Amor en construccion
Coral Herrera
Escritora
Coral Herrera

Amor valiente

Tomar decisiones: preparadas, listas... ¡ya!

Toma todas las decisiones que tengas que tomar para no vivir sufriendo, para cambiar tu vida, o para mejorarla: tómalas sin miedo, ¡y disfruta mucho!

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7 de enero de 2019, 21:21 | Actualizado a

Tomar decisiones es bueno para tu salud: cuando una toma el timón de su vida, puede configurarla, imaginarla y vivirla a su gusto.

Tomar decisiones ayuda también a transformar nuestras vidas: cuanto más nos cuidamos, más fácil resulta hacer cambios que nos hagan la vida más fácil, más divertida y más bonita.

Tomar decisiones es vital para no quedarse esperando al milagro romántico.

Por qué nos cuesta decidir en el amor

Cuando estamos enamoradas, nos cuesta pensar con claridad: en pleno éxtasis del enamoramiento sufrimos una especie de enajenación mental transitoria, una borrachera de felicidad, que nos impide analizar con calma la realidad en la que estamos, y nos lo pone muy fácil para auto engañarnos.

También cuando llevamos mucho tiempo en la pareja nos cuesta tomar decisiones que supongan cambios fuertes porque las dinámicas están muy marcadas, y parece imposible hacer transformaciones en una misma y en la relación cuando llevamos mucho tiempo reproduciendo el mismo esquema de relación.

Tomar decisiones no es fácil porque vivimos muy condicionados por nuestro apego a la zona de confort, y por los miedos que nos habitan: miedo a que dejen de querernos, miedo a ser felices, miedo a sufrir, miedo a la soledad, miedo al abandono….

La inercia nos lleva a seguir en el sitio en el que estamos, aunque los cambios que soñamos sean para estar mejor y para ser más felices.

Mordazas sociales que nos condicionan

A veces tenemos una presión social enorme sobre nuestros hombros que nos impide actuar con libertad, y nos limita mucho a la hora de hacer cambios, o de trazar una estrategia para la supervivencia o para la felicidad.

Hasta hace muy poco, a las mujeres nos estaba prohibido tomar decisiones. Todo lo que hacíamos teníamos que consultarlo con el padre o el marido, porque no podíamos viajar solas, ni emprender un negocio solas, ni divorciarnos, ni elegir la maternidad, ni elegir nuestro lugar de residencia, ni abrir una cuenta en un banco.

Así fue durante cuarenta años de dictadura para nuestras abuelas, y eso a nosotras, sus nietas, nos sigue limitando mucho a la hora de llevar el timón de nuestras vidas y a la hora de hacer cambios, porque todas las decisiones las ha tomado siempre alguien por nosotras.

Pese a todas estas limitaciones, las mujeres hemos ido liberándonos y estamos abandonando nuestro papel pasivo, sumiso y complaciente.

Preparadas para tomar las riendas

Estamos aprendiendo a usar nuestro poder, y a no renunciar a él cuando nos emparejamos: nos vamos empoderando a solas y en grupos, y esto nos va dando fuerzas para confiar mucho más en nosotras mismas, en nuestras habilidades y nuestras capacidades.

Ahora que trabajamos para saber lo que queremos y sobre todo, lo que no queremos en nuestras vidas, estamos aprendiendo a decir en voz alta a nuestras parejas lo que sentimos, lo que queremos, lo que soñamos, y lo que vamos a hacer para lograrlo.

Y esto nos da mucha más libertad para unirnos y separarnos de nuestras parejas cuando queramos.

También nos ayuda mucho a analizar nuestra realidad: cómo nos estamos sintiendo, cómo querríamos estar, cómo nos tratan, cómo estamos tratando a los demás, cómo resolvemos nuestros conflictos y luchas de poder, si nos estamos divirtiendo o si estamos sufriendo.

  • Analizar nuestros sentimientos y vernos desde fuera es el primer paso.
  • El siguiente paso es decir en voz alta cómo querríamos estar, qué cosas querríamos eliminar o cambiar, qué necesitamos nosotras para estar bien.
  • Y el tercer paso y último, es establecer la estrategia para lograrlo, e inevitablemente en este punto es cuando tenemos que tomar decisiones que nos ayuden, que nos beneficien, que nos vengan bien a nosotras.

Hay que ser muy valiente y honesta para tomar decisiones, y al principio cuesta, pero los beneficios de escribir tu propia novela de vida son innumerables. Porque no dependes de nadie para configurar tu propia trama, para elegir a los personajes que acompañarán a la protagonista, para darle el control de su propia vida.

Sin miedo a equivocarnos

Eres libre, tienes un montón de aprendizajes y conocimientos adquiridos, y puedes utilizar tu imaginación y sabiduría para escribir un drama, o para escribir una historia feliz.

Tomar decisiones nos empodera cuando lo hacemos con el objetivo de cuidarnos mucho a nosotras mismas, y disfrutar más de una misma, de las relaciones que tenemos, y de la vida que llevamos.

Si trabajamos desde esta base, todas las decisiones que tomemos serán buenas decisiones: no importa que salga bien o no, lo importante es intentarlo.

Ayuda mucho sentir que una está poniendo lo mejor de sí misma para que todo vaya bien, y pensar que somos humanas, que nos equivocamos a veces, y que está bien que lo hayamos intentado.

Pregunta a tu gente si lo necesitas para recabar más información y tener más puntos de vista: la gente que más nos quiere es la que más nos puede ayudar a ver la realidad.

Toma las decisiones que quieras tomar con sensatez y con mucho amor hacia ti misma, siempre intentando ser ética y cuidando también a los demás.

Todos los fracasos y los errores nos traen aprendizajes, así que cuanto más valientes seamos, más sabias seremos.

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