Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Inflexibles

¿Qué hace el sistema educativo con los pacientes de salud mental?

El sistema educativo no se adapta a nuestras "discapacidades", sino que pretende que nos adaptemos de las formas más impensables a este.

sistema educativo

5 de septiembre de 2017, 15:27 | Actualizado a

El otro día, una amiga me comentaba que había hecho la Selectividad adaptada, ella sola en un aula, etcétera.

Obviamente me alegré por ella, pero no os podéis imaginar cuál fue mi sorpresa.

¿Y por qué me sorprendió tanto? Porque no tenía ni idea de que esa opción existía.

Os pongo en contexto: me he saltado exámenes por la ansiedad, el pánico, las paranoias, el terror que me provocaba entrar en un aula rodeada de más alumnos. Sí, terror.

Puede parecer una reacción “exagerada”, y probablemente lo sea; pero, con toda sinceridad, es lo que me produce la perspectiva de tener que enfrentarme de nuevo al mismo ambiente educativo en el que tan mal lo he pasado de más pequeña.

Pero no sé, realmente, por qué me sorprendió no haberme enterado. Y es que cuando una ata cabos, cuando se da cuenta de que tiene otra amiga a la que le hicieron dejarse el doble grado universitario que estaba estudiando y elegir una de las dos carreras porque era aparentemente imposible que se sacara las dos al mismo tiempo a su propio ritmo, en sus propios términos, según sus propias necesidades.

El papel del sistema educativo en nuestra salud mental

Queda claro como el agua que el sistema educativo no se adapta a nuestras “discapacidades”, sino que pretende que nos adaptemos de las formas más impensables a este.

Y es que cuando pienso en la incapacidad del sistema educativo para adaptarse a las necesidades de su alumnado, me viene a la mente también aquella vez que mi madre fue a hablar con mi tutora de bachillerato en el instituto donde yo lo cursaba, para explicarle que era por motivos de salud mental que yo faltaba a tantas clases y me rezagaba a veces en comparación con el resto de estudiantes de mi curso. Podíamos incluso haberle presentado un justificante firmado por mi propia psicóloga de entonces, pero nos aseguró que no era necesario, que se ocuparía ella misma de hablar con el resto de profesores para explicarles mi situación.

Y no lo hizo, y al acabar el curso yo tenía a mi profesor de Biología (una asignatura que nunca se me había dado mal) preguntándome por qué había bajado tanto el ritmo en su materia porque nadie le había explicado nada.

Sin embargo, lo peor del sistema educativo no es sólo que no esté diseñado para adaptarse a las diferentes necesidades, incluso a las discapacidades (¿no hay acaso universidades inaccesibles para personas en silla de ruedas?) del alumnado; es que muchas veces, en materia de salud mental, es el propio sistema educativo el que causa las dolencias psicológicas.

¿Cuántos ataques de ansiedad han sido provocados por exámenes? ¿Cuántos casos de acoso y maltrato escolar se han sufrido entre las paredes de un colegio o un instituto; ante la falta de conocimiento o la clara permisividad del profesorado? ¿Cuántas noches de insomnio han tenido como detonante la entrega de trabajos, el estudio compulsivo para el que no ha habido tiempo antes por acumulación de tareas y más, y más, y más tareas?

Los alumnos en el centro: un sistema educativo diferente

Quizás, para muchas personas, plantear la necesidad de un sistema educativo diferente que no tenga como prioridad los aprobados y la preparación para el mundo laboral del alumnado sea idealista; sin embargo, pequeños cambios ya son posibles.

En Finlandia, cada estudiante de 15 años dedica media hora diaria de promedio a los deberes escolares fuera del colegio, mientras que aquí, esa media hora se convierte en dos horas.

Y sin embargo, en la misma Finlandia, ese mismo estudiante de 15 años estudia hasta cuatro lenguas; y el 71% del alumnado ingresa en la Universidad, frente a nuestro 50%. También cabe destacar el que el sistema educativo finés se caracteriza por la mayor gratuidad de material escolar, comedor, transporte…

¿Que qué tiene que ver todo esto con la salud mental? Pues mucho. Porque yo soy de esas que han acabado hiperventilando y llorando a moco tendido frente a la puerta de un aula los cinco minutos que precedían a un examen, porque he perdido muchas horas de sueño estudiando, porque lo he pasado mal entre las paredes de un colegio sin que la profesora se percatara (o si se percataba, no hacía nada).

Hay mucho que cambiar para que los centros educativos empiecen a ser segundos hogares seguros donde crecer como personas, cuidar nuestra salud mientras aprendemos no solo de lo que toca sino también de lo que nos interesa.

Y mientras el sistema educativo logre minar nuestra salud mental mientras toda su burocracia se las arregla para ignorar las “necesidades especiales” de muchas, este cambio no se va a dar.

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