Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Beneficio mutuo

Aprender a querernos mejor

Saber cómo diseñar y consolidar relaciones más respetuosas y benefactoras para nuestra salud es mejor que definir "cómo ayudar a tu ser querido con TLP".

TLP y afecto

1 de mayo de 2018, 17:23 | Actualizado a

Tener un diagnóstico psiquiátrico de “trastorno límite de la personalidad” o TLP en realidad dice poco de mí. Cada vez estoy más convencida, y hablo desde mi experiencia y la de tantas otras que me han dado a conocer sus realidades, amigas o desconocidas, de que el diagnóstico de TLP es más el “cajón desastre” al que nos arrojan a las mujeres jóvenes con un historial traumático y patrones de inestabilidad emocional en nuestro día a día.

Sin embargo, es innegable que algunas de mis vivencias en el ámbito de mi salud mental y emocional devienen en “necesidades especiales” e, incluso, me discapacitan. Y, como no soy ni de lejos la única a la que le sucede, me lanzo a escribir sobre cómo apoyar y hasta querer a las personas que vivimos (y, a menudo, sufrimos) como yo lo hago.

Para mí, más que de un diagnóstico de TLP, en mi caso y en el de muchas otras personas es más práctico hablar de un pasado doloroso (en parte, al menos) revivido constantemente; y de el consecuente terror al abandono y a los conflictos.

Yyo, en esta convivencia diaria con el sufrimiento psíquico lo que más he necesitado ha sido, sin lugar a dudas, el amor, el afecto de mis seres queridos.

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Durante demasiado tiempo, me sentí culpable las pocas veces que verbalizaba mi malestar, que pedía ayuda; por temor a molestar y a estorbar y, como ya he explicado otras veces, sobre todo por la convicción de que mi dolorosa vivencia iba a ser invalidada y subestimada.

Durante el periodo que siguió a este, sin embargo, pasé de un extremo a otro: cada día, el grupo de WhatsApp de mis amigas se veía inundado de gritos de socorro míos. “Necesito ver a alguien”, “creo que me voy a suicidar”… puedo responsabilizarme totalmente a mí misma o también a los especialistas de salud mental que me habían metido el miedo a recurrir a un profesional en el cuerpo, pero lo verdaderamente importante, para mí, es que esto no era constructivo para nadie y, de hecho, perjudicaba a mis seres queridos.

¿Que a qué viene todo esto? Pues sencillamente quiero expresar que, igual que es vital aprender a pedir ayuda, es importante respetar unos límites. No le aconsejo a nadie con diagnóstico de TLP o vivencias internas similares a las mías que se rodee de personas insensibles a su dolor, pero tampoco pienso volver a pediros a quienes nos queréis que viváis a la espera de nuestra próxima emergencia. Exigir eso no sería justo.

Pero hay mucho más que tus seres queridos pueden hacer por ti además de, sencillamente, estar ahí y demostrarte su afecto y su apoyo (aunque esto es para mí lo más importante e imprescindible).

Es importante también que, si tienes pánico al abandono, se establezcan rutinas mientras sea posible para verse periódicamente; a mí me ayuda un montón saber que, al menos a mis amigas más cercanas, las veo cada relativo tiempo y no se trata sólo de que esa costumbre atenúe mi miedo a perder la relación o que dejen de quererme, sino que además ayuda a enriquecer la relación y estructurar las vidas de ambas partes.

En la misma línea, siento que es de gran ayuda que haya una comunicación lo más fluida posible en cuanto a enfados, conflictos, desacuerdos. Es decir, que si alguien tiene algo que echarme en cara o no piensa o se siente como yo lo hago, me lo explique y podamos encontrar un término medio entre ambas partes o, al menos, ser conscientes de lo que sucede en vez de ignorarnos y dejar espacio al rencor y la pasivo-agresividad.

Ser claros con lo que decimos

Evitar malentendidos

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Mis vivencias de terror a la agresividad, y mi educación como mujer que me ha hecho interiorizar que yo debo ser el elemento pasivo en todos los ámbitos, dificultan esto; pero precisamente por eso me parece tan importante sobrellevar como mejor pueda esos miedos y esas tendencias aprendidas, y creo que no sólo me ayuda a mí sino también a la otra persona, a construir relaciones más sanas y basadas en el respeto mutuo, el consenso y la comprensión.

Supongo que, en definitiva, todo sobre lo que estoy escribiendo tiene más que ver con aprender a diseñar y consolidar para nosotras mismas relaciones más respetuosas y benefactoras para nuestra salud que con “cómo ayudar a tu ser querido con TLP”.

Sin embargo, supongo que esa es la clave: lo que beneficia a unas nos acaba beneficiando a todas, y cuidándonos mejor desde la salud o desde la “enfermedad”, podemos reaprender los patrones relacionales y aprender, así, de cero, a querernos mejor.