necesidad de ser amada por un hombre nos la meten en vena desde que somos muy pequeñas, con el mito de las princesas. Llegamos a admirarlas porque son mujeres que también tienen una necesidad muy grande de ser amadas, y siempre consiguen a su príncipe azul.

Son mujeres sin pasiones propias, sin proyectos, sin amigas que viven esperando la llegada de su media naranja con la que poder ser libres al fin de una vida de miseria o de aburrimiento. Y todas lo consiguen a pesar de las dificultades: los finales felices de estas historias se parecen a las promesas de salvación de las religiones, que te hablan del paraíso para que aguantes la espera en el valle de lágrimas.

Las princesas son mujeres diferentes al resto. A las demás nos las ponen como mujeres malvadas, feas, con mal genio, sin ética ni principios, para realzar la belleza y la clase de las princesas, que son siempre guapas, bondadosas, nobles, puras, inocentes, y devotas del amor. Son nuestro modelo a seguir. Son también las mujeres con las que sueñan los hombres para casarse y formar una familia feliz.

Los mensajes del patriarcado para obsesionarnos con el amor

Los mensajes que nos lanza el patriarcado para que nos obsesionemos con esta necesidad de ser elegidas y amadas por un hombre maravilloso a través de las películas, las novelas, las series de televisión, los sermones eclesiásticos, las revistas femeninas, los dibujos animados, las páginas de Internet o la publicidad son:

  • "Eres una mitad y necesitas a tu otra mitad para ser completa."
  • "Sin amor no eres nada."
  • "Sin el amor de un hombre no eres nada."
  • "Si no estás guapa, nadie te querrá."
  • "Si no adelgazas, nadie te querrá."
  • "Necesitas a un hombre que te proteja y te mantenga."
  • "Se te va a pasar el arroz."
  • "Aquí encontrarás al amor que te cambiará la vida."
  • "No dejes pasar el tren."

Son todo mensajes amenazantes, rebosantes de promesas falsas y paraísos románticos para que nos pensemos que la felicidad y el cambio que necesitamos están ahí, en el amor de pareja. Nos hacen creer que una sola persona podrá cubrir todas nuestras necesidades de amor y afecto, que con una sola persona nos bastará para ser felices, que ya nunca más nos sentiremos solas al lado de nuestra pareja ideal.

La soledad es muy dura en un mundo tan individualista como el nuestro, y arrastramos muchas carencias afectivas desde la infancia: son muchos los bebés criados sin amor, en situaciones de maltrato y violencia, en todas las clases sociales, en todo el planeta. Son muchos los padres ausentes, las madres destruidas, las parejas en guerra…. Los niños y las niñas sufren toda la violencia que hay en los hogares, en los espacios públicos, en sus entornos más cercanos, y esto hace que el mundo esté lleno de adultos con mucha necesidad de ser amados.

Las mujeres vamos arrastrando esa necesidad de recibir abrazos, besos, miradas de amor, palabras amorosas y declaraciones de cariño, y esta necesidad nos acompaña toda nuestra vida. En el fondo todos somos bebés que necesitan calor humano, protección, cariño y alimento, y cuando no recibimos amor de nuestra gente, toda nuestra salud mental y nuestro bienestar emocional se resquebraja y se daña, a veces para siempre.

Resultado: dependencia emocional

En las mujeres esta necesidad se traduce en una dependencia emocional muy fuerte que nos lleva a relaciones basadas en la estructura de la dominación y la sumisión. Es una dependencia que nos ata, nos limita, y nos hace quedarnos en relaciones en las que no nos sentimos correspondidas y no nos sentimos felices.

La dependencia emocional nos pone en peligro porque nos hace aceptar situaciones de abuso y malos tratos: nuestro cerebro todo el tiempo niega el sufrimiento porque necesita las pocas migajas de amor que recibe del otro.

Cómo combatirla

Una de las mejores formas de trabajar la dependencia emocional consiste en multiplicar y expandir el amor, diversificar afectos, y tejer redes de amor y de apoyo mutuo con mucha gente, para no centrar toda nuestra capacidad de dar y recibir amor en una sola persona. Es darle menos importancia al amor romántico, y dedicarle más tiempo y cariño a nuestras relaciones sociales y afectivas.

Para ir más allá de la pareja, hay que conocer gente nueva, cuidar a nuestra gente de siempre, construir relaciones solidarias con nuestro vecindario, darle el espacio que se merecen en nuestras vidas a nuestras tribus de amigos y familiares, nuestros grupos de mujeres, nuestros compañeros y compañeras de estudios y trabajo.

Si llenamos nuestras vidas con nuestras pasiones y afectos, seremos más libres y no nos veremos tan condicionadas por esta necesidad de ser amadas de un modo total y absoluto por una sola persona. Hay que ir más allá de la pareja, para compartir el amor y multiplicarlo, para vivir rodeadas de amor. Con, o sin pareja.