Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Sentir

El duelo duele (y fingir que no pasa nada duele más)

Es imposible pasar por la vida sin sufrir ninguna pérdida. Tampoco podemos pasar por encima del dolor y pretender controlarlo y que no nos cambie.

Superar el duelo

6 de febrero de 2018, 10:30 | Actualizado a

El duelo, si no se vive, mata la vida.

Estoy convencida. El duelo es una mierda, así, hablando mal y pronto. El duelo carcome las alegrías cotidianas y lo tiñe todo de colores que recuerdan a las flores marchitas. El duelo, en definitiva, duele.

Y duele mucho.

Entonces ¿por qué somos tantas las que pasamos por una pérdida como si nada? O haciendo como si nada. Porque es imposible que las pérdidas no hagan estragos. Y, sin embargo, nos empeñamos en fingir que todo sigue igual. Como si lo único que se ha perdido fuera quien se ha ido, y no una parte de nosotras mismas también.

Recuerdo perfectamente lo unida que estaba yo a mis dos abuelas. Y esto os lo cuento porque, hace unos años, fallecieron las dos prácticamente el mismo mes.

Me tragué las lágrimas y me tragué la pena. Lo natural habría sido vivir ese duelo con paciencia y compasión conmigo misma. Pero no; mis amigas vinieron a verme y preguntarme cómo estaba el mismo día que me enteré de la muerte de una de mis abuelas, y yo les dije que no hacía falta que estuvieran ahí, que estaba bien, que todo iba bien.

Me tragué el duelo.

Unos pocos años después, esa no ha sido la única pérdida. Tanto la muerte como el tiempo, la distancia y las circunstancias se han llevado de mi lado a personas que creía imprescindibles o que como mínimo quería tener cerca, muy cerca. Y lo único que he aprendido sobre el duelo es eso: que hay que vivirlo.

Se pueden escribir cartas de despedida. Se puede llorar, llorar mucho. Se puede buscar el cariño de los seres queridos, abrazarse, besarse. Se pueden hacer tantas cosas y, sin embargo, la peor de todas es fingir que no ha pasado nada.

No pueden pedirnos que lo superemos

Recuperar la alegría

No pueden pedirnos que lo superemos

Esto no pretende ser, desde luego, un llamamiento a paralizar nuestras vidas. Tampoco nos está permitido, de todas formas. Hay que trabajar, estudiar, cuidar. Otro gallo cantaría si viviéramos en una sociedad que respetara nuestros tiempos físicos y emocionales; probablemente, viviríamos mejor y seríamos también mejores compañeras de las personas que nos rodean.

Pero a lo que iba. Que no se trata de abandonarse a la tristeza sin fin. A la desolación. Que se trata de comprender que la vida no es ni será nunca un trayecto libre de cualquier pérdida, de cualquier emoción de las “chungas” que vienen asociadas a dichas pérdidas. Que los sentimientos que nos duelen también tienen cabida en nuestras vidas, deben tenerla. Y si los rehuimos, aparecen las depresiones, los sufrimientos prolongados.

Y ¿cómo se vive el duelo?

A mí me ayuda escribir. Sentarme delante del ordenador, o coger papel y boli, y escribir y escribir y escribir. Cartas a esas personas que ya no están, por ejemplo. Es mejor regodearse durante un rato en todo lo bueno que se ha perdido por escrito que pasarse el día dándole vueltas de forma que esos pensamientos impiden disfrutar de la cotidianeidad.

La pena me tiene a mí

Decir adiós

La pena me tiene a mí

Escribir, sin embargo, puede ser muy solitario. Por eso, tener un hombro en el que llorar y una mano que apretar, a alguien que nos escuche atentamente y nos reconforte con su tacto y con sus palabras me parece primordial.

El duelo se vive, sí, pero mejor si es acompañadas. De la mano de todas esas personas que nos recuerdan por qué merece la pena seguir adelante, por qué no estamos solas en el mundo ante esa ausencia tan dolorosa. Las tenemos a ellas.

Pero esto no pretende ser una “guía de cómo sobrellevar el duelo”. Más allá de algunos consejos basados en lo que a mí me ayuda a expresar y verbalizar mi dolor y a ser reconfortada después, no conozco el secreto de cómo atravesar un duelo y salir totalmente indemne.

No creo que sea posible, de todas formas. El duelo duele, sí, me repito; el duelo duele un montón, y el dolor nos cambia, nos afecta. Es imposible negarlo. El dolor no pasa por nuestra vida como si nada, así que encuentro tremendamente desaconsejable fingir que nada está pasando mientras todo nos duele de tristeza.

Supongo que ese es el secreto, al fin y al cabo: que no hay una pócima mágica que alivie automáticamente todos esos sentimientos “chungos” asociados a una pérdida, porque las pérdidas están para vivirlas.

Abramos puertas y ventanas al duelo cuando toque, entonces. De no hacerlo, arrasará con todo de todas formas. Y acabaremos peor nosotras.

Etiquetas:  Duelo Dolor

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