Psiquiatría con empatía
Ibone Olza
Psiquiatra perinatal
Ibone Olza

Amor de madre

La empatía universal de las madres

Un estudio suizo descubrió que las madres sienten la misma empatía hacia otros bebés que con su propio bebé. ¿Será el legado de la crianza en tribu?

Las madres sienten empatía hacia bebés desconocidos

12 de febrero de 2018, 18:08 | Actualizado a

Vengo de pasar unos días de trabajo intenso en Suiza, investigando en torno al parto fisiológico, gracias a un proyecto financiado por la Unión Europea y compartiendo tiempo y paseos con mujeres estupendas.

Mi amiga Ximena conducía por las carreteras suizas cuando me soltó esta perla: “durante todo un año doné mi leche a los bebés prematuros del hospital 12 de Octubre”.

Por aquel entonces ella trabajaba en una agencia de publicidad y cada vez que se retiraba a sacarse la leche o que tenía que salir para llevarla al hospital algunos de sus compañeros se reían de ella. “Ya está aquí la vaca lechera” era lo más suave que escuchó.

Me contó que los comentarios eran tan desagradables que, cada vez que ella salía para llevar su leche al banco de leche del hospital, pensaba que sería la última vez. Pero que luego, al llegar a la Unidad y ver allí a los bebés prematuros, se le olvidaba la intención de dejarlo: “no me los ponía directamente al pecho porque no estaba permitido, pero me entraban unas ganas…”

Pasaron los años y Ximena, con su familia, se trasladó a Suiza y se convirtió en monitora de la Liga de la Leche y doula. Dejó la publicidad y ahora ejerce como doula en un país donde esta profesión tiene reconocimiento legal.

Su historia en el banco de leche ilustra la generosidad y empatía de muchísimas madres, no sólo las que donan su leche, también las que cuidan de los hijos de otras de mil maneras amorosas, como si fueran sus propios hijos.

Sus palabras me recoradon un precioso estudio publicado hace algunos años ya titulado "¿Qué hay en una sonrisa? Respuestas del cerebro maternal a las señales del bebé". Lo realizaron en la Universidad de Yale el pediatra Lane Strathearn y sus colegas.

Estudiaron con resonancia magnética funcional cómo responde el cerebro de la madre a las expresiones faciales de su bebé según el pequeño esté feliz, neutral o triste y lo compararon con la respuesta que se da ante un bebé desconocido. Participaron 28 madres primíparas con sus bebés con edades comprendidas entre 5 y 10 meses.

Los autores comprobaron como cuando las madres ven la cara de su bebé un extenso circuito cerebral parece activarse para poder dirigir la conducta. Las áreas dopaminérgicas se activan sólo con las expresiones de felicidad: ver a tu bebé feliz es altamente adictivo y la sonrisa de un hijo o hija es una experiencia especialmente placentera y gratificante.

Lo que no esperaban los autores fue encontrar que las madres responden de manera casi idéntica cuando ven llorar a un bebé desconocido que a su bebé. Según los investigadores: “ parece como si al menos en este grupo de madres el cerebro responde igualmente al sufrimiento del bebé propio o de los bebés desconocidos”.

Cuando lo leí pensé que seguramente les extrañaba porque ellos no eran madres. Y es que la mayoría de las madres sabemos que ver a cualquier bebé llorar o sufrir nos conmueve profundamente: rápidamente nos entran las ganas de hacer todo lo que esté en nuestras manos para consolarle.

Seguramente tenga algo que ver con el legado de nuestras ancestras, que criaban en tribu y que estaban acostumbradas a cuidar a los hijos de las otras mujeres casi como si fueran suyos. Cuestión de supervivencia.

En Suiza estos días, una vez más, me he sentido parte de una cadena universal de mujeres que ayudan a otras mujeres y muy especialmente a las madres.

Mujeres que responden de forma voluntaria emails de madrugada de madres que escriben en el asunto del correo “necesito ayuda”. Amigas que acompañan a otras en el posparto para ayudarles con las tareas de casa aunque eso suponga desplazarse unos cuantos kilómetros diariamente. Madres que convocan círculos de mujeres en sus propias casas abriéndolas a desconocidas para que todas podamos encontrar un lugar seguro donde conocernos mejor. Mujeres que se movilizan de manera casi inmediata para lograr que un bebé lactante, en este caso el pequeño Jonás, sea reunido urgentemente con Najat, su madre, de la que ha sido separado por los servicios sociales de Cádiz por razones discriminatorias y de manera traumática para ambos, pero sobre todo para el pequeño Jonás.

Conocer a todas esas madres me anima a imaginar un mundo mejor el día que todas ellas ocupen los puestos de poder. ¡Que nuestros ojos lo vean!

Etiquetas:  Bebés Empatía Maternidad

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