Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Repartamos responsabilidades

El TLP demonizado: guárdate tu estigma

A las personas con Trastorno Límite de la Personalidad se nos trata como a monstruos y a nuestros seres queridos cómo víctimas. Acabemos con el estigma.

Estigma trastorno límite de la personalidad

24 de octubre de 2017, 16:58 | Actualizado a

Cuando buscas en Google “libros sobre TLP” (abreviatura del diagnóstico psiquiátrico “trastorno límite de la personalidad”), entre las primeras ofertas que aparecen se encuentran los siguientes ejemplares: “Deja de andar sobre cáscaras de huevo: retoma el control ante el comportamiento de una persona con trastorno límite de la personalidad” y “Amar a alguien con trastorno límite de la personalidad: Cómo lograr que las emociones descontroladas no destruyan la relación”.

Yo me esfuerzo por convencerme a mí misma de que los autores de estos libros tenían la mejor de las intenciones. Soy consciente de que mi diagnóstico de TLP impacta a mis relaciones (como prácticamente cualquier diagnóstico lo haría, en mayor o menor medida), de que influye en mi forma de tratar al resto, especialmente a las personas más cercanas a mí. Observo con dolor cómo a veces mis ataques de ira, mis disociaciones, mi ansiedad, mis traumas, mi pánico a la separación o al abandono (por enumerar unos cuantos “síntomas”) duelen por igual a mis seres queridos.

Soy consciente de que, igual que mis seres queridos se esfuerzan por adaptarse a mis “necesidades especiales” que las llama la sociedad y a mis limitaciones, está en mi mano esforzarme yo misma también por controlar mi comportamiento pues ningún diagnóstico psiquiátrico es excusa para tratar peor a nadie. Así, quien quiera sacarme de su vida por no estar dispuesto a convivir con mi “locura” o mis dolencias está en su derecho; y quien apechugue y se quede se merece de mis cuidados, se merece que le tenga en cuenta a la hora de exteriorizar mis emociones.

Pero esto no quita que me incomode como poco buscar ayuda para convivir con un diagnóstico tan discapacitante y encontrarme con que dos de los libros más famosos que versan sobre TLP plantean mi vivencia como la de un monstruo destroza-relaciones.

Si me pongo tiquismiquis, incluso podría parecerme injusto que se plantee a mis seres queridos como “víctimas” de mi diagnóstico cuando demasiado a menudo han tenido tanto que ver a lo largo de mi vida con que yo acabe viviendo mis emociones de esta forma. De esta forma patológica ante la sociedad y los médicos. Repartamos responsabilidades (que no culpas), por favor, antes de victimizarnos dramáticamente.

Y esto entronca con la creencia de que las personas con diagnósticos psiquiátricos vamos por la vida haciendo daño y somos “peligrosas” sin medicar y sin tratamiento (y lo digo desde mi perspectiva de paciente que toma medicación y recibe tratamiento terapéutico). Cuando ya hay estudios que demuestran que en realidad nuestros diagnósticos nos vuelven más a menudo blanco de las violencias y los daños, siendo nosotras la diana y no quien dispara.

Repito, todo esto no quita que haya personas con TLP que hemos hecho daño a otras. Es innegable. Yo lo he hecho. Pero me agota que se relacione directamente una conducta mía que podría encontrarse en otra persona “sana” con mi diagnóstico, que se aten cabos tan rápido y parezca concluirse que relacionarse con alguien como yo es “andar sobre cáscaras de huevo”.

Me han hecho demasiado daño, directa o indirectamente, de forma más o menos sutil y voluntaria o involuntariamente personas “sanas” ante la sociedad como para que ahora esté dispuesta a permitir que se achaquen los estallidos de ira o los daños producidos únicamente a un diagnóstico. Especialmente cuando, como mujer, llevo tanto tiempo redirigiendo esta ira hacia mí en forma de auto-lesión.

Cómo ayudar a una persona con TLP

Así que, en mi opinión, si quieres ayudar a una persona cercana con este diagnóstico (e incluso otro) por favor escúchala a ella antes de leer estos libros. Plantéate qué estás dispuesta a dar como persona y qué esperas recibir, y si el balance es positivo, entonces quédate.

Porque es posible priorizar tu propio bienestar y tener en cuenta al mismo tiempo el de tu ser querido, con TLP o no. Porque es posible encontrar un término medio.

Y no creo, personalmente, que esos dos libros (que no son más que ejemplos corrientes de una cultura que nos demoniza a las personas con diagnósticos psiquiátricos discapacitantes) guarden la clave de este pacto de paz como sí lo hacen las conversaciones lo más sinceras y asertivas posibles.

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