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Ibone Olza
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Ibone Olza

Neonaticidio

Parto anónimo: una herramienta clave contra los infanticidios

Cada cierto tiempo un bebé es abandonado en un contenedor y, a menudo, no se les encuentra con vida. ¿Qué medidas se pueden implementar para prevenir esto?

Parto anónimo para prevenir los neonaticidios

5 de febrero de 2018, 17:36 | Actualizado a

Recientemente una madre ha sido detenida en Madrid tras haber abandonado a su bebé de tres días a la puerta de una parroquia. Según la noticia aparecida en prensa, la mujer dejó a la bebé en la puerta de la iglesia, en perfecto estado de salud, al anochecer, cuando en el templo había bastantes personas. Inmediatamente la pequeña fue recogida y trasladada a un centro sanitario, de donde pasó a ser tutelada por los servicios sociales de protección al menor.

Esta noticia refleja una de las muchas carencias que hay en nuestro país en lo referente a la salud mental perinatal.

Cómo prevenir los neonaticidios

Abandonar a un recién nacido en un lugar seguro no debería ser delito. De hecho, casi podríamos pensar a la inversa: es grave que, a día de hoy, en nuestro país no se facilite el parto anónimo ni la posibilidad de dejar a los recién nacidos de forma anónima en lugares seguros. Precisamente porque está demostrado que eso es una manera de prevenir neonaticidios.

Y es que cuando leo la noticia en prensa pienso en mi colega Claudia Klier, psiquiatra infantil en Viena. La doctora Klier ha dedicado buena parte de su carrera a investigar las causas de los neonaticidios y buscar maneras de prevenirlo.

Para ello, en Austria a principios de este siglo se promovieron estas dos medidas diferentes.

El parto anónimo

Por una parte, se facilitó el llamado “parto anónimo”. Esto supone que si una mujer llega de parto al hospital y ha decidido no quedarse con su bebé puede pedir un parto anónimo en admisión. Significa que no tendrá que facilitar sus datos o identidad, ni siquiera su nombre. Podrá recibir atención en su parto por matronas o médicos sin que su identidad quede registrada en ningún lugar.

Tras el parto su bebé quedará en el hospital a la espera de que se formalice la acogida y adopción, pero la madre podrá irse antes del hospital sin tener que dar ninguna explicación. No será perseguida ni acusada de delito alguno. En su historial clínico nunca constará este dato salvo que ella un día se decida a revelarlo.

Las "Babywiegeas"

La otra medida fue la implantación de las llamadas (en alemán) Babywiegeas: “cunas para abandonar bebés”. Se trata de cunas que más bien parecen incubadoras porque mantienen la temperatura y tienen sensores especiales para detectar cualquier presencia.

Están colocadas en las fachadas de algunos hospitales, de manera que permiten que cualquier persona deposite ahí a un recién nacido sin ser vista. Así se garantiza que el bebé pueda ser abandonado, sabiendo que será cuidado y que nadie perseguirá a la madre por ello. Esta práctica ya había demostrado en otros países europeos su utilidad para disminuir los casos de bebés abandonados y fallecidos en contenedores y similares.

En Austria además entre el 2002 y el 2004 se llevó a cabo una campaña para informar y sensibilizar a la población de estas medidas. Klier investigó los resultados: ofrecer el parto anónimo fue bastante más eficaz que la colocación de las cunas para disminuir los neonaticidios. De hecho, solo con esa medida se logró disminuir en tres cuartas partes la cifra de recién nacidos asesinados.

La experta concluyó que facilitar el parto anónimo debería ser una práctica generalizada en los hospitales europeos por su demostrada eficacia para salvar las vidas de bebés en situaciones de riesgo y además ofrecer una atención digna a sus madres, que muchas veces se encuentran en situaciones graves de exclusión social o padecen enfermedad mental.

Unidades de hospitalización made-bebé

En España todavía queda mucho por hacer. Cada cierto tiempo escuchamos en las noticias que se ha encontrado el cuerpo de un recién nacido en algún contenedor, o con un poco más de suerte, que ha sido rescatado con vida.

En vez de aceptar esos sucesos como algo inevitable, vale la pena promover estas medidas que han demostrado su eficacia, además de ir creando recursos de salud mental perinatal que faciliten que todas las embarazadas que sufren por sus circunstancias o por algún trastorno mental durante el embarazo puedan acceder de manera rápida a un tratamiento especializado.

Entre otros aspectos urge la creación de Unidades de hospitalización madre-bebé donde pueden ser ingresadas en los meses que siguen al parto madres que tengan un trastorno psiquiátrico importante con sus bebés, de forma que la madre reciba tratamiento a la vez que se le ayuda a mantener y mejorar la relación con su hijo o hija. Unidades que ya existen en otros países europeos como Francia o Reino Unido y que también mejoran enormemente el pronóstico de las psicosis puerperales, que sin tratamiento en ocasiones también terminan con el dramático resultado del fallecimiento del bebé a manos de una madre enajenada.

Prevenir todas esas muertes tiene que ser una prioridad de salud pública.

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