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Neuroquantología

El alma es un agujero negro

Un estudio sobre neuroquantología, es decir, física cuántica aplicada a las neurociéncias, cuenta que nuestra alma podría ser un agujero negro en forma de donut.

Neuroquantologia

18 de diciembre de 2017, 18:08 | Actualizado a

“Neuroquantología”. La palabra me trae de cabeza, no dejo de repetírmela. Todo por un estudio que me tiene fascinada, aunque, por más que lo releo, sigo sin entender menos de la mitad de las cosas.

Sólo el título es bastante surrealista: “La conciencia en el universo es invariante a escala e implica un horizonte de eventos del cerebro humano”. Lo han publicado en la revista Neuroquantology.

Por lo visto, se trata de aplicar la física cuántica al estudio de las neurociencias para poder comprender cosas que con la física normal resultan incomprensibles. Las funciones extremadamente rápidas del cerebro sugieren que procesa información a través de un mecanismo aún no revelado, y seguramente la física cuántica nos ayude a comprenderlo.

El profesor Dirk Meijer de la Universidad de Groningen, en Holanda, afirma en el artículo que la conciencia reside en un campo que rodea el cerebro, un campo que “está en otra dimensión” y que, por lo que han observado, se parece bastante a los agujeros negros del espacio exterior. Ahí es nada.

Yo ya intuía que en mi mente hay agujeros negros… De hecho me sigue pareciendo todo un aprendizaje verlos de lejos para no caer en ellos. Pero, ahora, va y vienen estos investigadores y dicen que en realidad hay todo un agujero negro ¿rodeando? al o ¿coexistiendo? con el cerebro. Y que ese lugar oscuro y extraño puede que sea en realidad el alma, donde reside la conciencia.

Da vértigo pensarlo. Meijer y sus colegas utilizan palabras tan desconcertantes como poéticas para los, como yo, legos en la materia. Hablan de “entrelazamiento cuántico”: un fenómeno que explica la conexión que se observa a veces entre partículas situadas a una distancia enorme.

Y, también, de “túneles cuánticos” que explican la velocidad de algunos fenómenos que tampoco son explicables con la física clásica, sobre todo la velocidad a la que se transmite algunas informaciones, algo natural en nuestros maravillosos y sorprendentes cerebros humanos. ¿Tendrá todo esto algo que ver con la telepatía? ¿Se acabará demostrando que es posible en algún plano que nos comuniquemos mentalmente?

Según Meijer, la mente es como un campo que existe alrededor del cerebro; que recoge información del exterior del cerebro y la comunica o refleja al cerebro en un proceso extremadamente rápido, a través de lo que llaman “enredo cuántico”. Este campo puede recoger para nosotros información de cosas tan desconocidas para nuestras conciencias como el campo magnético de la Tierra, la energía oscura y otras fuentes aún más incomprensibles.

Luego este campo gravitacional por lo visto transmite esa información de las ondas al tejido cerebral. Es decir, el cerebro y sus neuronas serían, según sus propias palabras, “el instrumental en el procesamiento de la información consciente y subconsciente de alta velocidad". Para que nos lo podamos imaginar mínimamente lo comparan con "un campo estructurado holográfico", un "espacio de trabajo mental receptivo", un "dominio metacognitivo" y el "espacio de memoria global del individuo".

Pero, por si pensabais que estabais comprendiéndolo, vamos con el más difícil todavía. Meijer añade que el campo mental no es material: "el espacio de trabajo mental propuesto se considera no material, depende directamente de la fisiología del cerebro, pero no se puede reducir a ella ". Después de dedicar tiempo a imaginármelo termino pensando que mi cerebro debe de ser como un espejo de una supercomputadora -el alma- que opera de forma virtual en la red, ¿será así?

Ellos añaden que, en realidad, la conciencia debe de tener forma de donut (toroidal, lo llaman), como si fuera un flujo de información de horizontal y vertical pero también ondular. Esta geometría toroidal me deja pasmada.

Por lo visto, son patrones de flujos y ondas que parecen tener formas muy similares siempre: hablemos del universo, de los agujeros negros, de las galaxias, los ciclones, del campo electromagnético del cuerpo humano o de las fascinantes formas geométricas de plantas como el brócoli romanesco. Según ellos en realidad estas formas que se repiten son el reflejo de una conciencia básica universal que se reproduce a todos los niveles como forma elemental.

Poéticamente terminan el trabajo de investigación diciendo que esperan que el reconocimiento de esto, que para ellos es una realidad, por parte de la especie humana contribuya a conservar nuestro planeta y garantizar un futuro digno para toda la humanidad.

En resumen: tal vez el alma sea un agujero negro con forma de donut en movimiento y cambio perpetuo que dialoga con el cerebro. Y la neurofísica cuántica, como dicen en inglés, sea ¡food for thought! ¡Alimento para el pensamiento!

Etiquetas:  Cerebro

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